mar
02

Viva Chávez

Un amigo venezolano se frotaba las manos y sonreía lobunamente al comentar la penúltima operación de Hugo Chávez en La Habana. “A ver si ese carrizo se va pal carajo de una vez”. Le pregunté si, sinceramente, deseaba la muerte del presidente venezolano. Pareció muy asombrado y aludió a alguna sentencia lapidaria, “quien a hierro mata a hierro debe morir”, o algo por el estilo. “La única manera de que Chávez no siga destrozando Venezuela es muriéndose”, agregó. Yo le dije que opinaba aproximadamente lo contrario: si algo garantizaba el derrumbe definitivo de la República en el caos y, quizás, en la guerra civil, era el fallecimiento de Chávez a causa del cáncer que le fue detectado el pasado año.

Soy de los que piensan que la denominada revolución bolivariana es, sustancialmente, un fraude que presenta todas las patologías endémicas del populismo latinoamericano: el caudillismo exasperado, el mesianismo estrambótico y vocinglero, la permisividad ante la corrupción de los buenos patriotas y la incondicional persecución de los traidores, la intolerancia, los pujos de uniformización ideológica, la cooptación de las instituciones públicas, el desprecio hacia el pensamiento crítico e independiente, el clientelismo a gran escala como política de un Estado monstruosamente agigantado. Si el PIB de la República de Venezuela se estanca pero la población mayoritaria no se sigue hundiendo en la miseria es, simplemente, porque se compra absolutamente todo (desde la harina de las arepas hasta la maquinaria industrial) a punta de petrodólares y con los Estados Unidos como principal mercado y, al mismo tiempo, principal cliente petrolero. Hugo Chávez no solo ha sustituido una fachada democrática por una fachada revolucionaria bajo la obsesión de un omnímodo control: está conduciendo al país a un desastre económico y social que pagarán las futuras generaciones de venezolanos. Ha fundado y fortalecido un régimen autoritario, desde luego, que se expande cada día con vocación de dictadura sempiterna, pero Chávez no es un asesino. No le gusta el sabor de la sangre. Aun más: Chávez es la clave de bóveda de un abigarrado conjunto de grupos, mesnadas y camarillas militares y políticas cuya articulación y continuidad dependen del formidable carisma y de la astucia política del exteniente coronel de paracaidistas. Chávez no ha fusilado ni ahorcado a sus opositores: la ha bastado con hacerles la vida imposible. Su muerte abriría un proceso implosivo en la amplia coalición que lo apoya y muchos de sus generales, ministros, gobernadores y alcaldes no dudarían en emplear la balasera, la tortura y el exilio para afianzarse en el poder y rendir cualquier resistencia.

Chávez debe vivir para ser derrotado en las próximas elecciones presidenciales. La estampa ideal es un Chávez anciano, digno oficial jubilado que cultive rosas por las mañanas y se dedique a la pesca por la tarde y que sea invitado de vez en cuando a Radiorrochela.

nov
22

Refundación

Don Mariano  Rajoy ha mandatado a Soraya Sáenz de Santamaría a dirigir desde el Partido Popular el traspaso de poderes y ha desaparecido después de la reunión de la dirección nacional. La bolsa recibió su rotunda victoria con una pronunciada caída del IBEX y el diferencial del bono español con el alemán despuntó de nuevo como un monstruo hambriento que sale de su siesta de diez minutos. Consulto y me dicen que el señor Rajoy no tiene prevista ninguna comparecencia pública mañana ni otras entrevistas que no sean con sus inmediatos colaboradores. Francamente uno suponía –al igual que otros ilusos – que Don Mariano se plantaría frente a la prensa y a las tiesas orejeas de Bruselas y Berlín y anunciaría casi instantáneamente su Gobierno. No me puedo creer que no lo tenga ya hecho, incluyendo ministros, secretarios de Estado y un buen puñado de directores generales. El único dato al respecto lo ha proporcionado, oh sorpresa, el señor José Manuel Soria, quien dijo ayer, lacónicamente, que no sería ministro. ¿Se lo habrá dicho el propio Rajoy en la noche del domingo o, como pudieran pensar rojos, masones, y demás ralea, Soria ha dejado circular entre titulares y comentarios la especie de que alcanzaría un ministerio para engatusar más y mejor al electorado?

Los más sabios repiten con atinada pedagogía  que estas han sido unas elecciones generales y que necesariamente sus resultados no deben tener influencia en la estabilidad política de la Comunidadautonómica. Sin duda. Pero estos no son unos tiempos ordinarios. El mayor aldabonazo político en la noche electoral lo protagonizó Ana Oramas quien, junto a un silencioso y frigorificado Paulino Rivero, aseguró que las cosas no podían seguir así y anunció eruptivamente que asumía la refundación del proyecto nacionalista canario. El destinatario principal de este mensaje era, precisamente, quien estaba sentado a su lado con la mirada perdida en la lontananza. Ana Oramas ha podido calibrar, a lo largo de una campaña durísima, el grado de resignación, laxitud y cansancio de una organización política que, sobre todo en Tenerife, se encuentra más atomizada y desactivada que nunca. Lo ha sufrido en sus propias carnes. Después de lustros instalados en el Gobierno regional desde el propio Gobierno se considera y trata al partido como una suerte de coros y danzas de valor ornamental. Quizás un partido exangüe  resulta más llevadero que un partido robusto, pero también la debilidad programática y organizativa, transformada en una patología inmovilista, es el camino más directo a la catástrofe, con un PP que sigue soñando con arrojar a los coalicioneros a la oposición.

nov
22

Bitácora de un naufragio

Por supuesto, el presente artículo está emborronado antes de que se abran las urnas en este domingo que amenaza lluvia y revolcones electorales y una interminable tarde de grisura melancólica hasta que se escuche el ulular de los vencedores y su alegría inmensa al llegar al gobierno de un país al borde de la quiebra, y conseguirlo con inusitada contundencia, precisamente, porque está al borde de la quiebra. Pero los acontecimientos que se sucederán a partir de mañana lunes son perfectamente predecibles.

a) El mismo lunes, o a más tardar, el martes, el ganador de las elecciones presentará su Gobierno, o al menos, al núcleo duro de su gobierno, es decir, a su vicepresidente y a los ministros del área económica. Existe una dificultad: las disposiciones constitucionales y legales establecen unos plazos insoslayables, en virtud de las cuales el nuevo jefe del Ejecutivo solo podrá jurar o prometer el cargo a partir del 18 o 19 de diciembre aproximadamente. Casi un mes de gobierno en funciones en una situación de emergencia nacional. Y con cinco – nada menos que cinco—subastas del Tesoro Nacional –letras y bonos – por valor de miles de millones de euros y que no pueden suspenderse sin empeorar aun más la credibilidad del país en el cumplimiento de sus compromisos. Se rumorea que el presidente saliente y el entrante han encargado a una comisión de expertos (administrativistas, constitucionalistas, economistas, funcionarios técnicos dela UniónEuropea) una arquitectura específica para la transición entre gobiernos más delicada y peligrosa desde hace treinta años. Sería una suerte de extraño gobierno de concentración que se prolongaría durante tres semanas; un traspaso de poderes que establecerá canales de comunicación permanentes y sistemáticos con reuniones prácticamente diarias entre próximos ministros y futuros exministros. Entretanto el inminente presidente del Gobierno se volcará en tres frentes: las instrucciones a los presidentes de sus comunidades autónomas, la definición de una plan de recortes presupuestarios y reformas particularmente atroces y los contactos conla Comisión Europeay con los gobiernos alemán y francés para formular un compromiso solemne, el compromiso de todos los compromisos

b) En la última semana de 2011, el nuevo presidente presentará en las Cortes  –y probablemente en una intervención televisiva a todo el país – el plan de recortes y reformas, que en buena parte será la base del proyecto de la ley de presupuestos generales del Estado para 2012, aprobado con seguridad en un mes y medio más tarde. La situación es dramática, es peor de lo que se imaginaba, estamos al borde del abismo y etcétera. El recorte oscilará entre los 20.000 y 30.000 millones de euros aproximadamente: es el compromiso solemne del presidente y del nuevo Gobierno antes las autoridades europeas y, desde luego, ante el Gobierno alemán. España transigirá en meterse en el quirófano del doctor Frankestein a cambio únicamente de que el Banco Central Europeo siga comprando bonos españoles en el mercado secundario para evitar el riesgo de default y de que el Banco de Desarrollo Europeo abra una línea de crédito a medio plazo: lo fundamental es abandonar, a base de una disciplina presupuestaria y fiscal espartana, y asumiendo el impacto de la paralización de la economía y el mantenimiento o aumento de la tasa de desempleo, el pelotón de los desahuciados del Sur de Europa: Grecia, Portugal, Italia incluso. Dos años de penurias con un Estado de Bienestar reducido, si es menester, a un trasunto de caridad dickensiana – lo que por otra parte ofrece excelentes oportunidades de negocio a empresas privadas en el ámbito de la educación, la sanidad o los servicios asistenciales– y una lenta pero significativa recuperación del PIB y del empleo en los dos años siguientes gracias a los incentivos fiscales a la contratación, el contrato único y la destrucción de  los convenios colectivos. Un empleo de peor calidad, más inestable y más barato, pero después de un largo lustro de sufrimiento se le puede antojar una bienaventurado maná a cientos de miles de ciudadanos. En sus inicios, en su televisado discurso sobre la sangre, el sudor y las lágrimas que nos esperan, el presidente reclamará el apoyo de todas las fuerzas políticas, eso sí. Pero como es probable que disponga de cerca de 200 diputados tampoco se sentirá muy apurado si el principal partido de la oposición o los nacionalistas no le prestan su respaldo político o parlamentario.  

 3) En una de sus famosas frases elegantemente destructivas, Óscar Wilde afirmó de un escritor antipático que solo tenía dos problemas: que no tenía nada que decir y que no sabía cómo decirlo. La estrategia del nuevo presidente sobre la que aquí se fantasea solo implica dos problemas: España y Europa. El primero resulta de muy sencilla exposición: se trata saber si el país aguanta sin que su cohesión social y territorial se vaya al infierno. Convertirse en la hija predilecta de la madrastra Merkel, en la oveja negra que se blanquea y que vuelve al rebaño, supone una apuesta muy arriesgada. Al cumplimiento del compromiso sobre el déficit fiscal (un 4,2% del PIB a finales del 2012) se suma la devolución de los intereses de la deuda y la muy probable y estrepitosa morterada que habrá que inyectar en el sistema bancario español (y particularmente en las cajas de ahorro) para cumplir la nueva normativa europea sobre el capital de calidad. La creación de un banco público malo, que absorbiera todos los activos envenenados o inservibles, también costaría unos cuartos, aunque se trate de una opción mucho menos atractiva que hace dos años. Y mientras tanto, y durante largo tiempo, el desempleo se mantendría estancado en un 20% de la población activa y las pymes, los autónomos y los emprendedores seguirían sin  ver un maldito euro de crédito. La segunda dificultad es Europa: la estrategia del nuevo gobierno presupone una mínima estabilidad política, financiera y económica – por ejemplo, que no quiebren Portugal o,  más terriblemente, Italia; que Francia no sufra un infarto financiero al serle retiradala AAApor las agencias de calificación, en fin – que está lejos de ser fiable. Porque, como escribió muy recientemente Xavier Sala-i-Martín, todo el mundo da por hecho, y esa es tal vez el mayor apriorismo de la estrategia del gobierno que saldrá de las urnas dominicales, que Alemania es la garantía irrompible de todas las deudas de Europa. Y la situación económica y fiscal de Alemania bien puede empeorar. Lo indican varios factores: una deuda que alcanza ya el 80% de su PIB, una evidente desaceleración de su actividad económica, un incremento notable, en la próxima década, de sus gastos sociales, especialmente en lo que se refiere a pensiones, un compromiso de decenas de miles de millones de euros de aportación al fondo de estabilidad económica y la certidumbre del empeoramiento de países como Francia, Bélgica y Holanda, que muy probablemente, en los próximos tres años, deberán  priorizar salvajemente sus propios problemas de financiación y poco o nada podrán aportar a las necesidades de los estados de la zona euro en peores condiciones. La apuesta del nuevo gobierno español será muy parecida al todo o nada, salvo que el todo será la casi nada de la supervivencia y la nada amenaza con devastar, de la mano de la ortodoxia fiscal más puritana, toda una cultura democrática: los restos de la autonomía de lo político flotando en este gigantesco, cruel y desquiciado naufragio. Este infernal proceso será calificado pomposamente como una vía para la modernización de las estructuras  financieras, fiscales y laborales de España. Porque esta gente entiende y propaga, jura y perjura, que el mejor momento para aprender a nadar es, precisamente, un naufragio.  

 

 

 

 

 

nov
22

Citas

“Pero con toda mi experiencia, nunca me encontré con un accidente (…) de ningún tipo que sea digno de mención. En todos mis años en el mar sólo he visto un barco en situación difícil. Nunca vi ningún naufragio, nunca he naufragado ni jamás me he encontrado en una situación que amenazara con acabar en algún tipo de desastre”. (Edward .J. Smith, 1907, capitán del Titanic).

“La esencia de la EdadModerna es la conquista el mundo como imagen. La palabra imagen significa ahora: la figura del producir representante”. (Martin Heidegger, Caminos del bosque, 1950)”.

“El horroroso espesamiento de la imaginación debido a la ornamentación de orinales espirituales ha conducido aquí a un estercolamiento completo. El periódico es competencia desleal que atraca al vecino y aplica la violencia contra la clientela. Cuando el antiguo tipo de periodismo iba a la guerra, mentía, No obstante, se conformaba con comunicar hechos falsos, El nuevo periodismo es incapaz de contentarse con ello y, sin moverse, cobra como siempre y roba como nunca estados de ánimo”.  (Karl Krauss, La Antorcha, 1914).

“Si el único afán de los inocentes/es equipararse a los culpables,/ este mundo tiene los días contados” (Antonio Orihuela, Parabólicas en las chozas, 2010).

“Si la izquierda sigue adoptando, una tras otra, las objeciones que los reaccionarios le hemos hecho al mundo moderno, tendremos que volvernos izquierdistas” (Nicolás Gómez Dávila, Escolios a un texto explícito, 1977)

“–¡Corran! Si los encuentran, están perdidos.

–¿Cómo vamos a estar perdidos, si nos encuentran?”

(Groucho Marx, Sopa de ganso, 1933).

“La televisión nacionalista catalana gastó dos mil millones de euros entre 2007 y 2009, que es el equivalente de lo ahora recortado en la sanidad y la educación públicas. Viene a salir más o menos a un quirófano por presentador”. (Félix de Azúa, Diarios, 2011).

“Existen, os lo aseguro, almas sensibles y puras; existe esa pasión tierna, imperiosa e irresistible, tormento y delicia de los corazones magnánimos, ese horror profundo por la tiranía, ese celo que se compadece de los oprimidos, ese amor (…) sin el que una gran revolución no es más que un crimen estruendoso que destruye otro crimen.” (Maximilien Robespierre, último discurso, 8 de termidor de 1794, veinticuatro horas antes de su ejecución en la guillotina).

nov
22

El jarrón en la cucaña

La huelga convocada en la sanidad pública ha sido un huelguita. Ni siquiera un aperitivo de lo que nos espera en los próximos meses. Ningún sector dejará de salir a la calle para desgañitarse. Circula por ahí una interpretación sobre la voluntad cumplida del Gobierno autónomo de presentar un proyecto de presupuestos generales para 2012 en lugar de limitarse a prorrogarlos hasta que el PP de Mariano Rajoy elabore y apruebe los suyos. El Ejecutivo presidido por Paulino Rivero, y sostenido por CC y PSOE, presenta un proyecto presupuestario para evidenciar que los recortes que, hablando con rigor, pondrán nuestra supervivencia en la picota serán responsabilidad del Partido Popular y su majestuosa mayoría absoluta. Canarias, efectivamente, presenta unas singularidades muy preocupantes, que confluyen en una fragilidad central. Canarias, si merman sustancialmente los recursos de las transferencias del Estado, entrará en una espiral de colapso económico, porque se ha construido una sociedad en el que la modernización de sectores estratégicos y la articulación de un Estado de Bienestar Social, en los últimos veinticinco años, está enchufada a los fondos del Estado y dela UniónEuropea.Porque se ha hablado hasta la nausea del impulso económico y la generación de plusvalías y puestos de trabajo que representaron la construcción y el turismo y, en cambio, se ha hablado muy poco de la relevancia estructural que en Canarias ha supuesto (y sigue suponiendo) la inversión y el gasto públicos. Sin llegar al extremo de definir Canarias como un país subsidiado, sin renunciar a la crítica y a la corrección del derroche, el aquelarre burocrático y la hipertrofia de las administraciones públicas, está muy claro que, desprovista del sostén de los recursos públicos (bonificaciones, subvenciones, programas) no solo los servicios sociales y asistenciales, sino la agricultura, la industria, los transportes quedarían infartados. Somos como un precioso jarrón chino colocado en lo alto de una cucaña en medio del Atlántico. Las crisis económicas internacionales no se nos han dado históricamente demasiado bien. Somos más ricos y a la vez más quebradizos que hace cincuenta, sesenta, setenta años: un síntoma de fracaso insoslayable. Recortar 35.000 millones de euros – ese es el precio que supone cumplir con un déficit fiscal de un 4,2% a finales de 2012 – va a significar una tormenta espeluznante porque coincidirá con una tasa de desempleo que seguirá incrementándose. Es una abominable falsedad que esta carnicería presupuestaria no impacte brutalmente en la calidad de la vida cotidiana de las personas, en los cimientos del Estado de Bienestar, en la depresión del consumo, en la paralización mortuoria de la actividad económica.  Y en Canarias abre un panorama muy parecido a la condena de un retroceso económico que someterá a estas islas a tensiones sociales y políticas impredecibles.      

 

nov
22

Patitas mengüantes

Es fama que las mentiras tienen las patitas muy cortas. Quizás sea un error de apreciación convertido en apotegma. Hay mentiras tan interminables como las piernas de Cyd Charisse y tan robustas como las de Rafa Nadal.  La mentira, sin embargo, disfruta de un especial estatus epistemológico en la actividad política. La mentira, en la actividad política de los regímenes democráticos, es una suerte de ficción hasta cierto punto consensuada entre el político y el ciudadano. El político suele saber que el ciudadano suele saber que lo está embaucando – con una mentira diminuta y ocasional o con una auténtica y envolvente falsedad – pero sigue practicando el embuste porque, en realidad, no tiene otro remedio: es imposible corresponder de otra forma a la visión romántica de la política que alimenta el difuso democratismo ambiental. Porque se supone que el político debe ser simultáneamente capaz, eficiente, inteligente, tolerante, agradable, honesto, diligente y desinteresado. Observen a su alrededor y analicen, entre sus amigos y compañeros de trabajo, cuantos individuos cumplen con tales requisitos, y quizás se comprenda entonces la inevitabilidad de la mentira en el ámbito de la política y la gestión pública.

No obstante, existen momentos críticos en los que la mentira, como instrumento de acción política tolerable, se reduce a un gesto macilento, inútil y potencialmente autodestructivo. Es lo que ocurre ahora en medio de una crisis política, económica y social formidable. La mentira queda desactivada como dispositivo de mediación entre el político y la realidad. La mentira ya no te protege de la realidad, sino que actúa como un imán por el que la realidad acude a ti ensanguinada y te arrolla  sin contemplaciones. Cada día que pasa los gobernantes europeos, españoles y canarios comprueban que las patitas de sus mentiras son más y más cortas. En la actualidad cualquier gobernante europeo se sienta sobre un euro y le cuelgan los pies. Quizás ocurra lo de siempre, que no conocemos la verdad, pero está claro que la mentira ya no vale nada tampoco. Rajoy insiste en que no retirará un céntimo a los servicios públicos y asistenciales y se quedará sin pies para caminar en menos de un trimestre: para entonces reptará sobre su mayoría absoluta. Paulino Rivero proclama que las farmacias canarias están  cobrando puntualmente del Gobierno regional cuando se les adeuda casi tres meses y tal vez suponga que con ese titular podrá evitar la contaminación de la sucia y repelente realidad un par de semanas, tres días, una tardecita, diez minutos. Se equivoca. Ya ha terminado la cuenta atrás. Isabel I de Inglaterra, en su lecho de muerte, ofreció la mitad de su reino por un instante más de vida. Ya no les queda ese recurso. Todos los reinos están embargados. La mentira también.           

 

nov
22

Bote, bote, bote

A medida que se aproxima la jornada electoral, y con todos los sondeos abonando la más extraordinaria de sus expectativas, los dirigentes y candidatos del Partido Popular comienzan a sufrir el mal de san vito del ganador borracho con su triunfo, acompañado de una incontinencia verbal irreprimible. Como si después de meses (o mejor: de años) en perpetuo silencio a la hora de concretar propuestas y ofrecer medidas, se dieran cuenta, en los minutos finales de la carrera, que pueden proferir cualquier promesa disparatada sin riesgo de perder ya un solo voto. Es un fenómeno que se ha acelerado en los últimos días. Sobre todo después del debate televisivo entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba. Recordarán ustedes que el profeta del Sentido Común aseguró que garantizaba los servicios públicos sanitarios y educativos y que actualizaría las pensiones. Han pasado los días y las encuestas y los señores y señoras del PP ya prometen no solo que no cambiará nada, sino que está todo garantizado, a mandar, oiga. A estas alturas, a tres días de los comicios, y según le escucho a un candidato conservador en la radio, el PP garantiza la sanidad pública, el sistema escolar público, el poder adquisitivo de los funcionarios, la actualización de las pensiones, las dotaciones presupuestarias para cumplir la ley de Dependencia y el subsidio de desempleo. Y por supuesto bajarán los impuestos, y sírvase lo que quiera que el camarero está ahí de adorno.

No es una información de Público, sino de ABC: el Estado español paga cada día casi cien millones de euros en concepto de pago de los intereses y amortización de una deuda pública acumulada que supera el medio billón de euros. Cien millones diarios. Más de veinte millones de euros diarios corresponden a las comunidades autonómicas, entre las cuales la peor situada es Cataluña que, como se ha hartado de decir el señor Durán i Lleida, debe abonar diariamente más de cuatro millones de euros. Canarias se sitúa en la zona medio baja de la tabla – pues resulta falso que sea la comunidad menos estrangulada – con una deuda acumulada de 3.422 millones de euros: los isleños debemos abonar 146 millones de euros anuales, es decir, unos 400.000 euros cada veinticuatro horas. Ayer mismo, para cubrir la emisión de letras prevista, el Tesoro debió incrementar los intereses un 40% sobre los de la  anterior subasta. A finales del inminente 2012, según los analistas menos apocalípticos, el Estado español se encontrará pagando ciento veinticinco millones de euros cada día. Pero Mariano Rajoy ya da botes por los mítines al tiempo que esboza su encantadora sonrisa de gárgola descangallada. Imagino que estos desfachatados embaucadores, tan felices de volver a despachos y palacetes, deberían inspirarme miedo, pero solo me provocan desprecio.

nov
15

Totoyazo

Venga, a sacar todos las facturas y los extractos de las cuentas corrientes. El último que lo haga se llevará un totoyazo por lamebotas del régimen. Totoyo Millares le ha sacado el cuero a Benito Cabrera, el timplista de cámara del nacionalinsularismo, y como dice un amigo, su artículo está muy bien hasta el tercer párrafo, donde su alma vibra como las cuerdas del timple para recordar y qué hay de lo mío. Bueno, entre lo suyo está algún disco generosamente subvencionado, qué le vamos a hacer. A mí no me parece mal que Millares recuerde las magníficas relaciones que Cabrera ha sabido tejer con las administraciones públicas canarias, y en particular con el Gobierno autónomo, que no desdicen para nada su talento como buen instrumentista y compositor ingenioso, desde sus ya lejanos tiempos enla Asociación Folkórica Universitaria. Lo que no entiendo es la imperiosa necesidad del maestro Millares de espetarlo ahora mismo entre temblores de indignación. Afirma el músico grancanario que está en desacuerdo con los aniquilantes recortes presupuestarios dela Viceconsejería de Cultura y Deportes, pero para mostrar su serena disconformidad solo utiliza dos lacónicas líneas.

Uno de los efectos del pernicioso modelo de gestión impuesto por la Viceconsejeríade Cultura y Deportes apunta, precisamente, a su maligna capacidad para seguir dividiendo a la comunidad de empresarios y creadores incluso más allá de su desaparición. Y así es imposible articular una propuesta alternativa, demandar diálogo, reclamar solidaridades, compartir un diagnóstico riguroso, realista y coherente. Los mayores beneficiarios de las subvenciones y patrocinios públicos despiertan desconfianzas entre los más modestos. Los empresarios y emprendedores más jóvenes exasperan con sus tarascadas, ingenuidades o resignaciones los que cuentan con mayor experiencia. Y la sociedad civil observa con desconfianza, cuando no con una sonrisa resentida, todo este proceso agónico –y lo que vendrá – en la errónea convicción de que lo único que se acaba es la sopaboba conventual de docena y media de haraganes incrustados en los presupuestos públicos. Este es también el resultado de un método de gestión que tenía entre sus principios arrogarse la titularidad de la legitimación cultural y mimetizar una praxis cuyas pautas discursivas y económicas estaban más inspiradas en Francia o Cataluña que en la realidad canaria y sus miserias empresariales, intelectuales y simbólicas. Y mientras crece la algarabía, se arrojan contratos a la cara y se acuchillan gallardamente los afectados el Gobierno, complacido, guarda silencio.

nov
13

La evaporación del futuro

Uno de los productos cuyo consumo está garantizado en los próximos años es el miedo. El Estado consumirá muchísimo miedo en el futuro inmediato y lo mismo harán los ciudadanos: miedo a la pobreza, miedo a incumplir compromisos, miedo a perder el trabajo, miedo a ser incapaz de diseñar un análisis comprensible de lo que está ocurriendo, miedo a no poder pagar la hipoteca, miedo porque se agota tu subsidio de desempleo, miedo a que la deuda pública llegue a ser inmanejable por las presiones de los mercados.  Nos llevará mucho tiempo volver a domesticar aceptablemente la incertidumbre, si es que ocurre. En la presente campaña electoral se ha agregado un nuevo – pero fundamental – matiz a la estafa política e intelectual habitual en estas liturgias democráticas: los principales partidos, sus respectivas cúpulas directivas, sus mismos candidatos, no saben ni pueden saber lo que ocurrirá ya no el próximo año, sino el próximo mes. ¿La economía italiana saltará por los aires? ¿Los Gobiernos alemán y francés desarbolarán la UniónEuropeapara crear su zona euro? No es ya disparatado, en este vertiginoso momento, plantearse si los próximos presupuestos generales del Estado, los que con toda seguridad presentará Mariano Rajoy a las Cortes en el próximo febrero o marzo, estarán redactados en pesetas o en euros. Más que nunca los programas electorales están escritos en el aire mefítico del fondo de un pozo a oscuras. Más que nunca las propuestas desprenden el tufo rancio de la nadería, porque todo se puede ir al diablo en cuestión de días o semanas o meses.

Todavía viviremos –salvo sorpresa mayúscula, en absoluto descartable – unas semanas de prórroga. Con suerte las navidades constituirán el paréntesis habitual de narcolepsia lúdica y festiva. Pero a partir de enero todo cambiará.La UniónEuropeaha establecido ya que España no cumplirá el déficit comprometido del 6% y con la boca chiquita el PP ha condicionado sus prometidas rebajas fiscales a que el mismo no se haya superado a finales de diciembre. Las perspectivas de crecimiento y paro en España anunciadas desde Bruselas son bastante espeluznantes: la primera registrará un encefalograma plano, si es que no se entra en una nueva recesión, y las segundas indican que continuará el aumento del desempleo: varias decenas de miles de parados más se sumarán a lo largo del próximo 2012. Cabe recordar que el objetivo de reducción del déficit público para 2012 es del 4,4%. Si finalmente –como auguran los oscuros profetas dela Unión– el déficit a finales de 2011 se queda en un 7% aproximadamente, en 2012, se quiera o no, se reconozca o se ignore, el nuevo Gobierno deberá llevar a cabo un recorte en las cuentas públicas superior a los 30.000 millones de euros, casi tres veces superior al que, en el año 2010, aplicó José Luis Rodríguez Zapatero. 30.000 millones de euros. No es una cifra modesta, no. Si quiere puede usted, desocupado lector – un 28% de los potenciales lectores de este artículo se encuentra, precisamente, desocupados – sumarle los 180.000 millones que el Estado deberá pagar a los tenedores de bonos y obligaciones. Y los 60.000 millones que, muy probablemente, haya que destinar para el saneamiento, supuestamente definitivo, de las entidades financieras, bancos y cajas de ahorro, por las nuevas normas sobre la composición de sus depósitos, su exposición al ladrillo o su desastrosa gestión en el caso de las segundas.

Que a estas alturas, y con todas las señalas rojas de emergencia encendidas, se continué cínicamente sosteniendo, por socialdemócratas y conservadores, que se mantendrá el malherido Estado de Bienestar, que no sufrirán aun más los sistemas públicos de educación y sanidad hasta un punto de implosión operativa, que los servicios sociales y asistenciales se conservarán milagrosamente, es una bofetada a los ciudadanos. Una burla grotesca y humillante. Una mentira ponzoñosa digna de auténticos rufianes y no de responsables políticos en una democracia más o menos civilizada. La política parece a punto de desaparecer, volatilizada su autonomía frente a los poderes financieros globalizados, pero la élite política pretende seguir autorreproduciéndose como si no ocurriera nada. El establishment político cada vez gobierna menos – y no se trata de añorar románticamente soberanías nacionales, sino de asumir que las cesiones de soberanía a estructuras vagamente federales son todavía más vagamente democráticas —  pero su obsesión por ocupar ese Gobierno minusválido continúa, como es obvio, intacta. Suponen – y a un servidor le pasma semejante suposición – que el sistema político e institucional no puede sufrir una crisis de legitimación tan extensa y grave que acabe socavándolo irremediablemente. Es su penúltima certidumbre. Sinceramente, a medio plazo, no estaría tan seguro. Las consecuencias económicas de la crisis sistémica – producto de la convergencia global entre una revolución tecnoindustrial inusitadamente poderosa y un reformismo retrógrado que ha eliminado las limitaciones y obligaciones del capital financiero – están entrelazadas a sus consecuencias políticas, y la consecuencia política más trascendental consiste, precisamente, en la erosión de la democracia, en la desintegración de la autonomía de la acción política, en el descalabro de la autonomía de los individuos, en  la evaporación del concepto de ciudadanía.

¿Y Canarias? Canarias – esta es otra realidad elemental cuidadosamente censurada – lo va a pasar mal. Especialmente mal. Y lo pasará mal porque, sencillamente, dispone de un sistema económico extremadamente dependiente del gasto público – de una amplísima panoplia de subvenciones y ayudas que abarcan desde la agricultura a los transportes – y de la inversión pública. Quizás, como gusta en repetir premonitoriamente el presidente del Gobierno autonómico, Paulino Rivero, Canarias se convierta en un problema de Estado pero, en ese caso, no será el mayor problema que deba soportar el Estado español.

¿Y las izquierdas? Muchos se preocupan – y no niego que sea preocupante – por su situación en el presente. Pero lo más dramático, respecto a la izquierda, es precisamente el futuro. Para las izquierdas, que durante doscientos años lucharon (y en muchos sitios y coyunturas consiguieron) un mundo más habitable, más digno y más justo, el presente solía ser de otros. El presente era de la injusticia, de las causas perdidas, de los objetivos no plenamente conseguidos, de las derrotas atroces, de los trileros y los explotadores, pero el futuro era suyo: el futuro era el espacio de un proyecto político democrático, participativo, distributivo y benemérito. Pero en el universo cognitivo de las izquierdas el futuro se ha diluido como categoría significativa. Antes era un dato conocido, y hoy es el vacío más vertiginoso, y por eso los que hasta anteayer anhelaban la disolución del Estado ahora lo defienden (llamándolo lo público) fervorosamente, y los que tachaban al Estado de Bienestar como una engañifa socialdemócrata para abandonar la revolución, son sus más ardorosos apologetas. Las izquierdas miran hacia el pasado inmediato en una actitud paradójicamente conservadora y solo oponen, desvaídamente, una ética de la resistencia   frente a la antaño heroica (y a menudo catastrófica) ética de la emancipación. Los más estúpidos siguen confiando en el derrumbe total y definitivo para construir entre las ruinas la enésima utopía. A estas alturas no es raro que la escriban con hache.

nov
13

Cáscaras

Si lo he entendido bien, Mariano Rajoy sostiene que la canariedad consiste en que tus hijos coman plátanos diariamente. A mí esta observación, formulada por el apóstol del sentido común con su habitual mesura dadaísta y ceceante, me ha desasosegado mucho. Nunca he sabido lo que es la canariedad, y vistos y leídos los teóricos de la cosa, se me antoja que la canariedad es como la caspa: nadie se da cuenta de que la tiene encima hasta que alguien se lo señala y, a partir de ese momento, quedan inaugurados los cimientos (y picores) de una identidad. Cabe suponer que como no seas casposo estás condenado a no destacar como un auténtico patriota. En todo caso hay que reconocer la profunda coherencia neoliberal de Mariano Rajoy al establecer una relación inequívoca entre el convencimiento ideológico y la ingestión de proteínas y vitaminas. “Que nadie me dé lecciones de canariedad”, viene a decir el líder del PP, “porque mis hijos meriendan plátanos todos los días”. ¿Será un criterio universal en sus visitas electorales? “Que nadie me dé lecciones de catalanismo, porque en mi casa tomamos butifarra para cenar todos los jueves” o tal vez “que nadie me dé lecciones de andalucismo, porque a mi señora le vuelve loca el pescaíto frito y se lo come to”.

Mariano Rajoy no ha deslizado el más modesto compromiso en su visita a Canarias. Ni uno solo. Fue tan cruel que ni siquiera aclaró si José Manuel Soria podría ser ministro o no, un asunto que tiene en vilo a cientos de miles de isleños. El apóstol le dijo a su discípulo que vaya a votar, vayan todos a votar al PP, hijos míos, que ya se hablaría de ministerios y Dios proveerá. Sobre el resto de la agenda política canaria Rajoy, fiel a su inigualable estilo de mudo vocacional, no musitó una palabra. Ni sobre el 30% de desempleados, ni sobre la crisis agónica de los servicios públicos, ni sobre las ayudas al transporte, ni sobre la reforma del Régimen Económico y Fiscal, ni sobre la negativa de Benito Cabrera a que se siga utilizando su villancico en las fiestas navideñas. Rajoy se limitó a pasear bucólicamente acorbatado por una hermosa platanera, en compañía de Soria, Cristina Tavío y un personaje que, a cierta distancia, podría confundirse con Don Pimpón, pero que era en realidad el eurodiputado Gustavo Mato. No dudo que Rajoy se coma los plátanos con fruición, pero por su actitud abstraída y sus silencios extáticos podría haber estado paseando perfectamente por los Monegros. Cuando tomó el avión de regreso sus palmeros, arrobados, corearon unánimemente las acrisoladas virtudes de su líder. A Rajoy lo que le queda de Canarias, en su proyecto político y en su casa, son las cáscaras.

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