EL WIKIPERIODISMO DEL FUTURO

Si el tal Julian Assange, el reverso del mito orwelliano del Gran Hermano, triunfa con su web y derriba finalmente a la secretaria de Estado estadounidense y pone contra las cuerdas (o se lleva también por delante) al mismísimo Obama, y acaba con la CIA, con la diplomacia yanqui, con el sursuncorda profundo del poder norteamericano, y monta un pollo global con los arsenaldes nucleares en manos de líderes zaheridos públicamente o quién sabe de qué `pifostio´ sea capaz, esta profesión de antiguo conocida como periodismo (la de cogérselo todo con papel de fumar, cuando no estaba prohibido) se habrá ido al garete.

Devoro los ‘papeles secretos’ de Wikileaks como usted, y, ahíto del empacho, convengamos que divierte y excita navegar por las cloacas del poder en estado puro, en su estado más sórdido e infame, pillar al espía in fraganti, con las manos en la masa. Es un gustazo. Todas las revelaciones (si lo son) publicadas hasta ahora tienen morbo, y las que atañen a España, sin desperdicio, hablan del sumidero de las chapuzas para tapar el ‘caso Couso’ (dudo de la versión de López Aguilar y Julio Pérez plegándose al embajador americano para coadyuvar en el archivo de la causa) y los tejemanejes para encubrir los  vuelos de la CIA o mercadear con los presos de Guantánamo.

De acuerdo que son unas filtraciones apetitosas, cuyo consumo no discrimina entre lectores avezados de prensa sesuda y usuarios doctos en telebasura a la carta. Pero el caso Watergate era otra cosa. Sin nostalgias del oficio prehistórico de papel y lápiz, antes del iPod, digamos que el periodismo de investigación de toda la vida se forjaba con el método meticuloso de consultar las fuentes, contrastar la información, reconstruir los hechos y acabar averiguando la verdad antes de publicarla. El hackerperiodismo (o usemos el término ‘cracker’, que prefieren los gurús del ‘software libre’) es un corta y pega compulsivo que amasa centenares de miles de documentos confidencialdes, obtenidos por procedimientos inconfesables y difundidos en la barra libre de los portales de Internet y, ahora por último, en diarios convencionales de solvencia, ante la necesidad de sublimar su fe de rigor y sortear, a su vez, problemas de distribución en la red.

No me cabe la menor duda -digo con dolor- de que este periodismo ciudadano o fulano valeroso, vengador y justiciero se va a imponer. Es más directo, hiriente y fácil. Las viejas reglas de la veracidad quedan refutadas por este envión de Wikileaks. O mucho me equivoco. Hacía tiempo que en la redacciones ganaba terreno la pereza de ponerse a investigar. Los nuevos cachorros del ciberperiodismo han hallado la fórmula, y su héroe, este rubio australiano perseguido por violación, seguramente sin fundamento con tal de cortarle las alas sus poderosos adversarios, les ha enseñado el camino (por otra parte, me alegra ver a los piratas icautos del pinchazo telefónico y el ocaso de la vida privada probando sju propia medicina, qué quieren que les diga, una cosa no quita la otra).

En lo sucesivo, las fuentes se reducen a una: el que filtra, el soplón (lo de ‘garganta profunda’ no se puede chotear, o perdería todo su glamour). Los medios (de obtener información, de asaltarla ionformáticamente por las bravas) justifican el fin. Al fin. Hemos tocado fondo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario