TOM HANKS EN ‘LA TERMINAL’

Los ocho aeropuertos de Canarias abren la boca y el turismo nos da de comer. No tenemos más alternativa ya metidos en la otra boca de lobo de la crisis, y no nos va mal. El número de visitantes crece, y aunque en el pasado abogábamos por la calidad antes que por la cantidad, conscientes del número excesivo de camas dde nuestra planta alojativa, hemos terminado por sucumbir al vellocino de oro de la masa, que pernocta y deja una lluvia fina de dinero, a todas luces provindencial.

Tiempo habrá de renovar hoteles y apartamentos obsoletos (si algún día la quimera se vuelve verdad) y, entre tanto, que se llenen  cuanto más mejor. Son tiempos de vacas flacas, la sed de ingresos aparca axiomas tomados por sabios y se impone salir del paso a trompicones, con la lección aprendida, con el turismo de memoria. El turismo está respondiendo a un desafío histórico, sobre sus hombros recae la hazaña de sacar las islas a flote en medio de esta crisis larga y antipática.

Y las noticias que se tienen de la evolución de la demanda dibujan un panorama alentador: un millón de turistas más el año que viene, de la mano de Ryanair, según el anuncio del Gobierno canario, que ata en corto este convenio con la reina del low cost para que inyecte viajeros a las islas y monte cuatro sedes.

Las cuentas de una  oleada de turistas como ésa, cifra, en números redondos, la ‘llegada’ de 1.500 millones y el gobierno calcula que creará entre 25.000 y 30.000 puestos de trabajo. Son las previsiones de un gobierno, y, por tanto, cabe concederle ciderto margen de euforia, pero por mucho o por poco que yerre en el pronóstico, todo se andará, será un’ chute’ turístico en toda regla.

¿Qné sucede? Que controladores, pilotos (para el Sepla es parte del manual de estilo) y trabajadores de Aena moscas con la privatización que hoy aprobará el Consejo de Ministros, parecen conjurarse en un pacto fáustico para hacer de nuestros aeropuertos en Navidades un infierno. Supondría un descalabro para las arcas resentidas del primer sector de laeconomía insular, y el daño de imagen del caos aeroportuario en fechas sensibles alcanzaría una gran magnitud,  como en el ayuno del tragaldabas que suplica la ración hasta vejarse, con los miles de viajeros tirados en las terminales como Tom Hanks en el aeropuierto JFK en la película de Spielberg y las islas dando el espectáculo en toda Europa de un destino trampa. La ratonera.

La entrevista Paulino Rivero-José Blanco fió al consejo de ministros de hoy, viernes, la estipulación de garantías para el archipiélago en caso de que se consusuma esa alineación de planetas en las siete islas para asestar a esta tierra un golpe bajo tan mísero. De poder evitarse, porque Aena resuelva el conflicto de los días de descanso de los pilotos y persuada de estabilidad en el trabajo a su personal amenazado con la entrada de capital privado, o desactive el paro encubierto de los controladores, Canarias se daría esta Navidad con un canto en el pecho. Pero, entre los nueve mandamientos de Zapatero figura la venta parcial del organismo y el archipiélago, que está en contra de esta medida porque se niega a que un servicio público estratégico pase a manos privadas, permanece en medio de la refriega, llevándose la peor parte. 

Querer ignorar una y otra vez que las islas son un territorio discontinuo condenadas a volar por narices es no querer enterarse de la misa la mitad.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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