LAS ‘DESCONTROLADAS’ RELACIONES CON MARRUECOS

 

Sin necesidad de ir muy lejos, este día de hoy es el más indicado para ejercer la defensa oportuna de los derechos de los ciudadanos, de la gran mayoría, o, si se prefiere, la ‘inmensa minoría’, de  Juan Ramón Jiménez, frente al chantaje de las minorías sectarias y privilegiadas de este país. Un día para establecer con la historia doméstica los debidos ajustes y expresar en voz alta las enmiendas a que hubiera lugar. El Día de la Constitución nos convoca a saldar cuentas con algunos demonios familiares.

La resaca del caos aéreo el viernes negro agranda, a medida que pasan las horas, la gravedad de los sucesos. Los expedientes disciplinarios y la acción de la justicia deberán devolver a los ciudadanos –damnificados o espectadores pasivos- el amparo legal y la salvaguarda del Estado que durante unas horas parecieron suspendidos y violentados por una acción descabellada impropia de profesionales de nada.

Digo que este día nos ayuda a recomponer muchas cosas. No sólo el pandemónium aéreo. También toca revisar el curso de los acontecimientos, desde 1975, del contencioso del Sáhara Occidental, cuya tensión, tras el desalojo intempestivo del campamento de Gdaim Izik a las afueras de El Aaiún, ha ido aumentando respecto a España, hasta el punto de que, mientras nos ahogábamos en las miasmas del infierno aéreo del puente, el Parlamento de Rabat acordaba el viernes instar a su Gobierno a reexaminar las relaciones bilaterales con España a raíz del pronunciamiento del jueves del Congreso español, que condenó (evitando citar sumisamente al reino alauí) la violencia desatada durante el desmantelamiento de las jaimas de protesta de los sahararuis.

Marruecos ha abierto un nuevo capítulo, que irá a más, y del que no somos aún conscientes porque la revuelta de los controladores la solapó durante el fin de semana. La escalada marroquí contempla, abiertamente, la reclamación de Ceuta y Melilla, las dos ciudades autónomas por cuya soberanía España ha modulado siempre su política de paños calientes hacia Rabat. Los partidos mayoritarios y los plenos de las dos cámaras marroquíes han optado por tensar la cuerda, más allá del anuncio del mismo jueves del portavoz del Gobierno, Khalid Naciri, de reevaluar las relaciones, para pasar directamente a reivindicar, y pedir al ejecutivo que lo haga formalmente, la descolonización de Ceuta y Melilla “y los presidios ocupados” (sic). Las fuerzas políticas que lo propugnan solicitan que el gobierno remita el expediente de ambas plazas a la Cuarta Comisión de la ONU que se ocupa de este tipo de procesos pendientes en el mundo. A su vez, solicitan crear comisiones de audición para las víctimas de los crímenes contra la humanidad cometidos por el Estado español en su “guerra colonial contra el pueblo marroquí en el Norte y el Sur del Reino”. El ministro marroquí de Exteriores, Fassi-Fihri, en su intervención irrespetuosa en el Parlamento Europeo, tras una condena similar a la del Congreso, eligió a los españoles como diana de su menosprecio y petulancia , porque, a su juicio, actúan condicionados por un “complejo de inferioridad” respecto a la evacuación de su Ejército del Sáhara en 1975. Marruecos no tiene límites en su altanería.

Vienen caminando días irritados entre España y Marruecos, que incluye marchas (tan de guión para Rabat, que rentabilizó hace 35 años una muy célebre sobre el Sáhara Occidental, la ‘marcha verde’, con la que se forjaron la ocupación ilegal del territorio y los acuerdos ignominiosos de Madrid), tanto contra España como, específicamente, contra el inamistoso PP. Una con este último fin convocada en Ceuta fue aplazada arteramente a última hora para no hacerla coincidir con el polvorín aeroportuario, dado que habría tenido menor repercusión mediática en España, como ha sucedido con los propios acuerdos parlamentarios de Rabat. Se las saben todas.

El régimen alauí, como describen los papeles de Wkikileaks, en medio de la chismografía indiscriminada sobre líderes y países, es generalizadamente corrupto. Cabe suponer la agenda de favores que desplegarán sus eficientes servicios diplomáticos para corregir la nefasta imagen internacional que Marruecos se ha granjeado desde el 8 de noviembre (desalojo a la fuerza del campamento) hasta hoy, bajo un apagón informativo y múltiples denuncias de torturas, crímenes y detenciones.

A Canarias no le agrada esta situación. (El nuevo embajador español en Marruecos es, por cierto, el canario Alberto Navarro, uno de los funcionarios mejor valorados a su paso por Bruselas.) Nos debe preocupar tanto la posibilidad de la reanudación de la guerra entre el Frente Polisario y Marruecos a causa del fracaso del acuerdo de paz del 91, como esta premeditada confrontación de Rabat con Madrid, cuyo desenlace es imprevisible. Marruecos es hábil en gestionar los momentos políticos más débiles de España; lo hizo Hassan II en el 75 cuando aprovechó la agonía de Franco para invadir el Sáhara, y lo vuelve a hacer ahora su hijo, Mohamed VI, presumiendo que Zapatero bastante lío tiene con repeler los ataques de los mercados de la deuda. Pretende forzar a España para que respalde oficialmente su proyecto de autonomía para el Sáhara y no dudará en ‘sumar’ voluntades en esa dirección. Lo que este nuevo escenario nos pueda deparar a los canarios, en nuestra sensible política de equidistancia en el conflicto, es toda una incógnita. Pero Canarias debe ejercer sabiamente su particular ‘diplomacia’ en este conflicto y pedir ser oída por Madrid ante los pasos que haya de darse, con el fin de no quedar a la intemperie y pagar los platos rotos.

Marruecos conoce nuestro talón de Aquiles, la inmigración, el turismo, la seguridad. Y hará algo. Si no actuamos con prevención e inteligencia. Pero si con el despropósito de los controladores se acabó mediante el uso del Ejército, este otro contencioso exige, en cambio, dosis extremas de diplomacia y disuasión. España se enfrenta a una guerra psicológica con y de Marruecos, al tiempo que se sacude al enemigo de los mercados de la deuda. Una situación inédita, que describe a un país haciendo auténticos malabarismos contra un mismo adversario, la codicia: de los mercados y de los estados.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a LAS ‘DESCONTROLADAS’ RELACIONES CON MARRUECOS

  1. jesus

    El grave problema de España son sus complejos pasados y sobre todo la pésima diplomacia existente desde hace siglos. La nueva ley de la carrera diplomática deberá ser exigiente con un estilo propio de país medio que refuerze la imagen de España en el exterior tanto de sus instituciones como de sus intereses económicos y estrategicos. Además, no hay diplomacia sin disuación militar con el reforzamiento de los servicios secretos. Este segundo “servicio diplomático” dirime muchos mensajes que se deben lanzar a países de nuestro entorno si España y después Canarias quieren contar en la escena global. Tenemos en Canarias nuestra policía Autonómica. En asuntos de información exterior en nuestro entorno podríamos jugar un papel clave que nos ahorraría desde complejos de inferioridad a ser valedores de la defensa de nuestros intereses, derechos humanos y ser los que exportemos buena gobernanza y democracia hacia los países africanos.

     

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