LA ERRATA DEL MAR DE CANARIAS

 

La noción de ‘Mar canario’, sustentada política y ensayísticamente por nacionalistas como Victoriano Ríos y socialistas como Santiago Pérez, era, no obstante, hasta ahora una cuasi utopía que chocaba con el escepticismo, cuando no la abierta oposición, del partido en el gobierno de turno, y las objeciones tecnicistas de quienes invocaban la Convención del Mar de Montego May, en Jamaica, suscrita en el 82, bajo cuya autoridad quedaría descartado el reconocimiento de las aguas de los archipiélagos que no fueran estados propios, como es el caso que nos ocupa.

Sin embargo, cuando los políticos ‘aterrizan’ y ponen los pies sobre la tierra, porque la coyuntura obliga, suelen desdecirse de dogmas que habían enarbolado empecinadamente. La delimitación de las aguas canarias, el famoso ‘Mar canario’ que parecía inviable a ojos del derecho Internacional, ahora ha sido  por ensalmo posible. El pacto de octubre entre Zapatero y Paulino Rivero (entre el Gobierno socialista y CC sobre los Presupuestos estatales de 2011) dejó todas las pegas en papel ‘mojado’ y concertó, como condición sine qua non de los nacionalistas, la declaración de este espacio marítimo, que el compositor Benito Cabrera había concebido ya como “una sobre el mismo mar”. Canarias, de este modo, si no prosperan zancadillas que perturben este acuerdo, gana en superficie territorial, que otorga al

acuerdo una evidente rentabilidad: las islas obtendrían así mayor financiación, como se encargó de resaltar el diputado de CC José Luis Perestelo.

Estas aguas interiores dejarán de dividir, para empezar a unir las islas, y el sinsentido histórico, la errata política, desaparecerá, para bien del sentido común, que había faltado hasta ahora en que Canarias, para mayor incongruencia que el pleito mismo, pasaba por ser un archipiélago sin mar, más allá de las 24 millas territoriales de rigor.

El hecho de que los barcos puedan atravesar pasillos internacionales entre nuestras islas, a causa de este atavismo político ancestral, no concita demasiado estupor. El PP sostiene que esta delimitación aprobada ahora por socialistas y nacionalistas en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso (con suficiente rango como para que no tenga necesidad de ser elevado al pleno de la cámara) no va a impedir que siga habiendo agua de nadie entre algunas islas, dado que la proposición de ley aprobada que deberá sancionar también el Senado sería incompatible con la convención del mar en vigor.

Cuesta creer que el Congreso apruebe una norma a sabiendas de que será ‘desmentida’ por el derecho Internacional, por cubrir un mero trámite formal (de mentirijillas) de un pacto insostenible. El diputado José Segura desmontó esta superchería, que parece reservada para cuando se debata el espinoso asunto de las 200 millas con Marruecos (está el horno como para bollos), con el petróleo de por medio. De momento, hombre, parece de cajón: de persistir una Canarias sin mar, obligaría a la RAE (ahora de moda por el cambio de regidor y de ortografía) a revisar la definición de archipiélago. Ahí es nada.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario