PARALIZAR EL MUNDO

 

Cuando Colón descubrió América o (con permiso de los vikingos, propietarios del scoop, según recientes investigaciones) la redescubrió, había un solo mundo, y a ese otro desconocido oficialmente hasta entonces se le denominó ‘nuevo mundo’. Ambos se intercomunicaron durante un tiempo a través de nuestras islas, que eran puentes perfectos en la ruta de Indias por donde ‘navegaban’ los ‘internautas’ hace siglos tejiendo una formidable ‘red’ de comunicaciones, toda una revolución económica y social para la época.

Ahora se repite la historia. Había un viejo mundo analógico y carnal con sus reglas reales y tangibles en el que nos sentíamos cómodos, y ha sido descubierto (no hay, de momento, batalla por la autoría entre los militares norteamericanos y Bill Gates, el ‘colón’ de esta otra ‘historia’) un ‘nuevo mundo’ digital. Aunque vivamos dejando a un lado esta certeza, todavía aferrados a la complaciente realidad convencional, sin rendirnos a la evidencia de que el nuevo amo del mundo es virtual y ’transparente`’, crece por momentos el monstruo que albergaba Internet. Era de temer.

La primera guerra de la información, un conflicto informático que puede adquirir dimensiones mundiales, se ha desatado a raíz del asedio al portal de Wikileaks y la detención esta semana en Londres de su fundador, Julian Assange, acusado de abusar sexualmente en septiembre de dos mujeres, a raíz de la publicación de los escandalosos papeles secretos de las embajadas de los EE.UU, conocido ya como ‘cablegate’. Un grupo de activistas simpatizantes de la transgresora web perseguida ha emprendido, con ayuda de centenares (probablemente, ya sean miles) de hackers voluntarios, ataques masivos en Internet a compañías de tarjetas de crédito (Mastercard y Visa); al banco suizo PostFinance que congeló las cuentas de Assange; a la empresa de pago de online PayPal, que suspendió las transferencias de donativos a la página; a Amazon, que le negó el alojamiento web tras el escándalo de los documentos; a la oficina de la fiscalía sueca que actúa contra el líder australiano; al abogado de Miss A. y Miss W, las mujeres que denuncian al ‘wikiman’…, y hasta ha amenazado con boicotear a la red social Twiter por silenciar las protestas por el asedio a Wikileaks.

La ‘operación Payback`’ (Venganza) del grupo de hackers ‘Anonymous’, cuenta con precedentes. Hace pocas semanas, bloqueó la página web de la SGAE (envuelta en una cruzada con los cibernautas por el canon digital, éstas son las nuevas causas de las guerrillas, atentados o guerras abiertas en la actualidad en la Red). Arremetidas descomunales como la que se está librando ahora mismo en defensa de la ‘víctima’ Wikileaks, al parecer empezaron a ensayarse, según relata el diario El País, en Taiwán, por parte de China, que paralizó los hospitales, la bolsa, los semáforos, todo lo que se cruzaba en el camino, diríase; también en Irán (donde su programa nuclear provoca el asesinato físico de científicos, como el otro día, o asaltos informáticos sin contemplaciones), o en Estonia. En éste último, el objetivo fueron los bancos, que, según se anuncia, protagonizarán inminentes revelaciones contenidas en los cables de las embajadas norteamericanas.

Los llamados ataques de denegación de servicios, que bloquean las páginas webs de cualquier entidad privada o pública que se indisponga con estos hackers feroces están a la orden del día, y han generado un nuevo concepto de la seguridad en el ámbito informático. Si a los controladores aéreos les da por cerrar un acuerdo fáustico con estos terroristas ‘anónimos’ regados por todo el mundo, me pregunto si hay decreto de militarización y estado de alarma capaz de obligar a tales insurrectos a deponer su actitud. Preferible no pensarlo, pero esto está sucediendo ya. Si se lo proponen, paralizan el mundo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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