“ES LA CULTURA, IMBÉCIL”

Mario Vargas Llosa adora la lectura desde niño. Aprendió a leer a los cinco años, nos recordaba en su discurso autobiográfico de la Academia sueca, en la antevíspera de recibir en mano el Nobel literario. Loas a la lectura del autor laureado con la gloria de las letras en los días que el informe PISA nos preguntaba por qué los estudiantes canarios, y en buena parte los españoles casi sin excepción, leen tan mal, sin comprender el sentido de las palabras, que son las luces del alma del escritor y que se encienden o apagan así se les entienda o ignore. Luego resulta –me decía la consejera Milagros Luis Brito el viernes en El Sauzal, en el Museo de la Lucha Canaria que se inauguraba- que la realidad no es tan simple, que hay luces y sombras, los alumnos isleños tienen buena lectura comprensiva en textos continuos (un fragmento de ‘La ciudad y los perros’, por ejemplo) y se distraen y confunden cuando se enfrentan a una lectura fragmentaria y discontinua (retazos de ‘Conversación en la Catedral’, ‘La fiesta del Chivo’ y ‘El sueño del celta’, por abundar en obras del mismo Nobel peruano-hispano).

Lo cierto es que esta actualidad de la lectura, en un clima de revisión de la ortografía, y los premios recientes de Ana María Matute (Cervantes) y el Nobel Vargas Llosa, dos lectores y escritores donde pugnan ambas facetas como en Borges (más orgulloso de los libros leídos que de los escritos), agita el gran debate de la cultura. Al menos en las islas. En medio de la crisis de la economía y de la crisis de la conciencia del papel de la cultura en la vida de las gentes y en la vitalidad económica de un país.

El Parlamento abordará este lunes, en el marco de un homenaje al admirado Juan Marichal (lector y escritor ejemplar), contenido en las jornadas que organiza y cordina el amigo Oswaldo Brito sobre ‘Ideas para el futuro’, un debate sobre la creación intelectual y la industrial cultural en Canarias, coincidiendo con la reciente conclusión del primer plan estratégico de la cultura en las islas.  Debo decir que el tema es oportuno y el título da en el clavo.

En la apertura de la temporada lírica del Teatro de la Scala de Milán, se desató la semana pasada una inesperada revuelta alentada por estudiantes, trabajadores y artistas contra los recortes presupuestarios asestados a la cultura y la universidad. El día que en Europa, en sus grandes y pequeñas capitales continentales e insulares, asistamos a un ‘mayo del 68’ por la cultura estaremos empezando a cambiar la historia.

En Canarias (no así en todas partes, Cataluña, por ejemplo, y tantos casos similares) aceptamos de brazos cruzados, cuando no nos tiramos piedras sobre nosotros mismos gentes de la cultura, que ayuntamientos, cabildos y gobierno cercenen brutalmente los presupuestos dedicados a este área, bajo el síndrome maniático de la austeridad mal entendida (cortar por lo sano cuantos gastos superfluos hubiera perpetuados fruto de una mala ‘cultura’ del despilfarro, está fuera de toda discusión, pero ir a degüello del capítulo de inversión pública es algo que, para empezar no goza de unanimidad, Bruselas dice una cosa y E.E.U.U. la contraria).

El problema reside en una clase política anclada en el concepto trasnochado de cultura baladí, de gueto para diletantes perfectamente prescindible por ser un elitista ‘capricho de cuatro’. Se olvidan los ‘sénecas’ de la cultura partidaria (partidaria de triturar la cultura) que ha aflorado desde hace años toda una industria cultural, que crea empleo y empresas, de la que depende un porcentaje del PIB que ya igualó al del sector primario y, si no lo impiden los tijeretazos presupuestarios de la iracundia ‘neocon’, pronto lo superaría. Creación intelectual e industria de la cultura equivalen a escribir y editar buenos libros, a enseñar a leer comprensivamente a los niños como festejaba Vargas Llosa 70 años después de aprender a descifrar las palabras, una vez reconocido su talento como autor, y a permitir que sus obras, impresas en papel o reproducidas e eBooks, lleguen al máximo de lectores. Una sociedad que no entienda esto, está perdida.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a “ES LA CULTURA, IMBÉCIL”

  1. Amanda

    La cultura está en plena expansión en canarias como motor económico en su medida. Coincido en que la política tradicional no asume ese nuevo fenómeno, la cultura como industria y sector económico reflejado en el PIB tanto como al agricultura al menos, pero esta crisis obliga a la fuerza a pensar en la cultura como fuente de ingresos, de empleo y de actividad empresarial. No queda otra

     

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