EL TOMATE MARROQUÍ

 Europa nos muestra, una vez más, su fortaleza moral y coherencia interna, tras alcanzar ahora con Marruecos –que raya la perfección como estado cínico- tres acuerdos, a cual mejor, en el seno del consejo de asociación mutua, ese estatus privilegiado que Bruselas otorgó a Rabat hace un par de años por sus méritos democráticos en África, su potencial económico y su defensa de los derechos humanos fuera de toda duda, es un suponer.

De la tríada de convenios suscritos con la jeta de los mercaderes, que hace caso omiso de los muertos y heridos y detenidos y desaparecidos y torturados de El Aaiún, sobresale, a ojos de Canarias (y de la Comunidad Valenciana y el sureste español), el referido a la denominada ‘liberalización comercial agrícola y pesquera’, que, dicho en román paladino, trata de hacer la vista gorda para que Marruecos cuele más tomates en los mercados europeos (de 233.000 toneladas pasará en  cuatro años, a partir de 2011, a 285.000).

Lo que escuece de este enjuague de amigos entre la UE y Rabat es que la Europa decana en democracia que se llena la boca de condenas de la violación de los derechos humanos en el mundo, le pone la alfombra a Marruecos justo pocas semanas después de una grave crisis de legitimidad internacional del régimen alauí, tras haber desmantelado sin escrúpulos un campamento de jaimas que pedía mejoras sociales y atropellado a la población saharaui en El Aaiún. Tragarse sin anestesia, como ha hecho Europa en esta ocasión, la versión indigesta del inefable ministro marroquí de Exteriores, Fassi-Fihri, que ya puso a parir a los periodistas españoles en las narices de la ministra Trinidad Jiménez, ya es tener buen saque.

Ahora, como viene siendo de rigor desde que la UE mima a Marruecos bajo la suposición de que frena el islamismo y una convincente cuenta de resultados comercial, a los canarios nos toca quejarnos de otro golpe bajo (no pintamos nada, corearemos) con un derecho al pataleo que sirve para bien poco. El partenariado con Marruecos (enterémonos de una vez) tiene un valor estratégico para Europa “fundamental”, mientras Canarias es una menesterosa RUP con autofama de plañidera abocada a verle las orejas al lobo en la nueva perspectiva financiera que comienza a regir en 2014. No hay un euro (cuando decíamos duro sonaba mejor) para islas, pero hay mucho morro para salvar las posaderas del reino de Mohamed, sumido en su mayor desprestigio internacional desde la muerte de Hassan II.

Cierto que marroquíes y polisarios vuelven esta semana a sus inútiles negociaciones. Es una vertiente más de una tragicomedia que dura más de tres décadas. Pero España, que hizo equilibrismos sobre el alambre para no condenar la violencia marroquí en Gdaim Izik y El Aaiún en los días negros de noviembre sin prensa por prohibición expresa de este país amigo de las Europas y Españas de las libertades, por fin se quita la presión. “Queda así zanjada la cuestión a nivel europeo”, festejó la ministra española de Exteriores como quien se quita una muela. Y lo penoso del asunto es que es verdad. Europa le borra las huellas a los esbirros del rey marroquí para que no quede ni rastro de sus tropelías. España puede ya dormir tranquila. El ‘tomate’ de Ceuta y Melilla tendrá que esperar en Naciones Unidas.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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