ÁRBOLES DE CAPA CAÍDA

 

Permítanme aparcar los asuntos políticos y económicos de la actualidad, y dirigir la mirada al Jardín Botánico del Puerto de la Cruz, el histórico Jardín de Aclimatación de La Orotava creado en el siglo XVIII por el VI Marqués de Villanueva del Prado, una joya de la botánica a la que, por cierto, no acabamos de tratar como icono único de la biografía natural de la isla.

Los efectos catastróficos del último temporal en algunas de sus especies más valiosas (el árbol del pan, la araucaria más antigua o el nogal candil) obligan a este templo de la botánica tropical y subtropical a cerrar temporalmente. La noticia, contada en portada por Diario de Avisos, altera el orden convencional de prelación periodística marcado por la política y la economía; raramente se destaca un episodio de esta ‘naturaleza’, nunca mejor dicho.

Este mismo rotativo elegía en su primera página una frase del naturalista Humboldt, el genio alemán: “Tenerife es célebre… Casi todos los viajeros alrededor del mundo la evocan”. Los daños del Jardín Botánico conmueven a cualquier espíritu sensible con el medio ambiente, son días de luto de nuestro palacio portuense de los árboles del mundo.

En los días del Nobel Vargas Llosa en Estocolmo, nos viene a la memoria el discurso de Saramago ante la Academia sueca, el día que recibió el mismo galardón. Habló de su abuelo Jerónimo Melrinho, el pastor de Azinagha, “que, al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver”.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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