LA PATERA Y LA METEDURA DE PATA

 

Entre 2006 y 2009 fallecieron en la travesía de África a Europa, con destino preferentemente a Canarias, unos 84.500 inmigrantes. El dato escalofriante ha sido revelado ahora en un estudio de la Oficina Municipal de Inmigración de Nuadibú, la Universidad Rey Juan Carlos y otras instituciones. Durante ese período eran frecuentes los naufragios en las costas canarias (algunos tan dramáticos como el de los Cocoteros, la patera que encalló en 2009 en unas rocas a 20 metros de la orilla lanzaroteña, con más de dos decenas de muertos, muchos de ellos niños).

Las víctimas recientes de la patera hundida en la isla de Christmas, en aguas australianas del Índico, que se cuentan por decenas, nos retrotraen a aquellos años no lejanos, antes de la crisis, en que entre la costa occidental de África y Canarias se desató un colapso de cayucos y demás embarcaciones de madera, con esquelas anónimas en prensa de víctimas que iban quedando por el camino en el cementerio de la travesía. Miles de adultos y, finalmente, menores de edad lograron arribar a las islas, y, en un número considerable, conseguían sortear las expulsiones y continuaban viaje clandestino a la Península, rumbo a una Europa de doble rasero (la metedura de pata de Europa) que necesitaba y necesita mano de obra inmigrante a toda costa y, no obstante, practicaba y continúa practicando una política inmisericorde y seudoxenófoba, que ha terminado por calar en las decisiones de las instituciones europeas, rayando una segregación racial sistemática.

Pese a la adversidad económica, que es la causa principal del descenso instantáneo de ese tráfico de personas indocumentadas, episodios como el de la bebé nacida cerca de la isla de Alborán en una patera que salió de Marruecos con dirección a Almería (la llamaron ‘Happiness’, ‘Felicidad’), confirma que hay aún una lista de espera de inmigrantes potenciales aguardando en los países vecinos su oportunidad para dar el salto. En Mauritania se estima que montan guardia actualmente unas 4.000 personas para venir. Muchas de ellas, a buen seguro, son mujeres embarazadas, como la madre nigeriana de la bebé que nació en alta mar, a quienes las mafias y redes captan bajo engaño, pues les hacen creer que, si nace en España, su hijo obtendría la nacionalidad por razón del territorio (iure soli), cuando en realidad le corresponde la de sus padres (iure sanguini). En el naufragio del parto viajaban en la patera, por este motivo, siete mujeres gestantes, convencidas de un privilegio que, al tomar tierra, forma parte de todas las falacias con que se dejan embaucar antes de jugarse la vida.

Desde Marruecos ha comenzado, todavía tímidamente es cierto, a reactivarse un flujo intimidatorio de pateras hacia España. Tiene que ver, naturalmente, con el enfriamiento de las relaciones entre los dos países, a raíz del desalojo a la fuerza del campamento saharaui de Gdaim Izik en El Aaiún, por cuya causa la imagen del reino alauí entre los españoles ha empeorado sensiblemente, según el barómetro del Real Instituto Elcano, conocido ayer (Marruecos merece de nota un 3,9 y sólo aventaja en percepción a Irán). Ni la reanudación de las negociaciones entre marroquíes y polisarios en Manhasset, en las afueras de Nueva York, disipa la sospecha de que Rabat viola los derechos humanos y no ahorra en métodos de chantaje para conseguir sus fines. En ese sentido, el fomento de la inmigración clandestina hacia Canarias y sur de España forma parte del guión.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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