EL AVE QUE NO ANIDA EN CANARIAS

  

La ola de frío y nieve que adorna Europa de una estampa navideña tan bucólica como ingrata, cotiza al alza el destino turístico de este solar que acepta de buen grado hacer de balneario oportunista de alemanes, ingleses y de cuantos anhelen pasar unas pascuas junto al mar bajo temperaturas decentes con la trilogía de Stieg Larsson en versión e-book bajo el brazo.

Tenemos que seguir vendiéndonos con aquel eslogan de pega que no fallaba nunca, el de ‘eterna primavera’, cuyas resonancias mitológicas de paraíso homérico a salvo del frío y la nieve y de jardín de doradas manzanas de la inmortalidad nos conviene airear, doce siglos después, para despertar la curiosidad ajena en la Europa polar que tiene posibles para hacerse la cirugía plástica y, cómo no, si se la ahorra tomando un avión y escapando del crudo clima a las ‘Islas Afortunadas’, membrete que debemos al amigo Plinio, el padre de la ‘marca canaria’.

Si las islas consiguen en verdad un millón más de turistas en 2011, vía Rynair, nada cabe objetar si tenemos un mínimo de cordura, lejos de aquellos reproches de los años 80-90 hacia el turismo de aluvión (pendenciero en las Verónicas o San Bartolomé de Tirajana, que todavía no practicaba el ‘balconing’, pero ya arrojaba el mobiliario por el balcón del hotel bajo el ‘pedo’ y alucinación de turno) en favor de un hipotético cliente con calidad y poder adquisitivo que nunca vimos crecer de forma convincente pese a la media docena de hoteles de lujo que se alzaron al calor de la buena intención de los teóricos del sector. Ese debate estaba bien para los años de estómago contento, y se cae por su propio peso cuando la economía se estanca y su único motor es, de nuevo, el turismo de masas, con el cuentavisitantes en cada aeropuerto sumando sin parar como si fueran amigos en Facebook.

Por desgracia, a Canarias sólo llegan las aves (y metafóricamente las de fuselajes, los aviones) y no los ‘Aves’, cuya profusión en la España peninsular hasta resulta insultante para un isleño del mismo Estado, excluido de antemano de todo disfrute de una porción de esa alta velocidad harto costosa, que es un atractivo turístico al que no podemos aspirar y por el que no se nos compensa como debiera para competir en igualdad de condiciones, por ejemplo, con el Levante español, ahora que el Ave Madrid-Valencia ha sido inaugurado por la flor y nata de la política española, salvo Rubalcaba, que volvió a hacer de avatar de Zapatero en Afganistan.

Ave María Purísma, recemos. De ésta se sale rezando, si no fuera por la cantidad de incrédulos que hay.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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