EL AÑO MALO DE BUENA SUERTE

El gordo de la lotería era un mito en Canarias, máxime en Tenerife, la isla negada ante la suerte de Navidad, que el día que el primer premio le tocó, los décimos habían sido devueltos, porque era un número feo, y nos pareció que ese ‘feo’ a la suerte aumentaba el desencuentro. En cambio, este 79.250, que ha caído en ocho provincias como un bombardeo selectivo de millones, eligió, al fin, Tenerife, y estoy seguro que el Teide, en la astrología de la suerte, algo influyó. Me explico.

La víspera, la sombra del volcán apuntó en la atmósfera al apareamiento de astros del eclipse de madrugada, que me hizo recordar el paso del Halley por la isla en el 86, cuando nos concentraron en las Teresitas y alguien hizo circular aquella noche en la playa la leyenda de que el avistamiento traería suerte, mala o buena, ya se vería, para el que mirara al cometa. Este eclipse ha traído buena suerte, que diría Alex Rovira.

A la lotería de Navidad suele acompañarle otra superstición, dentro de cierta nigromancia fatalista que también rodea a la suerte, según la cual toca donde se haya cebado la desgracia. Ha sido un año malo para Canarias. Una año nefasto como todos los de la crisis que padecemos. La autonomía con más paro se merecía el gordo, aunque sea un cacho. Garachico, un puerto pujante, era la puerta de entrada de las fortunas de la isla hasta el siglo XVIII de la erupción del volcán en que la colada de lava sepultó su hegemonía. Ahora, la diosa fortuna ha vuelto sobre sus pasos y le ha compensado con 3 millones de euros en décimos del gordo de la lotería de 2010, que no son los 450 millones de Barcelona, pero se agradecen.

A La Palma, vapuleada a borrascas, desplatanada (que sería el término réplica a aplatanada, en relación con los reveses de su monocultivo central), a menudo aislada por aire, malherida por el turismo y en trance de reconversión general obligatoria, toma parte en la fiesta y no se puede quejar. Un estudiante de San Andrés y Sauces en Granada y la venta por Internet le ha deparado un puñado considerable de millones, que sólo en broma cabría atribuir al parentesco del número, el 00147, uno de los más pequeños de la historia, con su danza de los enanos. Al mapa local de la suerte se suma, por último, Fuerteventura con un décimo de un quinto por 5.000 euros que alguien compró en un bazar, y ya tiene para un apuro.

La suerte no se equivoca cuando premia a quien se la merece porque la busca sin desmayo, a veces, durante toda la vida. La suerte del Nobel Vargas Llosa, cuando nadie lo esperaba. La de las aguas canarias, que es la ley nacional más importante de la historia de la autonomía después del Estatuto, fruto de la perseverancia de quienes no cedieron un ápice a una política tabú. Si Las Palmas de Gran Canaria logra hacerse con el título de capital cultural de Europa en 2016, a Jerónimo Saavedra le tendrán que hacer un monumento. Es cuestión de fe y de currárselo. Pero la lotería no toca siempre al más necesitado, al paria que sueña con ella quitándose 20 euros del dinero para comer.

Dicen que esta vez ha sido repartido. Que vuelve el eslogan de ‘Islas afortunadas’. Que ayuda a la promoción turística, porque sales en todos sitios, como en una champions league de la buena suerte. Que es como decir que da suerte venir a Canarias. Aquello de qué suerte viajar a las islas. Y yo quiero creer en esas cosas. Porque ya hemos tocado fondo. Y alguna vez tenemos que salir a flote. Pienso en los más de 250.000 parados, en los 15.000 requeteparados sin los 426 euros. En el año que nos espera. “¡Viva, San Roquito!” Hasta los cabildos lo corean, con el aguinaldo de la moratoria de la deuda al menos por un año tras el anuncio del presidente en el Parlamento el día que cayó el gordo por quinta vez en un año malo, malo de solemnidad. El Teide tuvo algo que ver. Seguro.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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