TEIDES DE ORO EN TIEMPOS DE CRISIS

 

En la misma sala de cámara del Auditorio, con la emotividad de la fecha, coincidieron el futbolista canario más relevante de la historia, Pedro Rodríguez Ledesma –‘Pedrito’-, la sociedad ‘locomotora’ insular –‘Turismo de Tenerife’- y la memoria del político que nos dejó este año –Adán Martín-. Los teides de oro de Radio Club han vuelto a concitar la resonancia social de unos premios que nacieron hace 27 años y han descrito un viaje por los sabios y las instituciones de la ciencia, la cultura, la economía, el deporte y la política de las islas. Entre el público, los allegados del trío de galardonados y una concurrida afluencia fiel a la cita, que integra el masivo club de fans de esta convocatoria casi inexcusable del año.

Me conmovieron las palabras de la viuda. “Creía que el deber estaba por encima del querer”, dijo Pilar Parejo de Adán Martín en su retrato inconsolable del marido poliédrico que era “un cabezota, un trabajador incansable que le ganó tantas batallas al cáncer y contagiaba a todos con su ilusión”. Aquel hombre tenía una fe en la supervivencia desmedida, capaz de hacer proyectos de futuro con la soga al cuello convencido de que la muerte no iba con él. Pilar (ese fue también su papel en lo que ambos llamaban “nuestra enfermedad”) leyó con voz entrecortada unos folios personales sobre las cualidades humanas del político que perseguía una idea hasta el final contra viento y marea, como prueba el edificio desde el que hablaba.

De hecho, los tres distinguidos mantenían entre sí lazos que daban a la velada una coherencia imperceptible, pero evidente a medida que fueron tomando la palabra. La entidad mixta Turismo de Tenerife, que alberga el Cabildo desde el 92, es una de las herramientas diseñadas por el ‘ingeniero’ Adán Martín –pionero por instinto- para promocionar la isla en el exterior. José Manuel Bermúdez, uno de sus discípulos, recogió el premio como si Adán recibiera esa noche Teide y medio.

Y tocó el turno a Pedrito, la mejor metáfora del elogio recurrente a la generación canaria del talento, esa que los dirigentes –y Adán el primero- suelen invocar en  la isla para explicar cuánto de cierto hay en que esta tierra ha sido, es y será capaz de salir de cualquier crisis por sus propios medios. Frágil como un bailarín –con esa vocación de ballet que tiene el fútbol de su equipo-, Pedrito dirigió unas palabras al público sintiéndose parte de la sinfonía de la noche: el amor a la patria chica, que versificara Nicolás Estévanez; el valor del esfuerzo y el afán de superación que resaltó en su discurso el presidente Paulino Rivero, y la condición de estandarte de la mejor imagen del éxito de la marca insular.

El presentador, Santiago Negrín, y la anfitriona Lourdes Santana, directora del medio, invitaron a las sucesivas ediciones. Si 27 años se han pasado volando, otros 27 están por llegar. Cuando hace tanto, Paco Padrón nos reunió en su despacho para deliberar sobre los primeros acreedores al teide individual (Antonio González González) y al colectivo (Los Sabnandeños), era insospechado el prestigio y duración que iba a alcanzar este emblema del ‘orgullo’ de una tierra por sus mejores exponentes. Una historia de rigor y arraigo acredita los Teides de Oro de Radio Club Tenerife, capaces, como digo, de resistir otro arreón temporal como éste.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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