EL FIESTÓN DEL FMI

 

La jeta del FMI, el gendarme de la austeridad, que impone una disciplina de gasto estajanovista desde hace más de medio siglo a países en crisis y que en la actual depresión ha metido en cintura a todo el que se mueve, incluida España, desborda lo éticamente tolerable.

Ya de por sí al director gerente de la institución, Dominique Strauss- Khan, rodea cierta leyenda de ‘viejo verde’, y esta vez, en la velada de Navidad del día 11, se le ha ido la mano, dado el desmesurado fiestón que ofreció a más de 2.000 periodistas, fondomonetaristas e invitados múltiples en la doble sede del organismo guardián del ajuste mundial.

Una vergüenza, semejante al reparto de bonos millonarios de los altos ejecutivos de los bancos socorridos con dinero público en los primeros embates de la crisis financiera. Un desmadre, como el lujo asiático al que se resisten a renunciar mandatarios africanos y asiáticos propiamente pese a la miseria y abandono de sus pueblos.

Cuentan las crónicas de Washington que en la calle 19, muy cerca de la Casa Blanca, el FMI tiró la casa por la ventana, gastó generosamente en bandas de salsa y techno, discotecas bañadas en el sudor de una lujuria promisoria y desestresante de los padres del recorte universal, restaurantes de comidas plurinacionales y barra libre de postres, café y alcohol.

Este despilfarro a lo bestia provoca un estupor elemental que cuesta creer que nadie evitara a tiempo, como si de la cabeza caliente de la economía mundial, el cerebro de las recetas más draconianas de ahorro y astenia inversora de los presupuestos de los países más desarrollados, se hubiera adueñado una bandada de pajaritos preñados que nubló radicalmente el más mínimo sentido común de estos señores en cuyas manos estamos los desgraciados parias de la crisis que hemos restringido el menú de Navidad, imbéciles de nosotros.

Chiquitas cabezas para exigir la inmolación, por imperativo de la austeridad, de los dirigentes más quemados de la historia política, de Gordon Brown a Zapatero, pasando por griegos e irlandeses intervenidos, a quienes, a la vista de esta indecencia, les entrarán dudas (también náuseas) sobre el acierto y conveniencia de instrucciones tan estrictas y hasta estúpidamente autolesivas como dictan a todo estado que recibe su ayuda, como si, en realidad, fueran modos de tortura disfrazada ideados por una mente perversa que disfrutara haciendo sufrir a esos países de la lista negra con la sordidez de un club de déspotas dirigido por un sátrapa brutal del capitalismo moribundo, mientras manosea y deja escapar risitas de mujeriego ya fondón a la subordinada de turno con la que anda amancebado según las malas lenguas. Es evidente que semejante satanización del organismo resulta descabellada, pese a ser ciertas algunas acusaciones vertidas en su día contra Strauss-Khan por un romance pasajero con una empleada. La torpeza se debe a la soberbia, que es moneda de uso corriente últimamente entre pequeños y grandes líderes (locales o mundiales, municipales o transnacionales, la peor generación de la política que se sepa, por corrupta y sinvergonzona).

Ahora bien, que la institución elegida por el G-20 en la reciente cumbre de Seúl como el árbitro de la recuperación económica del mundo, organice, el año que más fondos está recibiendo de los países para combatir la crisis, una bacanal sin cortarse un pelo, es un insulto a los ciudadanos, que empiezan a hartarse de verdad de la incompetencia y bajeza moral de muchos de sus dirigentes. Hasta que unos cuantos miles no tengan nada que perder, y entonces…

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a EL FIESTÓN DEL FMI

  1. jomiro

    Te felicito por el comentario, todos los organismos y entidades con dinero que no es suyo, sobre todo los politicos con el dinero público, tienden a este desmadre. como dices en el comentario llegará un momento en el que el pueblo ya harto llamará a un mesías que venga a cortar cabezas y luego dirán que es un dictador, que no es democracía, etc.etc. , pero no se
    dan cuenta que han abusado de la democracia.

     

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