VIEJO AÑO NUEVO

 

El año que está a punto de expirar, pronto, dentro de escasas horas, dejará de tener que ver con nuestras vidas, como una novia que nos deja, una casa de la que nos mudamos, un trabajo que dejamos atrás. Todas estas sensaciones de desarraigo y búsqueda de raíces nuevas nos asaltan en estas fechas cada año, con una reiteración que no evita la postura expectante de uno ante el misterio del año que viene, cargado de todo lo que ignoramos y ansiamos adivinar.

Yo he tenido este año que dice adiós la suerte de ser padre y ésa (no sé por qué pongo el acento aún) es mi historia, mi acontecimiento. 2010 me deja una huella para toda la vida, lo que altera esa norma de los años que pasan de largo en una infalible y repetitiva Nochevieja. Esta vez no. 2010 ya nunca me dejará indiferente en su marchamo, como si este año me acompañara para siempre en la memoria y en la figura del vástago que ha venido a llenar la casa como si hubiera estado, en realidad, vacía antes de que llegara él.

De hecho, mi mujer y mi suegra se han aplicado estos días a reformar la vivienda, pintarla, diría que agrandarla transformando el ropero en una nueva habitación irreconocible, y todo esto no tiene otra justificación que la presencia de Ángel Benza, ese nuevo ciudadano que acaba de nacer en medio de la crisis como el habitante de un mundo nuevo que como el nuevo año desconocemos por completo cómo piensa ser.

Y ese suspense que llamamos futuro es un tal 2011, otro capítulo de la novela de nuestras vidas en que seguimos siendo actores en busca de papel. Esa novela coral que dicen que ya va por 7.000 millones de personajes.

Feliz año nuevo.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario