DESCUBRIENDO A OTADUY

 

Otaduy –quédense con este apellido- escribió una novela sobre Tenerife hace más de 50 años. Se lee fácil, se vive como un texto logrado, y es una rareza literaria como pocas sobre la isla. Esta obra que surge como del cementerio de los libros de ‘La sombra del viento’ es una novela recién nacida que llevaba, por tanto, más de medio siglo escrita y guardada. Ese tipo de hallazgos que a uno llega a conmover.

Llegó a mis manos a través del exeurodiputado Manuel Medina, amigo común del autor y el que suscribe. Otaduy es un desconocido para los lectores, apenas ha publicado un volumen de cuentos y una novela breve, y, sin embargo, se nos anuncia discretamente como padre de “una extensa obra narrativa en proceso de publicación”, que ya mismo me dispongo a demandar a su editor para que no se retrase como ésta. Llama la atención. Hay cierta bruma que envuelve la narrativa, una obra automaldita, de este ferrolano autodidacta, inédito y sugerente hasta el punto de poder convertirse en ‘fenómeno Otaduy’.

Leo con sorpresa y avidez su novela sobre la isla, sobre las islas, ‘Tenerife y las palabras. Cuadernos de Canarias’ (Ediciones Hontanar, 2010). Tiene intensidad y despacha un estilo sin pretensiones que avisa de la presencia de un escritor bien dotado que se basta por sí mismo. Es una sucesión de escenas que no tienen por qué llevar un orden argumental, ni siquiera el argumento existe, pero los personajes –reales y camuflados bajo otra identidad- entran y salen como gustaba a Roberto Bolaño en ‘Los detectives salvajes’; a veces recuerda al escritor chileno tomando café con leche en bares hasta altas horas. Nos lleva de la mano con aquella habilidad de Salinger en ‘El guardián entre el centeno’. Y uno se pregunta qué ha sucedido con este Luis Otaduy Guerreiro, que hace cincuenta y tantos años, cuando el mundo era feliz e indocumentado, fue capaz de escribir esta novela y luego sentarse a esperar hasta tener 80 años para que los demás la pudiéramos leer.

Hay pocas novelas sobre Canarias con esta calidad observadora de un huésped certero y con esta fuerza narrativa que es más meritoria por esa ambición de la que carece. Fue escrita en las guardias de la mili, con la fogosidad de una juventud mujeriega y enamoradiza, y con un olfato para quedarse con todo: sobre el paisaje, las costumbres, el deje, el mago, la gastronomía… Y la soledad, el aislamiento mítico que divorcia al isleño del ‘godo’, preso en la jaula para servir a la patria sin sentir incomodidad alguna, sintiendo una íntima fascinación por ello: “A veces pienso si estoy en el limbo, si estas siete islas en vez de un paraíso son un limbo; más que la distancia, más que el mar, separa el silencio”. Perplejo por el trasiego de barcos de todo el mundo, proclama, “aquí hay vida”. Traspasa la frontera de cristal de Santa Cruz a La Laguna y descifra su morfología: “Sabe a América andina, a Castilla trasplantada, a monjas de piel oscura, a cielo azul, rosarios y palmeras”. Un sensitivo Otaduy comprende a la primera el misterio de estas islas: “Aquí me han entrado ganas de ir a América”. Y, sin embargo, se percata a la primera del otro extraño emparejamiento con Europa, un puente insospechado en la España de mediados del XX, cuando, viajando por la isla, escribe: “La ciudad más próxima a La Orotava es Londres, el camino del plátano termina allí”.

Lo que más me interesa de este novelista clandestino es –ya lo he dicho- su modo narrativo y la mirada que posa en todo lo que ve. Describe los sitios con la memoria fotográfica de un pintor hiperrealista y se expresa con una poética pausada de diario de a bordo. De verdad que incita a no dejar de leer lo que se le ocurre o le ocurre con la visión del Teide ante una tapa de lapas, o cuando coge la guagua para ir al Puerto de la Cruz, donde “pasan inglesas en bikini, pasan francesas y vuelven a pasar inglesas”, o pasa el dromedario con turistas. 

No sé qué tiene Otaduy que seduce y dan ganas de compartirlo, darlo a conocer para que otros lo descubran también. Seguro que les intrigará saber por qué saltan de una página a otra si no hay thriller, ni suspense, ni ‘engodo’, sino un complaciente hilo emotivo de los amores, amigos y recuerdos de la mili que el autor ya octogenario desempolva sin limar la frescura casi marina de tales acontecimientos juveniles.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 3 comentarios

3 Respuestas a DESCUBRIENDO A OTADUY

  1. luis otaduy guerreiro

    Don Carmelo Rivero: no sabe cuánto le agradezco su comentario sobre mi libro . Nadie me había dicho hasta ahora nada tan halagador como lo que usted dice. Como escritor clandestino que soy – como usted me llama – no olvidaré nunca su apoyo.
    He llamado a Manuel Medina para preguntarle por el tfno. de usted, pero estaba en Alemania , así que tuve que colgar en seguida para no arruinarme. También pregunté a este periódico pro su tfno., pero sale una voz a la que no entiendo. aunque estoy viejo, como decía Wodehouse, imitando a Descartes, esoy vivo, luego existo. Y aunque octogenario, recuerdo Tenerife como si todo hubiese ocurrido ayer.
    Gente de Sta. Cruz que lo ven en TV continuamente, así como Manuel Medina, me explicaron lo importante que es usted en Canarias, lo que redobla mi agradecimiento.
    ¡ Un saludo muy cordial y muchas gracias, don Carmelo.
    Luis Otaduy Guerreiro

     
    • Carmelo Rivero

      Dos Luis, no tiene que agradecerme ningún halago. Le confieso que su libro me atrapó desde el primer momento. En su lectura he encontrado no sólo hallazgos emotivos y literarios que me resultan atrayentes, sino una prosa lírica y sentimental que envuelve certeramente los pasajes de la historia. le felicito por la perspicacia y el ritmo literario. Me interesarán otras obras inéditas que haya escrito cuando las dé a la luz. Y espero conocerle. Mi teléfono es: 629738236

       
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