EL MESSI DE LA POLÍTICA CANARIA ES…

El debate del estado de la nacionalidad (22 y 23 de febrero) acapara una lógica expectación (intriga, diríamos, en honor a Hammet, padre de la novela negra, género que rige la actualidad últimamente en las islas), por cuanto tres meses exactamente después se celebrarán elecciones autonómicas y locales a cara de perro, las de mayor suspense (esta vez Hitchcock entra en escena) de las siete legislaturas que concluirán ese día (22 de mayo).

A sangre y fuego se medirán los candidatos (Paulino Rivero y Soria, a falta del socialista José Miguel Pérez, ausente, como se sabe, de la cámara que hablará por boca de Manuel Marcos). Será un debate electoral propiamente dicho. A careta quitada (aunque ahora se pone de moda a calzón quitado). Me dice al oído el presidente del Parlamento, Antonio Castro: “Si yo fuera periodista, no me lo perdería”. Castro guarda constancia de casi toda la historia política de esta tierra desde la preautonomía. Habrá que hacerle caso.

Soria tendrá que explicar ese día por qué abandonó el pacto tras la foto de Zapatero y Paulino Rivero en la Moncloa. Fue iniciativa suya, según algún albacea del secreto. Vio la foto, se rebotó, llamó a Rajoy en caliente, le propuso la estampida, se tomaron la mañana dándole vueltas y, finalmente, le dieron el ok: “Haz lo que creas conveniente”. Pasaron las horas y desde dentro (esto es de sobra conocido) le salieron voces refractarias a abandonar los cargos, los cobertores del poder y sentir el frío de la oposición. Pero Soria es frío, a su vez, y no pestañeó, confía en sacar rentabilidad a la decisión de tener las manos libres. Se le hacía cuesta arriba presentarse a las elecciones yendo de la mano del socio que apuntala a Zapatero, el enemigo número uno del PP.

Ese pleno del debate será como el próximo derby. Le pregunté en Radio Club a Castro quién es el Messi de la política canaria y no dudó un segundo: “Paulino Rivero”. Lo dijo a bote pronto, bien para zanjar cualquier malicia sobre el desafecto entre ambos desde el episodio del último congreso de CC, que afeó la candidatura de Torres Stinga avalada por el presidente del Gobierno, o bien por convicción. Lo cortés no quita lo valiente. Castro es palmero (tanto por diplomático como por caballero). Castro es un político que espera.

En CC todos están a verlas venir. Si Paulino Rivero gana o queda segundo y preside el gobierno, cerrarán filas; si queda tercero y lejos de la presidencia, La Palma y El Hierro (API y AHI) formarán una pinza para girar hacia un pacto con el PSOE, a fin de obtener la vicepresidencia y la consejería de Economía y Hacienda. Esa es la pieza a cazar. Castro –que ha decidido no aspirar a seguir como presidente del Parlamento- la quiere cazar él (teoría toda ella expuesta así sin mayor refutación o validez que la meramente barajada en los mentideros habitualmente bien informados). Pero es disciplinado. pese a ser un defensor nada entusiasta del pacto de CC con el PSOE para sacar adelante los presupuestos de 2011 y, de paso, evitar que un adelanto de las elecciones generales las hiciera coincidir con las autonómicas, auténtico terror de los nacionalistas. Castro es esto, un nacionalista, que pugnó sin éxito por la reunificación de la ‘familia’ escindida, y, por muchas leyendas negras tejidas en torno a su presunto amago de deserción en la célebre moción de censura de Hermoso a Saavedra en los 90, ha permanecido fiel a las filas de la alianza política que ayudó a forjar.

No es el mayor fan de Paulino Rivero, pero tiene altura de miras y reflejos. “¿El Messi de la política canaria?”, se repreguntó a sí mismo cuando le requerí esa respuesta con la foto mañanera del futbolista en la prensa alzando el balón de oro. Y añadió sin inmutarse: “Paulino Rivero”. El 22 de febrero seguirá las palabras del presidente en el estrado con el oído sobre su cabeza, como el oráculo que es, aunque otros vean en él una espada de Damocles.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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