JÓVENES AUNQUE SOBRADAMENTE DEMÓCRATAS EN EL MAGREB

 

La revuelta popular de Túnez que provocó este viernes la caída estrepitosa del sórdido régimen de Ben Ali desata en todo el Magreb una ola de pánico, por ver las barbas del vecino arder, entre una casta de dirigentes obsoletos, ancianos y achacosos, que se aferran al poder con ayuda de una represión policial sin límites. De Túnez a Marruecos (donde reina, excepcionalmente, un joven monarca con manazas de heredero dictador) algo inusitado está empezando a suceder: a cada uno de estos autócratas disfrazados de demócratas se les ha caído el bisoñé.

Y los jóvenes iracundos que acaban de derrocar por sorpresa (de nuevo los servicios secretos de las potencias haciendo un memorable ridículo) al ‘cuasi mafioso’ mandatario tunecino, según la opinión de EE.UU., han acuñado una modalidad de protesta insaciable que no se arredra ante el fuego de una policía déspota y avanza en la calle como verdaderos zombis hasta derribar las paredes del poder. Las fotos son escalofriantes, los muertos son de verdad. Los jóvenes se salen con la suya, son la generación de la dignidad.

El estallido social de la crisis, que no se reflejó sino tibiamente en algunas capitales europeas, en cambio, en el norte de África sí se ha expandido como la detonación de una bomba, primero en El Aaiún (nuestra pesadilla, la deuda histórica con un pueblo siempre solventada plegándose al aliado alauí), y, seguidamente, en Túnez y Argel y otras ciudades de ambos países, a raíz de la subida de los precios básicos. En la antigua capital del Sáhara Occidental, el pasado 8 de noviembre, los agentes marroquíes desmantelaban a la fuerza el campamento improvisado en Agdaym Izik, donde unos 20.000 saharauis reclamaban viviendas y empleo (ni siquiera antepusieron la demanda del referéndum de autodeterminación, que produce urticaria en Rabat). Las protestas sociales en estos tres países (Marruecos, Argelia y Túnez), y las de carácter religioso en Egipto alentadas por cristianos coptos contra la inseguridad en las iglesias, tambalean un Magreb que, hasta ahora, tanto Europa como Estados Unidos consideraban bajo control, en manos de gobiernos amigos, aunque corruptos y represivos. La turística competencia de paraísos podridos.

La lección que imparte el descalabro tunecino a cargo de miles de jóvenes airados contra el gobierno por las tasas de paro y el encarecimiento de los productos básicos como el aceite y el azúcar, a costa de la sangre derramada estos días, es que el Magreb no está tan a buen recaudo como presumían las potencias norteamericana y europea, una vez más tan pueriles inocentemente. Y la hipótesis de un efecto dominó que desestabilice por completo esta zona sensible donde se está implantando Al Qaeda, enciende todas las alarmas del entumecido mundo occidental que da la sensación de que no se entera nuevamente, de que esta repentina insurgencia africana del tipo ‘mayo del 68’ les ha cogido con el paso cambiado.

Tanto la UE como EE.UU. han alardeado de tener atados en corto a estos países sospechosos pero de fachada segura, incluso económicamente solventes hasta la llegada de la crisis, como en el caso de Túnez, regido por este autócrata ahora huido como buen roedor, que desbancó a finales de los 80 a un histórico pero esclerotizado Habib Burguiba, cuya cara no se me puede olvidar porque era la imagen de la llegada de una democracia a África en mis años púberes de periodista. Americanos y europeos se felicitaban hasta el otro día del régimen de Ben Ali, un gobernante abducido por su segunda esposa, que había sido vendedora ambulante y se transformó en una enferma facinerosa que amasaba fortuna mientras su marido, ya caduco y estragado por un cáncer de próstata, hacía dejación del poder entretenido en jugar con su único hijo varón de cinco años, que vino al mundo tras una sucesión repetitiva de hijas que no lograron rendirlo. En los ‘papeles de Wikileaks’ se describe al clan Trabalesi (Leila Trabalesi es la susodicha primera dama) y al patriarca otoñal como una ‘cuasi mafia’.

Pero tanto USA como UE lo tenían por un país aliado (aquello que respondió Roosevelt sobre Somoza, “sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”) e ignoraron la golfada de un gobierno corrupto y abusivo, hasta que una turbamulta de jóvenes hartos tiró por la calle de en medio el otro día y resulta que acabaron con el dictador. El imperio –ni con Obama- nunca aprende. Otra en la frente.

Túnez es el espejo de otros estados magrebíes. Puede que no pase nada o puede que pase. En Argelia, en Egipto (dos líderes de avanzada edad y penosa salud) y hasta en Marruecos. España, Francia, Italia, Europa han mirado estas últimas semanas para otro lado, insensibles hasta la exasperación ante los desmanes, por ejemplo, de Rabat; no han querido saber nada de la violación de los derechos humanos de Marruecos contra los saharauis, a los que desalojó de las jaimas a lo bestia y luego persiguió como a una plaga por las calles y las casas de El Aaiún, sin permitir la presencia de periodistas. Una ignominia que pesa sobre las espaldas de los adalides europeos de los derechos humanos, incapaces de condenar a Marruecos, y una vergüenza de las autoridades españolas, que flirtearon con una indigesta versión oficial, con tal de no pronunciar la palabra “condena” al lado de la palabra Rabat.

Canarias ha permanecido expectante e incrédula ante estos sucesos, y los de Túnez y Argelia, con mayor firmeza que Madrid, exigiendo que el gobierno español pusiera en su sitio al marroquí por decencia humanitaria, sin tener por ello que desbordar el vaso de las buenas relaciones entre dos estados con mayoría de edad. Pero, no sólo España, sino la UE en su conjunto (“Ningún suceso va a alterar la relación entre Marruecos y la UE”, sentenció la ministra española de Exteriores Trinidad Jiménez, en un renuncio infantil de la postura española proclive a dar la razón incondicional al socio) optó por hacer caso omiso a los incidentes de noviembre, para premiar a Marruecos con un acuerdo agrícola ventajoso en detrimento del tomate isleño, andaluz y del levante español, y reforzar sus lazos contemplados en el estatus avanzado que Bruselas ha concedido al reino alauí.

Bajo el sofisma de que estos estados norteafricanos prooccidentales actúan de cortafuego del radicalismo islámico y frenan la inmigración clandestina, Bruselas y Washington han consentido la continua violación de los derechos humanos y la falta de libertad de expresión –incluso el apagón informativo cerrando el paso a cualquier periodista que pretendiera meter las narices en sus razias políticas-. Los primeros saharauis que lograron evadirse burlando el cerco marroquí y llegaron en patera este mes a Fuerteventura colocan de nuevo a España –como hace un año Aminatu Haidar al ponerse en huelga de hambre en Lanzarote- en una de esas posiciones incómodas con Marruecos, por falta de tradición en el cumplimiento del precepto de saber ponerse en su sitio: han pedido asilo político, y el Ministerio de Interior no ha tenido más remedio que admitir a trámite a cinco de las solicitudes. Es que algunos trajeron consigo hasta pruebas gráficas y fílmicas del atropello de los gendarmes marroquíes contra sus personas, y negarles tal derecho sería un escándalo.

Así que éstas tenemos en el Magreb vecino. Bastó que el pasado 17 de diciembre un joven vendedor de verduras, que fuera manoteado por un policía que le prohibió la actividad, se quemara a lo bonzo ante una sede oficial, acabando con su vida, para que prendiera fuego esta inesperada revolución inédita de jóvenes musulmanes aunque sobradamente demócratas, como aquellos ‘jasp’ de la campaña publicitaria de los 90, que eran jóvenes aunque sobradamente preparados.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a JÓVENES AUNQUE SOBRADAMENTE DEMÓCRATAS EN EL MAGREB

  1. Carmelo Rivero

    Lo respetable de tu comentario es que te hayas tomado la molestia de perder el tiempo escribiendo sandeces, las que obedecen a tu mala leche y poco sentido de la cordialidad. Si te aburre mi blog y te aburren mis intervenciones en la radio, sintoniza y lee a aquellos que comulgan con tus sectarias ideas. Sé, como vez, de qué pata cojeas. Y a mi edad, las opiniones estreñidas como la tuya me importan un poco. O sea un bledo. Ah, por cierto, también tu me aburres. Pero respeto tu derecho a opinar.

     

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