ÁNGEL BENZA

Ángel Benza no corrió para cobrar el cheque bebé, se retrasó tres días. Nació en noviembre sin ese pan bajo el brazo: su madre, peruana, no llevaba dos años en la isla. Nos vetaron el premio gordo. Nació con tres kilos setenta gramos. Hoy pesa el doble.

¿Por qué Ángel? Por el abuelo materno, el abogado de Ica que estudió la carrera de mayor y ejerció hasta su muerte prematura. Las cuatro hijas que engendraron Ángel y Emilia les dieron cuatro nietos varones y una nieta que baila como Shakira. ¿Y Benza? Un príncipe guanche.

Ángel se pasea por Santa Cruz en su carro de bebé, ‘repochadito’ como si lo llevaran en parihuelas. Habrá que recordarle que es príncipe de mentira. Dice ‘agú’ en su idioma (para el babel del pinganillo). La ropa le queda chica en seguida y necesita renovar su fondo de armario. Montañas de pañales dodot que le cambiamos a raudales repiten un olor dulzón a ‘pulga’ de jamón y queso amarillo. Se tornará verde o azul, según la biliverdina. Los abuelos paternos Zaida y Carmelo, de Santa Cruz, celebran al nieto que nunca esperaron del hijo que parecía solterón vitalicio. Un nieto cabalístico, el número 7. “Nacer es aquí una fiesta innombrable”, escribía Lezama en su isla. Mi caso es el de un padre después de los 50, como diría Fontanarrosa. En la Plaza Weyler, Wolfredo Wildpret me habló de padres a edades prohibidas: “Trae un hijo”. La palabra hijo cobra actualidad en Tenerife con la compraventa de hijos de madres pobres y heroinómanas. Hijos de su madre. Madres heroínas.

Hijo de la pachamama, de sangre canaria y amerindia, Ángel no llora desde la primera noche de puerperio. Reserva sus mejores llantos para el yantar a su hora en las areolas nutricias de su madre. O ante una vacuna: queja justificada. Pero sonríe cuando despierta y a cada instante. Y hace del baño termal un alborozo de brazos y piernas a siete centímetros de profundidad en la artesa de plástico donde casi no cabe.

Aquel día, cuando su madre y yo nos conocimos de verdad, tras bajar del Machu Pichu, Perú se puso a temblar a nuestros pies (7.9º en la escala de Richter, con epicentro en Pisco). El periodista Javier Cabrera, lívido, me dijo algo razonable en la carretera de Huacachina a Ica: “¡Esto se acabó!”, al trote de aquel caballo loco. Tras el terremoto, Lucía y yo nos casamos. Hace dos meses y medio, nació aquí Ángel Benza, al que me encanta sentir en brazos, el calor de su cabecita tierna y el hilito de baba que deja caer sobre mi cuello.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 2 comentarios

2 Respuestas a ÁNGEL BENZA

  1. Ani y familia

    Dº Carmelo lo conocía de oirlo por la radio, verlo en televisión y saber de usted por ese amigo incondicional que también creo que es amigo mio DºJavier Cabrera, nos conocimos hace poco en mi casa cuando venían de vuelta de visitar el Loro Parque, no fue el momento digamos más adecuado ya que mi casa estaba llena de gente, cosa que no es extraña ya que todo@s vienen a parar a ella y yo encantada, teniamos ganas de conocer a Angel Benza ya que el tito Javier no se cansa de hablar de él,bueno también a usted y a su esposa Lucía.

    Después de haber leído lo que ha escrito no me cabe duda que aunque la paternidad le llegue tarde como usted mismo dice, se nota que este hijo les va a colmar de felicidad, salude a Lucía de mi parte y espero que pronto nos veamos de nuevo para ver como Angel Benza sigue creciendo
    y compartir un ratito con ustedes.
    Besos para los tres.

     
  2. victor benza benza

    Holas, bonita historia, como veran soy un benza al cuadrado y como aqui en el peru los benza somos una sola familia, me gustaria saber la relacion de los padres y/o abuelo de angel con Giuseppe Benza quien fue el unico migrante italiano con ese apellido. Gracias

     

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