EL DÍA DE LAS LETRAS Y EL DIA DE LAS CIENCIAS

 

Con el desliz de los parlamentarios, trocando ciencia por letras, habiendo errado en la elección del físico Blas Cabrera como eje de la fiesta literaria de 2012  en Canarias, se corre el riesgo, de no reemplazarlo, con mejor criterio, por un escritor propiamente dicho, de acabar infligiendo al científico conejero un trato injusto con su memoria.

Si se le sustituye con acierto, cabe a continuación restituirle eso que llamamos el honor, el derecho de imagen, etcétera, con la celebración del Día de las Ciencias Canarias, empezando por él y continuando con los que están en la mente de todos (Agustín de Bethencourt, Antonio González…). Alguna vez habrá que desempolvar a Blas Cabrera y Felipe como se ha hecho de modo consensuado con el ingeniero afincado en Rusia. Hágasele el homenaje acorde a su categoría aprovechando el desaguisado.

La personalidad del sabio conejero, uno de los mejores físicos y científicos de su época, no puede quedar arrumbada sin mayor enmienda una vez se restablezca la lógica con la designación que corresponda en su lugar para el próximo Día de las Letras Canarias. Lo que empezó siendo una metedura de pata no puede quedar resuelto con desconsideración pasando página.

Estamos ante uno de los grandes sabios canarios y europeos de la historia: parió leyes científicas, corrigió otras y logró la consagración de la mano de Einstein y Marie Curie. Era un gran físico experimental que centró sus esfuerzos en un área de enorme incidencia en múltiples campos: las propiedades magnéticas de la materia. Y sobresalió también como divulgador, con más de un centenar de trabajos fundamentales de su especialidad, lo que no lo convertía necesariamente en narrador de ambiciones literarias (no era ésa tampoco, seguramente, su pretensión). No olvidemos que ocupó en la Real Academia Española el sillón de su maestro Ramón y Cajal.

¿Cuál ha sido el desafuero? Confundir, precisamente, a un científico con un escritor y ubicarlo en un contexto equivocado, el de las letras, nítidamente destinado a poetas, novelistas, ensayistas o historiadores, según la voluntad parlamentaria en su origen. Claro que según el canon de María Moliner cabría conceptuar ciencia y literatura en el mismo universo del conocimiento, y sería deseable tal cosa pero sin atajos; la propuesta primera del Parlamento, repito, al crear el Día de las Letras Canarias no se prestaba a confusión alguna.

El caso de Tomás Morales es paradigmático de un poeta modernista de factura suficiente para merecer mejor trato de la crítica española, que, con excepciones, peca de distracción imperdonable a la hora insertarlo en el sitio que se ha ganado por derecho propio. (A los poetas canarios, por lo general, con las raras excepciones de Manolo Padorno y, por último, de José María Millares Sall y el jovencísimo Félix Francisco Casanova, se les omite editorialmente e ignora por parte de la crítica peninsular, por más que Armas Marcelo haya convocado ahora a los escritores locales, en el Foro Literario 2016 de Las Palmas, a dejar de llorar –“el llanto del aislacionismo”- y abandonar “la dejadez, el aplatanamiento”, para trascender más afuera –mar afuera-, donde no se les oye.)

A los paisanos de Morales (Moya, 1884, Las Palmas de Gran Canaria, 1921) nos cabe autoinculparnos de atenderlo con cierta pereza, salvo en esta ocasión, coincidiendo con el 90º aniversario de su muerte.

El fiasco del físico conejero (1878-1945) fallecido en México a la edad de 67 años, un exilio obligado por la depuración franquista de los catedráticos desafectos al régimen, merece un resarcimiento con reflejos, hecho desde la generosidad, sin incurrir en obstinación. 

Pésima imagen en la intraisla que aún abochorna más de puertas afuera. Valga este desvarío de la política respecto de la cultura (con la que suelen venirle mal dadas, por una negligente desinformación de bulto, a los hechos me remito) para reclamar en el debate del Estado de la nacionalidad, que está a la vuelta de la esquina, una digna aproximación al panorama de las letras, las ciencias y las artes (cultura, creación e industria)  en las islas, más allá de la cansina cantinela de reproches gratuitos y previsibles contra la política cultural del gobierno de turno desde la oposición y las respuestas a la defensiva desde el poder, si se quiere avanzar en este campo de una vez por todas. Tras decenios de indiferencia, la ausencia desde la política de interés por  la cultura (botón de muestra es el patinazo del Día de las Letras) ya no es de recibo.

Conmemoremos la fiesta literaria como corresponde en torno a la figura del poeta de ‘Las Rosas de Hércules’, que en Cuba admiraba Nicolás Guillén, nuestro malogrado médico y político Tomás Morales, que empezó muy pronto a escribir, con la urgencia de una vida que iba a ser corta, y que antes de decir adiós a los 37 años pudo conocer a Rubén Darío y Gómez de la Serna en Madrid. Y abrir paso a las letras de su tierra levantando los diques que suelen estancarla.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a EL DÍA DE LAS LETRAS Y EL DIA DE LAS CIENCIAS

  1. Antonio Miguel Castellano Suárez

    Casualmente, hace unos días mandé esta carta a los medios de comunicación de Las Palmas de Gran Canaria:

    LAS LETRAS PARA PANCHO, LAS CIENCIAS PARA BLAS Y UN CALENDARIO CANARIO PARA TODOS

    Por nuestro ínfimo nivel cultural y por nuestra amnesia histórica, entre otras muchas razones, la Nacionalidad Canaria no puede permitirse discusión alguna a la hora de dar a conocer a aquellas personas que han nacido y/o han desarrollado una importante labor en su suelo.
    Pancho Guerra y Blas Cabrera, dos canarios destacados en ámbitos muy diferentes, se merecen ser recordados, los dos, cada uno en su día y con sus singularidades.
    Pancho Guerra puede y, en mi modesta opinión, debe ser el protagonista del Día de las Letras Canarias para el próximo año. Si no importa que la Presidencia del Gobierno Canario lleve ocho años en manos de un tinerfeño, y todo apunta a que va a estar, al menos, cuatro años más, menos creo que pueda importar que, por segundo año consecutivo, el Día de las Letras Canarias esté dedicado a un grancanario. ¿O es que ahora sí va a importar la procedencia insular?
    El justo y necesario reconocimiento a la figura de nuestro gran físico Blas Cabrera Felipe nos recuerda que aún no se ha instituido, que yo sepa, el Día de las Ciencias Canarias.
    Me parece urgente poner en valor, a todos los efectos, la Nacionalidad Canaria como lugar donde se investiga y, en algunos campos (Astronomía, Ciencias del Mar, …), con bastante nivel. Y me parece urgente, al menos, por dos motivos:
    a) Porque si se quiere diversificar la economía canaria para liberarnos un poco del binomio turismo-construcción, la investigación científica tiene un valor añadido, como mínimo, muy prometedor y, además,
    b) Porque nuestros niños y niñas en la Escuela necesitan tener un referente científico claro fuera de la institución escolar, que vean, y realmente hayan, más oportunidades de trabajo cualificado en nuestro entorno.
    Por tanto, el primer Día de las Ciencias Canarias puede y, en mi opinión, debe ser para el físico lanzaroteño Blas Cabrera. Quiero aclarar que cuando digo Ciencias no me refiero sólo a las denominadas Ciencias Naturales, sino también a las Ciencias Sociales; y que cuando hablo de canarios, me refiero también a personas que nacieron fuera de nuestra Nacionalidad pero desarrollaron aquí una importante labor: Sventenius, Günter y Mary Anne Künkel, David Branwell, René Verneau, etc. Canarias es una nacionalidad atlántica y abierta y también en eso se debe de notar.
    Y un Calendario Canario para todos, siendo el calendario compatible con la Agenda Canaria, donde se recojan, al menos, 365 componentes (cada día, uno) de nuestra identidad, de nuestra historia, de nuestro medio: personajes, lugares, hechos históricos, …. que lleguen a los colegios, a las casas, a los lugares de trabajo, a todos los rincones de nuestras Islas.
    No sobra ninguna iniciativa para recobrar la Memoria Histórica de un pueblo sumido en el fracaso educativo y la amnesia histórica colectiva.

    Antonio Miguel Castellano Suárez
    Profesor de Educación Secundaria

     

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