EZEQUIEL

 

                          

Uno puede hacer como que no le afecta que se vayan antes de tiempo personas que precisa. Y es mentira. Ezequiel Pérez Plasencia era un escritor sin fama, pero se trataba ya de un autor preceptivo que tenía un lugar asegurado en la historia desde hacía tiempo, con lo justo, una obra lacónica y conmovedora.

Nos deja el inventario de esos pocos libros vitales que hablan por él como en Pavese, de los solitarios célebres, escritos con desolación, en el epicentro de su ‘tartamundo’. Era un lector fluido que, en efecto, se atrabancaba al hablar, alguien sensible, futbolero y enamoradizo. Conocía la química de las palabras. Sus narraciones, un receso en La Habana, las columnas periodísticas, los microrrelatos como Monterroso, la novela ‘El orden del día’…, ese reguero de pólvora que conduce a la hoguera de un hombre que se dejó la piel en la literatura nos explica quién fue. Un hijo de Camus y Cortázar en el raro paritorio de las letras de la isla. Vivió enrabietado con la soledad como Poe, al filo del infierno, y fue valiente consigo mismo, digno perdedor (‘la ilusión de los vencidos’), puso mar de por medio para replantearse en Cartagena (Murcia), donde el destino le tenía reservada una cita con amigos en la que iba a atragantarse mortalmente mientras comía.

Nadie elige el lugar donde morir, mucho menos donde la vida le ha sido devuelta. En su último artículo como bloguero, ‘Palabras’, del día dieciséis de este mes, dice que “el silencio es una cobardía; la palabra, una queja o defensa”. El suyo, un “silencio observador” (y coraza), seguía siendo el dos de mayo, en otra entrega, su “mejor arma”, hasta esa declaración final contra el aliado de la timidez. El mismo día deslizó un guiño a los “adioses definitivos” y sugirió la tesis de los placeres cotidianos (donde no faltara el aroma del café) antes de “unirte para siempre con el universo”. Su muerte resucita el compromiso político de nuestra generación, me acordé estos días de su hermano Nicolás, el concejal comunista. La tarde en que me invitó con Juan Cruz a presentarle en el Foro Literario (otra librería dimisionaria) ‘El regreso de Calvert Casey’, el autor de ‘Egos revueltos’ lo emparentó con Borges, y Ezequiel me tocó nervioso con el pie bajo la mesa, feliz. Me sopló que soñaba con el Alfaguara, pero el éxito de su vida fue ganar el Juan Rulfo de cuentos, en 1999, con ‘Decena de un cronopio’, entre más de 5.000 autores de todo el mundo. Benchomo y La Isla lo publicaron. Sus textos inéditos son ahora su ‘textamento’.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 6 comentarios

6 Respuestas a EZEQUIEL

  1. Calle Castillo

    A Ezequiel lo recuerdo siempre en la calle Castillo. No sé por qué. Era muy callejero. Y le gustaba pararse en la calle a hablar como a mí. Vivía la vida a tope, a veces en el filo de la soberbia, pero la sangre nunca llegaba al río cuando se discutía con él. Que falta hace gente con su pasión y su vehemencia trabajada a fuerza de tenacidad y horas de oficio. Ezequiel voló. Ahora me queda su recuerdo y su presencia contundente. Se hace un vacío.

     
  2. Juan Cruz

    Hermosa evocación, Carmelo.

     
  3. Paquita

    Ezequiel Carmelo Rivero

     
  4. Paquita Pérez Plasencia

    Para Calle Castillo : él viví en Sabino Berhelot esq. calle Castillo, tal vez por eso…

    Gracias Carmelo, tus palabras saben a miel.

     
  5. Paquita Pérez Plasencia

    Para Calle Castillo : el vivía en Sabino Berthelot esquina a la Calle del Castillo, tal vez por eso…
    Gracias Carmelo, tus palabras saben a miel

     
  6. Carlos

    Ezequiel, (Sese para los amigos) uno de mis mejores amigos, se fue sin decir adiós.
    Compartimos tantas vivencias…
    Permanecerá siempre en mi memoria como aquel militante comunista y compañero de aventuras innumerables, no solo como escritor.
    La noticia me ha abierto una brecha mas en el corazón.

     

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