CUADERNO DE BITÁCORA DE OLARTE RUMBO AL PP

 

Lorenzo Olarte, el veterano dirigente canario que lo ha sido todo en la vida pública de las islas y aun en la nacional jugó un papel clave e influyente en tiempos de UCD y Suárez, se resiste a permanecer en el ostracismo, y regresa a la política en las filas del PP. Olarte pondrá distancia de sus postulados nacionalistas para enrolarse en un partido de ámbito estatal, desenterrando las siglas de Unión Canaria, que fundara en el 77, para tender un puente sobre el vacío con la organización de Soria y Rajoy.

Su fichaje cuenta con la bendición del aparato nacional del PP y con el respaldo personal de Soria, que de este modo continúa reforzándose ante la cita electoral del 22 de mayo con la repesca de peces gordos (o pesos pesados) de la política canaria, como el expresidente del Parlamento José Miguel Bravo de Laguna, y ahora el expresidentes del Gobierno canario Lorenzo Olarte, que sería así el segundo activo procedente de la esfera nacionalista, tras la incorporación pública, desde la semana pasada, del exalcalde de Valle Gran Rey y exdiputado autonómico Esteban Bethencourt.

La llegada de Olarte al PP me ha sido confirmada en una fuente segura. Concurriría en la lista popular al Parlamento por Gran Canaria de número 2 ó 3, en caso de que la segunda plaza recayera, por criterios de igualdad, en una mujer. Tiene ganas de volver al terreno polìtico, aun a costa de hacerlo a la sombra de otro líder, habiendo sido toda la vida un ariete hiperactivo con vocación de ganador. Su frágil salud de hierro (es diabético y ha dado por último con un tratamiento eficaz de una nutricionista coreana en Las Palmas, que le permite perder kilos y paliar los efectos de una enfermedad crónica) no le ha impedido, durante estos años en la retaguardia, viajar una veintena de veces a China, país con el que guarda lazos muy estrechos en calidad de asesor y promotor del Puerto de la Luz y de Las Palmas como base de los intereses de Pekín en África. Como avanzadilla de China no ha logrado el respaldo económico que esperaba en las islas y en su entorno se le describe decepcionado con ese desinterés y abocado a aplazar una importante cita de empresarios de dicha nacionalidad que debía organizar este mismo año. Ha ‘mendigado’ financiación para la cumbre y le han dado la espalda.

Olarte fue asesor áulico de Suárez en la Transición, con despacho en la Moncloa al lado del ‘jefe’, y timoneó en las islas el CDS tras la desaparición de UCD. Personalmente, recuerdo haber cubierto el congreso exprés de aquel partido milimétricamente calculado por el propio Olarte, cuyos acólitos entraron por una puerta convencidos de pertenecer a una fuerza de centro nacional y salieron por otra transformados en nacionalistas cofundadores de una futura Coalición Canaria que iba a gobernar las islas cuatro legislaturas seguidas. El carisma de este veterano ‘Andreotti’ canario, paradigma del político incombustible, le ha granjeado siempre  simpatías aisladas (rara vez fidelidades duraderas) a lo largo de su carrera, que explican por sí mismas los continuos sobresaltos que ha dado como líder. Olarte es, en sí mismo, un partido constituido por él. Este llanero solitario se ha curtido en mil batallas (guerra de guerrillas) con la tropa de un solo hombre disfrazado de mil maneras hasta dar la sensación de ser una multitud. Su soledad es célebre, como su don natural para el efectismo político. Consiguió ser presidente en las filas de un partido minoritario en el seno de una alianza de centro-derecha y nacionalista cuando Fernando Fernández perdió el cargo al solicitar la confianza de la cámara. Fernández lo llamaba ‘Kissinger’, cuando Olarte era su vicepresidente.

EL AVAL (O VALS) DE SUAREZ

Al bajarse del avión, Suárez me dijo una vez, en Los Rodeos, delante de Fernández, que Olarte le iba a ser fiel en el Gobierno, y, aunque era más el aval de un amigo que el de un político, Olarte bailó ese vals y cumplió el vaticinio, eso sí con una carta bajo la manga: a la primera de cambio, en cuanto Fernández dudó, consumó la jugada que había estado pensando todo el tiempo. No bien había terminado Fernández de decir en el estrado que presentaba la cuestión de confianza, y Olarte salió enfilado al pasillo y me dijo estas palabras: “Ésta es la mía”. Cuando fue investido, Tomás Padrón (que ahora emprende el viaje contrario tras el anuncio de su retirada) le obsequió un naife, el cuchillo artesanal canario, con esta coletilla en mi presencia: “Para que te protejas de las puñaladas por la espalda”.

Fue un presidente enérgico y reivindicativo, que plantó cara a Madrid y a Bruselas, negándose a aplicar el descreste arancelario a que obligaba Europa a Canarias entre tanto no se compensara a los cabildos por la pérdida de ingresos que iban a sufrir, y así protagonizó un episodio histórico que dio alas al incipiente nacionalismo insular, al obligar al entonces Secretario de Estado de Hacienda, José Borrell, a viajar a Canarias y finalmente ceder, pese a las amenazas del ministro Solchaga de sacar los ‘tanques’ de la Constitución a la calle para doblegar la rebelión fiscal de las islas. Acudí al aeropuerto a entrevistar a Borrell, que pisó la isla con la arrogancia de Mourinho y la abandonó después de que aquí le bajaran los humos entre Olarte y José Miguel González, que era el consejero de Hacienda. Me hice amigo de Borrell y aquella vez recibió una lección.

Suyas (copyrigt de Olarte) son algunas célebres sentencias o greguerías del léxico político insular, en clave nacionalista, como ‘Madrid va a saber lo que vale un peine’, o ‘Entre Canarias y la Zarzuela hay una corta distancia, y entre canarias y la Moncloa una distancia sideral’. Olarte, abogado en ocasiones de causas perdidas, suele decir, también, que en los juzgados se dictan sentencias inverosímiles: “He visto burros volando”.

EL OLARTE DE CALERO

Calero (el humorista) imita a la perfección la voz de Olarte; de hecho los llevé a los dos a ‘Hora 23’, en la TVC, y era como si hablara el mismo personaje clonificado. Me consta que se inspiró, a su vez, en José Manuel Bermúdez, que estiraba las coletillas del político grancanario con una gran similitud fonética. Es un político con reconocimientos insospechados como jurista o colombófilo, la faceta que siempre empleó para hacer el cuento garciamarquiano de las cartas de amor que sus progenitores se remitían con ayuda de palomas mensajeras. Siempre estuvo convencido de que Cubillo, en un acto desproporcionado, planeó matarlo. Y un día los reuní a ambos en ‘La Caverna’, el programa que hacía en televisión, y se lo pregunté a bocajarro  al abogado independentista delante de Olarte, la presunta víctima. Olarte se fijó en las cejas de Cubillo, dice que se le empinaron, y el fundador del Mpaiac trató de desmentir la acusación. Quedaron como amigos, Olarte aceptó las disculpas y contó que había comprado billetes con dragos para recaudar fondos con que financiar el regreso de Cubillo de Argel.

En la biografía de Olarte asomó el turbio asunto de Puerto Marena, a finales de los 80, cuando Antonio González Viéitez (ICU) lo asoció con una operación inmobiliaria en Fuerteventura asegurando que había participado en la petición colegiada de un crédito de más de mil millones de pesetas a la Caja Insular de Ahorros, incurriendo así en tráfico de influencia, al estar la entidad sometida al control del gobierno del que formaba parte. La denuncia quedó archivada y la comisión parlamentaria de investigación lo absolvió gracias a su propio voto en una famosa treta política con la cooperación de, al menos, un diputado que nunca fue identificado más allá de la rumorología.

Le tocó dar luz verde a la creación de la Universidad de Las Palmas, y siempre bromeaba cuando le tildaban de ‘canarión’ recordando que le había ‘robado’ a Tenerife una lagunera, su esposa María Lecuona. Y fue el padrino político de Román Rodríguez cuando en el seno de CC le cerraron el paso a su candidatura a la presidencia, portazo que nunca perdonó.

Si hubiera que ilustrar con un ejemplo al político que no se fía ni de su sombra, ése es Olarte; si hubiera que buscar el prototipo de político solo, sin edecanes, ni equipo, ni corte de adulones, ése también es Olarte, y si hubiera que explicar con un caso gráfico cómo se las arregla un político camaleónico para sobrevivir a todas las travesías del desierto, ése, sin duda, es el caso de Lorenzo Olarte Cullen, hijo de jurista represaliado, que empezó joven al frente del Cabildo de Gran Canaria y puede que culmine medio siglo de vida política como diputado autonómico y después senador (si no nos reserva ninguna sorpresa más).

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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