“THE END”

                              

Sócrates escribió su fin, dimitió en Portugal tras el voto ‘veto’ de la oposición a su plan de ajuste (como habría hecho Zapatero en octubre, de no haber sido por CC y PNV). Los países aliados contra Libia, en lo que parecía el fin de Gadafi, hacen el ridículo divididos sobre si dar el mando de la operación a la OTAN tras la fuga de Estados Unidos. Japón, huyendo a un trágico final, afronta un desafío radiactivo que afecta a la cadena alimenticia. Y el cine escribe con diamantes ‘the end’: muere Liz Taylor, que fue en tiempos, si no me equivoco, huésped de Tenerife junto a Richard Burton. Todo un cúmulo de noticias ‘bombardean’ (ahora que el término se pone de moda) a un ciudadano abocado a la incontinencia política de la campaña electoral y, últimamente, a los terremotos: de Haití a Chile y ahora a Japón. España es un país de vodevil, con personajes públicos actuando en escena: Zapatero, Rubalcaba, Rajoy, cada cual en su papel, sembrando la duda de que fingen sus roles públicos en el corral de comedias y por detrás se desternillan de las boutades que sueltan por la boca. Ahora mismo no hay que leer novelas negras. El país es un patio de vecinas donde todos sacan el cuero a todos (así en gran medida también sucedió en nuestro Parlamento autonómico, como ayer reconocían sus señorías en la última sesión de la legislatura), y todos miran a todos detrás de la ventana como aquel personaje de ‘El grito de la lechuza’, de Patricia Highsmith. Un país de mirones, de cotillas, de chismosos más o menos impúdicos y sanguinarios. El Supremo no legaliza a Sortu y ese es un temazo nacional, páginas y páginas, ríos de tinta, horas de radio tediosa; es uno de esos monotemas maníaco obsesivos del periodismo español, clavado delante de la ventana de ETA, viendo cruzar sombras tras los visillos. La política se come la escena a base de actores malos, que devoran el libreto bajo el foco, y en la representación teatral no hay sitio para otra cosa. Cuando lo más desinflante del día ha sido la muerte de Liz Taylor, la mujer de los ojos violetas, la coleccionista de joyas y maridos, la amiga de Michael Jackson que va a su encuentro en el viaje final. Ambos tienen en común para un isleño fisgón que estuvieron, creo, en Tenerife por separado: ella en los años de idilio con Richard Burton; él en los días más duros de su vida, cuando saltó el escándalo de su presunta pedofilia y tenía contrato para cantar en el muelle de Santa Cruz. Pero estas historias carecen ya de interés para el ‘señor’ lector, que diría Superlópez Arriortúa. Manda la esterilizante información de la crisis (económica y de partidos). Un desenlace que se hace esperar.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a “THE END”

  1. Mario

    Es un placer poder seguirte en este Blog, como siempre mi admiracion y respeto por tus comentarios

     

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