PATARROYO

 

El estigma de Manuel Elkin Patarroyo no fue renunciar a la neoyorquina Universidad Rockefeller, el camino más llano hacia el Nobel, por su Colombia natal, con la premonición guevariana de descubrir la vacuna contra la malaria desde el Tercer Mundo. En 30 años no ha dejado de cosechar enemigos poderosos. El artículo que firmó la semana pasada -con Adriana Bermúdez y su hijo Manuel Alfonso Patarroyo- en ‘Chemical Reviews’, la ‘biblia’ de la química en EE.UU., lo rehabilita. Los adversarios lo daban por muerto ‘químicamente’. ¡Tanto tiempo sin noticias de Patarroyo! Encerrado con sus micos en la selva y sus moléculas en Bogotá, perfeccionó la fórmula contra el paludismo y, de paso, dio con la vacuna de las vacunas: el método estándar para combatir más de 500 enfermedades infecciosas que contagian a dos terceras partes de la humanidad. Este científico idealista de sonrisa tierna, el mayor de once hermanos, ha sido siempre un Robin Hood de la ciencia; de ahí que le persigan las conjeturas. Una vez me recitó la máxima de su padre: “Se dispara al que está arriba”. Hijo de padre soñador y madre pragmática, cayó de niño en sus manos un tebeo sobre Pasteur y quiso hacer vacunas. Debería inventar la vacuna contra los anofeles de la envidia y mandarnos unas dosis a Tenerife. Hoy en Colombia los niños quieren ser Patarroyo, científicos. Ya no narcos. Así que sale del silencio mediático, como un padre Boff redimido; arruinado y enfermo, hasta besó en pesadillas la muerte. La OMS le hizo en los 90 aquel desaire: desestimó su primera vacuna contra la malaria que donó a la humanidad (cuando casi se ahoga ebrio de euforia en el Amazonas y ganó el Príncipe de Asturias). Como en el jardinero fiel de John Le Carré, las sospechas recaen sobre el oso farmacéutico. En una conferencia en CajaSiete confirmó que estaba “vivo”. “No me falles”, me dijo. Acudí y me estaba esperando en la puerta. Guardo de recuerdo su sentencia de cabecera: “Soñar como un dios y pensar como un mendigo” (Hölderlin). El padre de las vacunas sintéticas contra los microbios invisibles cocina “el pastel del siglo”. Sus amigos Basilio Valladares y Enrique Martínez lo traen en junio al 10º aniversario del I. de Enfermedades Tropicales y el martes dio las gracias a la reina y a Ana Oramas por la ayuda. Cuando le embargaron el laboratorio se le fue el alma por una tubería. Se hace querer por lo que hace. Vacunas a precio de ganga para salvar millones de vidas. Se dirá que hará falta la vacuna contra el hambre. Y contra el hombre que la consiente.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a PATARROYO

  1. Basilio Valladares

    El Dr. Patarroyo ha conseguido varios éxitos científicos, pero el último ha sido incontestable. La publicación en la mejor revista del mundo, su forma de hacer vacunas, respaldada por más de 300 publicaciones en revistas internacionales, ha sido su último y mayor éxito. Sorprende que algunos científicos, contesten a preguntas de periodistas sin leer el artículo y más aún sorprende que estos científicos contesten y comenten sobre notas de prensa, algunas de las cuales, no entendieron o no expresaron correctamente lo escrito por Patarroyo en su artículo. Que un periodista no entienda correctamente un artículo científico es comprensible, pero que un científico hable sobre un artículo sin leerlo, es intolerable.

     

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