MERKEL

 

La edafología nos consagra, aún más si cabe, turísticamente. Marisa Tejedor, Marianela Rodríguez y Concepción Jiménez publican en un libro un dato que intuían: Tenerife congrega todos los climas del planeta, gracias a los alisios y la altitud. Es una percha turística inédita. Canarias se reencarna continuamente gracias a la movilidad, el turismo de masas –los 12 millones de almas que esperamos en el paraíso este año-, nuestro pozo de petróleo, una industria de constantes culturales, que nos ha traído por buen camino. Lo que ha llovido en dos mil años desde la excursión pionera a las islas de aquel rey docto Juba II de Mauritania. Jacques Cousteau –lo comenté con Tejedor, que fue su anfitriona- me dijo en 1994, en una entrevista compartida con Juan Manuel Pardellas, que Santa Cruz, en medio de las luces de neón, es “una especie de Broadway” entre kilómetros de árboles. Canarias es famosa. Olvidamos que fuimos el fin del mundo –de ahí viene todo-, antes que caravasar de la ruta de Indias. El Teide fue siempre una atracción y al de fuera le picó la curiosidad venir. Colón era un turista. Cólogan, también. Carlos Cólogan, memorialista de este apellído irlandés en Tenerife, lamenta que la isla impidiera desembarcar a Darwin en Santa Cruz por falso cólera a bordo del Beagle. Venía ilusionado tras haber leído a Humboldt, que en seis días nos examinó de arriba abajo, incluido el aire. A este sanatorio y laboratorio ha venido mucha gente interesante, no sólo estrellas de cine, desde Olivia Stone a Saramago o Bertrand Russell, que en los años 30 participaba de la idea de hacer “en esta bella isla, un lugar de reposo para la inteligencia europea”, el sueño de los padres de Gaceta de Arte, cicerones de Breton y su rubia esposa Jacqueline Lamba, un escándalo en mini-short en la isla. ¿Qué intriga de Canarias a este flujo de espectadores? A. H. Piqué siguió la pista de los viajeros y naturalistas del siglo XVIII, que secundaron el ‘Islas Afortunadas’ de Plinio el Viejo. Esa curiosidad dura hasta hoy. H. M. Enzensberger fue con W. Wildpret al Teide. Aldecoa oía “cantar a los gallos”; Agatha Christie escribía aquí contra la depresión; Zamacois sentía “una emoción de lejanía” y decía que las celebridades de Europa y del “oro yanqui’ recalaban en Canarias al menos una vez en su vida. Como hizo Clinton y antes Churchill. Y ahora Angela Merkel, que retorna en Semana Santa a La Gomera, a mezclar el almogrote con zumo de naranja, como cuenta con gracia Juan Cruz en su aún inédita guía sentimental de las islas.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a MERKEL

  1. Carlos Cólogan

    Hola Carmelo. Te felicito por el Blog. Contáctame 659947137

     

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