SANTO FÚTBOL

En los jardines del Hotel Mencey, tras cubrir un día de estancia del jugador brasileño en Tenerife (Carmelo Rivero y Pelé en 1982)

Pocos países hay tan futboleros como éste. La futbolmanía de los ‘cuatro clásicos’ acude en nuestro socorro contra la depresión de la crisis, nos evade de ella, aunque sea para llorar de noche las derrotas del Tenerife, como se consolaba Albert Camus, que fue portero e hizo esta confesión: “Todo lo que he aprendido en la vida sobre la ética y el deber del hombre se lo debo al fútbol”. Mourinho y Troitiño han monopolizado la semana santa pasada por agua; esta Copa ‘atropellada’ pone al Madrid en un altar, y en el Barça la procesión va por dentro: son las pruebas de fe del fútbol. Vázquez Montalbán, que era culé, me pareció convencido, en el Mencey, de que el fútbol es “una religión en busca de Dios”. Y el mexicano Juan Villoro sentencia ‘Dios es redondo’: en su libro, la ‘mano de Dios’ es la de Maradona. En los 90, cuando la de España iba a ser la liga de las estrellas –con Messi todavía en el pesebre-, Martín y yo dimos a la luz desde Tenerife un libro que nos dio grandes satisfacciones: ‘Valdano. Sueños de Fútbol’. Una vez superado el listón de cien mil ejemplares vendidos, en ‘El País Aguilar’ se dio por fundado el ‘futbolibro’, donde periodistas, futbolistas y árbitros publicaban, ansiosos de contar y contarse. Había, en el fondo, un sentimiento de frustración en España, porque era un país sin un Mundial. Aquella saga de libros, que más tarde reanudó Javier Marías con ‘Salvajes y sentimentales’, anticipó este fenómeno de dioses con novias divinas de papel couché. Pelé me había descrito en la isla su teoría ‘libertina’ sobre la vida sexual del futbolista en la concentración, a mayor gloria de su juego. Beckham y Ronaldo son iconos del surtido ‘sex-symbol’. Pero el gol del portugués valió una Copa del Rey. “Fútbol e fútbol, e gol e gol”, decía Boskov en su torpe castellano apocopado. Y el cabezazo de Pepe al palo que se paseó por la puerta en blanco, o la muesca en el guante de Casillas que ‘besó’ la bala de Iniesta, eran un ‘vicegol’ (Wenceslao F. Flores). Hoy España ya tiene un Mundial y la ‘fiebre de las gradas’, la calle y el ‘Punto Pelota’ la explica Johan Huizinga (‘Homo Ludens’: es juego, cultura y guerra, siempre lo fue). A veces nos sale el hombre primitivo y un futbolista adolescente cae apuñalado en Murcia, o hay un hincha herido crítico en Valencia. Hubo una ‘guerra del fútbol’ real (narrada por Kapuscinski): tras una eliminatoria mundialista como excusa, Honduras y El Salvador llegaron a las armas (más de 4.000 muertos). Por suerte, los Barça-Madrid de la Champions sólo alcanzan para una ‘guerra de las ondas’.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a SANTO FÚTBOL

  1. Futbolero

    La foto no tiene desperdicio y el artículo tampoco. No se pueden decir más cosas y en menor espacio de tiempo que la brillante pieza de Carmelo, que demuestra una pasión confesa y convita por el deporte del balompié. Sólo le restó recordar sus años juveniles en que emulaba a Casillas en el campo del Greco con aquellas estiradas sobre los toniques que le dejó más de un moretón. Otro día se enganchó una oreja en los alambres sueltos de una portería de hockey sobre patines. Y en otra ocasión jugó un partidillo en el Rodríguez López con un Miguel Ríos pletórico que, en el descanso de la prueba de sonido del Rock in Rio multitudinario en Tenerife, rogó al utillero del Tenerife que le sacara unas pelotas para dar unas cuantas patadas al balón. El fúrbol es la pasión del fin de semana. Y, como dice Carmelo, es capaz de llevarse de calle a la política.

     

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