EL TERREMOTO ELECTORAL

 

Los terremotos de Canarias –y se registran numerosos casi a diario- suelen ser irrelevantes, y sólo una minoría de ellos resulta perceptible para la población. Dormimos tranquilos confiados en el oráculo de los geólogos y volcanólogos que nos han dictado conferencias, sumamente documentadas, sobre el escaso riesgo sísmico del archipiélago, por las dimensiones de la falla entre Tenerife y Gran Canaria.

Éste de Murcia (un terremoto clónico del de Santa Cruz de Tenerife el 9 de mayo de 1989, sin víctimas) es un aldabonazo en una España sísmicamente peligrosa hacia el sureste peninsular, que se había olvidado por completo de sus movimientos telúricos históricos. Ese tipo de olvidos imperdonables que asesta un cascote de alguna cornisa sobre la cabeza de alguien que pasaba por allí, el día que la tierra tembló apenas 5.1 grados en la escala de Richter, y lo deja en el sitio. Estos muertos evitables dan rabia, porque esa región meridional es propensa desde hace siglos a graves terremotos, con centenares de muertos sobre sus espaldas. Ignorarlo es de juzgado de guardia, amén de una vergüenza criminal.

Con motivo de este ‘japonazo’ en la urbe de Lorca, muchos se desayunan con el recuento de esos seísmos devastadores de los años 20 y 80 del siglo XIX. Oirán hablar de miles de edificios destruidos por el remezón y sus réplicas, y se preguntarán por qué en todo este tiempo no se han adoptado las medidas de prevención y seguridad en los inmuebles levantados sobre semejante bomba de relojería. La zona oceánica frente al cabo de San Vicente, al suroeste de Portugal, es una de las más sísmicas del mundo, con su ‘Punto Triple’, en que se produce el encontronazo de las placas euroasiática, africana y atlántica. Literatura hay para rato sobre el terremoto de Lisboa, por ejemplo, que sacudió Andalucía y media Europa en 1969. Pues el sureste español es, como el Pacífico latinoamericano y asiático, un hervidero de puntos negros donde en cualquier momento se despierta el monstruo. España no estaba a salvo. Salvo de la dudosa buena memoria de sus gobiernos y alternativas, que han sentido la sacudida en medio de una campaña electoral anodina, cuya única noticia impactante ha sido ésta. El terremoto.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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