LA PUERTA CERRADA DEL SOL

 

La movilización del 15-M en el último tercio de la campaña electoral ha sido un acicate para ésta, un revulsivo, y confieso mis simpatías por esta irrupción contestataria, que ahonda en las raíces de un problema –el problema- de la crisis: los partidos, las organizaciones todas, por lo general, no funcionan en la buena dirección. Sería un error –y una exageración- equiparar las concentraciones de Puerta del Sol y las del resto de ciudades, incluidas las canarias-, con la Plaza de Tahrir, en El Cairo, corazón de la revuelta que acabó con Mubarak. No creo que haya muchos demócratas –desde luego, no cuenten conmigo- que transijan con esa clase de comparaciones a la ligera. La democracia –la española no es una excepción- es un modelo perfectible, pero su continuidad es innegociable. Los partidos, sindicatos y todos lo demás estamentos que han ido perdiendo músculo participativo, reducidos, por la inercia y el dirigismo, a máquinas de poder, han de cambiar, y lo saben. Esta indignación juvenil inspirada en el panfleto certero del nonagenario Stéphane Hessel, tiene la virtud de aclamar esa regeneración en la plaza pública, como una demanda social, a sabiendas de que sólo así los aparatos políticos se sentirán urgidos. La Puerta del Sol, en este sentido, ejerce la fuerza mediática de los desencantados de las redes sociales, cuyo ‘papel’ correspondía hasta ahora a la prensa: los políticos suelen reaccionar a golpe de titulares. Y las prohibidas concentraciones de Madrid y resto del Estado –la Junta Electoral se ha cubierto de gloria con semejante ‘des-medida’- han conseguido el eco periodístico que los partidos –despreciando a los periodistas con ruedas de prensa sin preguntas y bloques electorales infumables televisados por imperativo legal- no obtuvieron en los medios de comunicación por derecho propio. Para huir del oportunismo novelero de un mero happening electoralista, los cuadros mejor preparados de esta corriente de opinión habrán de constituirse en grupos de trabajo para los meses venideros, o podrán morir de un éxito efímero.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario