AL VENT

 

Por lo visto, hay cierta inquietud en Europa por las dimensiones que va adquiriendo el movimiento del 15M. Una preocupación comprensible, ante el temor de que España se ‘grecialice’, pero, a la vez, una muestra de ‘señoritismo’ burgués por venir de quien viene, el comisario de Economía, Olli Rehn, que nos mira desdee la autosuficiencia de su nirvana finlandés originario.

A lo que iba. Europa se intranquiliza ante el riesgo de que los jóvenes que toman la calle, tomen, en la práctica, las riendas de una influencia popular (que nadie lea PP) en la sombra que derrote socialmente, por vía extraparlamentaria, las reformas que desgarran a Zapatero. Rubalcaba mantiene, por ello, un pulso con el presidente (al parecer, ambos se han distanciado en las últimas semanas) para adelantare las elecciones: el candidato tiene la palabra, pero el todavía inquilino de la Moncloa es el único que tiene el poder de convocarlas. La manifestación del 19J era contra el Pacto del Euro, que consagra la pérdida de derechos de los trabajadores (menos salarios, más impuestos, jubilación más tardía). Europa, por tanto, se da por aludida, y tuerce el gesto en señal de disgusto. No le agrada que la gente le reconvenga en la calle y cuestione las recetas de austeridad extrema que exige tanto la UE como el FMI y el BCE (Banco Central Europeo) para que el déficit no descarrile y los mercados (las famosas agencias de calificación  ya se encargan) no le pongan la cruz a determinados países (nos llaman los ‘pigs’, los cerdos, los estados del sur empobrecidos y arruinados, con grandes bolsas de paro). Los jóvenes airados y violentos de Barcelona, que ahora se las verán con la justicia bajo la losa de delitos penales que probablemente no midieron, no han logrado, por suerte, deslegitimar las demandas justas de los acampados en la Puerta del Sol.

Un movimiento contestatario de esta naturaleza esta abocado a organizarse y adoptar una estructura estable (todo lo rotatoria que se quiera), como no les quedó más remedio a los demócratas de los años 70, que acabaron aglutinándose en torno a lo que llamábamos la ‘Platajunta’, cuyas reuniones se celebraban en el despacho del abogado Antonio García Trevijano, en Madrid, un salón de muebles de metacrilato, como tuve oportunidad de comprobar. Ante España y ante Europa, el movimiento del 15M debe dar el siguiente paso, más allá de un voluntarismo asambleario que acabaría devorándose a sí mismo: debe vertebrarse y elegir voces convincentes, que ayuden a los demócratas elegidos el 22 de mayo y a los que lo sean en las próximas elecciones, a agitar la coctelera de las conquistas políticas y sociales de las últimas tres décadas, en aras de un sistema de libertades más fiable, ético y eficaz.

Este largo ‘mayodelsesentayocho’ promete tener continuidad en el tiempo. El Congreso se hace eco, indirectamente, de algunas de sus iniciativas para ventilar socialmente sus decisiones y abrir cauces de participación ciudadana más allá del formalismo estéril de leyes infructuosas, como la de iniciativa popular. Comienzan a surgir portavoces consensuados que aportan rigor y sensatez, ideas, en fin, para democratizar la democracia y transparentar la transparencia. Del ‘¡Indignáos!’ cabe transitar, como sugiere el propio padre del opúsculo que titula esta fiebre generacional, Stéphane Hessel, hacia el ‘¡Comprometéos!’ (Ediciones Destino, 80 páginas de conversación con el joven escritor y activista social Gilles Vanderpooten). El nonagenario resistente francés es un faro muy venerable y certero, cuyas revelaciones iluminan y guían esta protesta heterogénea en defensa de la libertad, la paz y la inteligencia de una civilización digna del siglo al que pertenece. En esta segunda parte de su panfleto contra los desafueros de los gobernantes tras la crisis, dedica una adenda para “los amigos de los pueblos de España”, que certifica la repercusión de sus seguidores en el país con más paro de Europa.

Repasé ayer, casi involuntariamente, las canciones de los 70 que nos motivaban contra el inmovilismo de la tardodictadura y el postfranquismo residual; canciones, que, al escucharlas en el ‘aire’ (durante una emisión radiofónica en diálogo con Remedios Sosa, vicepresidenta del Centro de la Cultura Popular Canaria), me resultaron inesperadamente vigentes como si acabaran de estrenarlas  ahora los cantantes de aquella hora tan diferente de este país. Sonó ‘Gracias a la vida’, en la versión de su mejor intérprete, Mercedes Sosa, y era fácil imaginar su nítida y potente voz deslizándose sobre las cabezas de las riadas humanas que piden mejores y más honestos dirigentes y gobiernos. Sonaron Labordeta, el Taller Canario, Añoranza, junto al reciente Luis Almeida (que musica aquellos versos que mi amigo Francisco Viñas nos recitaba sin descanso, “que no te construyan jaulas…”) y, por último, sonó, como un himno que te baña de arriba abajo el sentimiento, la mítica canción inolvidable de Raimon, ‘Al vent’. Y estuve todo el día cantando para mis adentros

                             ‘al vent,

                              la cara al vent,

                              el cor al vent,

                              les mans al vent,

                              al vent del món”,

yo que no tengo pajorera idea del catalán, y se me rayaron los ojos como hace treinta y tantos años. ¡Qué mejores canciones para esta nueva ocasión de encuentro a mares con la verdad de la calle! Como en las sucintas reflexiones  redactadas por un anciano que no se rinde, el movimiento 15M tiene ahí, en esas canciones de protesta históricas e irrepetibles su mejor fuente de inspiración, yendo de la mano viejos y nuevos cantautores.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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