… Y ZAPATERO DIJO ADIÓS

 

Los debates de la nación suelen ser un ‘coñazo’ o (como me corrige una oyente) un ‘tostonazo’. Éste no lo ha sido menos en sus pasajes más previsibles: el toma y daca, el rifirrafe, el vituperio y la zancadilla. Pero ha tenido una deriva emotiva que, en su recta final, esta mañana, me resultó un debate de cercanía. Así que el debate se humanizó tras el descarrilamiento incorregible de los oficiantes (ser diputado a menudo me parece un sacerdocio lleno del mismo mimetismo ‘oscurantista’ de los curas de verdad y del manual de estilo al uso, con la Biblia del partido incluida, los tics de la liturgia de los plenos parlamentarios, en fin…, todo lo que hace de la política y de los debates una cosa muy aburrida, cuando no debiera serlo necesariamente). El último debate de la nación de la legislatura ha sido, en efecto, el debate de la despedida de Zapatero, que no será candidato. Ana Oramas le dijo que puede marcharse mirando al país a los ojos (sin agachar la cabeza) por las reformas que ha acometido en la segunda parte de su segundo mandato. Le acunó en sus palabras más tiernas, recordándole el tiempo que le ha robado a la familia y que ahora podrá devolver a sus hijas, y le dio una especie de abrazo lagunero, de alcaldesa a presidente, los dos cargos que, a su juicio, arruinan más la vida familiar de un político. Zapatero y CC han terminado bien, después de un período agrio, en que no se miraban a la cara. Hermoso, en su etapa, tampoco tragaba a Aznar. Y Paulino Rivero iba por el mismo camino, hasta que –a la vista está- terminó teniendo química –eso que dicen que existe o no existe en política y de ello depende todo lo demás-. Acaso la famosa Comisión del 11-M tuvo la culpa de ese escoramiento de los nacionalistas canarios hacia el PSOE antes que hacia el PP, con el que gobernaban en las islas cuando todo se fue al garete tras la foto. (La foto es la de Zapatero y Paulino Rivero en la Moncloa, ya se sabe). Ana Oramas ha sido una diputada portavoz meteórica. Esta mujer tiene madera para la política, cosa que creo que nadie duda a estas alturas, y lo hace bien en el estrado, cosa que le viene de roce a su grupo desde tiempos de Mauricio –ahora tan proscrito por conducir sin carnet, pero quién le borra los años de oratoria parlamentaria en que se conducía sin papeles). Así se hace política en España, con el bipartidismo que le repatea a Rosa Díez, y con los pequeños partidos nacionalistas, que quizá –la historia nos sacará de dudas- nos hayan salvado de acabar como Grecia, aprobando hace unas horas in extremis un plan de austeridad para evitar la quiebra, pero no la horca.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario