EL PAISAJE DE MARIANO VEGA

 

“Nos asusta del muerto su identificación plena con el paisaje”.

(Mariano Vega)

 

Pienso en Mariano Vega en alguna de las maneras más invisibles de ser discreto en la vida. Él inventó la suya. Pasaba de puntillas, quedamente. Fue trasparentándose como el aire, cada vez más sabio en su nirvana, a medida que iba cobrando años y se sentía más seguro de sí mismo y libre. Mariano Vega-Luque dice mucho ahora, mucho más que antes, cuando se daba poca importancia.

Le concedí todo mi respeto y admiración en vida, hablábamos de la tal poesía como una amiga soltera que podía ser de muchos a la vez. Hablábamos de teatro, que le traía por la calle de la amargura ante la crisis de fondos para el último montaje. De poesía conversamos, digo, sobre todo. Recuerdo que me dijo en una cafetería que era un poeta de guardia esperándola, y en una sobremesa enLa Palma, brindamos por ella con copa y todo. Mariano Vega, que acaba de morir este domingo como si cerrara la puerta sin hacer ruido, era complaciente y generoso; te regalaba elogios desmesurados. ¡Cuánto poder estimulante tienen ciertas palabras en ciertos amigos y momentos, incluso cuánto curan, como dice Alex Rovira!

Nos entrevistábamos mutuamente –esa impostura a que obliga responder sobre uno, habituado a hacer preguntas ajenas-, y él siempre lo hacía con una enorme condescendencia, desde su exquisita afición a las palabras y la radio. Una vez, en medio de una entrevista televisiva que grabó para Canal 7, preguntó por el artesonado de mis comentarios en Radio Club, tenía esa curiosidad sincera por conocer el andamiaje literario de los demás, revelando, de paso, su faceta de lector fino de radio. Al poeta precoz Félix Francisco Casanova le preguntó qué palabra le daba mala espina, y el también novelista autor de ‘El don de Vorace’ le contestó desde la cama de su casa tras recibir el Pérez Armas, una: “Trascendental”. Odiaba ese vocablo que, sin embargo, le perseguiría póstumamente, cuando empezó a trascender con pisadas de Rimbaud.

Mariano Vega deja poemarios, ensayos, teatro, literatura bien escrita y bien publicada y premiada, y seguramente alguna otra obra inédita, que su inconsolable compañera y esposa Olga Bencomo dará a la luz. Ninguna palabra le va a asediar en su contra a Mariano Vega, que era amigo de todas las palabras, hasta de las malas palabras, como si las quisiera redefinir con una bonhomía que traspasaba el idioma sin alzar la voz. Mariano habría acabado con la crispación por decreto de las musas. Le espera una posteridad agradecida, estoy seguro, un destino propio en la historia de las letras. Sus cuadros poéticos colgados en las paredes del Círculo de Bellas Artes, líneas y versos en suspensión, lo definen con la síntesis que cultivaba en estrofas taoístas.

Acaso de Mariano Vega ‘trascienda’ por su voz, como Frank Sinatra. Tenía un arpa en la garganta que se disputaban los documentalistas, hablaba con el instrumento de los elegidos para ganarse la vida como locutor, y él obedeció el dictado del destino ejerciendo en RNE y TVE hasta jubilarse. Pero también le aguarda el sitio que le corresponde en nuestro olimpo insular, como el poeta callado que no buscaba versos, le bastaba con hacerse el encontradizo, como me dijo aquella tarde en la barra del café. O como dramaturgo parco pero audaz, inmortalizado en ‘Apaga la luz y enciende los sueños’, que ofertó al Leal cuando reabrió las puertas tras una siesta interminable. O como cuentista (‘la vieja moneda de Coly’), que no necesitó prodigarse. O quién sabe si como novelista introspectivo de la isla, en su ‘Pie de lluvia’. Queda por compilar los artículos en la edición de papel de este diario.

Yo lamento quedarme más solo sin Mariano, qué quieren que les diga, egoístamente; aun siendo esporádicos los encuentros que tuvimos, era mi interlocutor favorito, casi exclusivo, en el tema que nos unía confidencialmente, la vagarosa poesía que nos acompaña desde que nacemos hasta la muerte, para seguir su vuelo sin nosotros, de rama en rama, de árbol en árbol y de sol a sol, dispuesta a alcanzar el horizonte, como miran los mares. Ese paisaje.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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