OASIS PERÚ, ¡ASU MARE!

                       

Cuando hace cuatro años -era agosto- salí de Perú, dejé un país noqueado por los bandazos de la tierra en uno de los peores seísmos de su historia. Los peruanos tienen una muletilla, ¡’asu mare’!, para expresar perplejidad o admiración. Ahora, como entonces, ese mantra popular da en el clavo, y no a causa del nuevo terremoto ‘inofensivo’ que azotó la selva el pasado 24 de agosto. Esta vez encuentro un Perú que, si bien se reconstruye a paso lento, me deja con la boca abierta por su vitalidad económica.

Un economista con vocación didáctica, Jorge González Izquierdo, reseña un diagnóstico que deja a Perú fuera de peligro del terremoto bursátil (lo dijo con estas palabras: “El crack de las bolsas ni cosquillas nos hace”) y apenas le augura un leve carraspeo de su fuerte crecimiento. Perú se desentiende de la crisis, vive en otro mundo, como un oasis. ¡’Asu mare’!

Ayer, paseando por las galerías de la gran superficie de Ica, Plaza del Sol, me trastabillaba con la gente. Pedí mi café expreso habitual (4 soles, 1.2 euros) en ‘La Croissantería’ (donde el día del partido de vuelta dela Supercopalos goles de Messi en la gran pantalla de plasma sabían a sus mullidas magdalenas ‘Muffin’ recién salidas del horno) y no conseguí mesa. Los locales de ‘Claro’, la empresa de telefonía, las franquicias de comida rápida, el parque infantil con cochitos locos, el supermercado ‘Tottus’, la tienda de ropa ‘Topitop’, o ‘Sodimac’ (un ‘home center’ de enormes dimensiones) estaban igualmente abarrotados. En la librería, el amante del escándalo Jaime Bayly ajusta cuentas con sus enemigos particulares y publica ‘Morirás mañana’, que aquí consigues en versión pirata a diez soles, cuatro veces más barato que la edición original de Alfaguara. Bayly, autoexiliado, ‘está muerto’ en Perú por cinco años, porque  apoyó a Keiko Fujimori frente a Ollanta Humala, el nuevo presidente.

Perú es un país superseguro si se habla de economía, pero infraseguro en la calle. Y este último es el problema. La casa de la exesposa del presidente saliente, Alan García, en  un barrio exclusivo de Lima, fue asaltada por ladrones, que treparon la pared y se llevaron algunos regalos recibidos de jefes de Estado durante el último mandato (lo que delata a Alan por llevárselos a casa). En la última semana, secuestraron a un adolescente, hijo de un empresario coreano; pedían de rescate cinco millones de soles. Entre tanto, una joven estudiante es objeto de la ira de un sector sobresaltado de los peruanos, que la acusan arrojándole piedras  de haber asesinado a su novio durante una excursión. Y dos niñas heridas en sendos atentados protagonizan una cruzada nacional contra la delincuencia. El seísmo inocuo de Pucallpa (200.000 habitantes), sin muertos, pasó, por tanto, inadvertido en medio de este volcán.

El hecho es que el gobierno del nacionalista Ollanta Humala tiene más dinero que ningún otro en la historia del país, y el ministro de Economía y Finanzas, Luis Miguel Castilla, un hombre que sonríe, tan distinto a sus colegas sombríos de Europa, “levanta los candados” de la inversión pública y el gasto social. Esa desinhibición contable es lo primero que me impacta. En cambio, las noticias de Canarias que me llegan, el mismo cuento de España, Europa y Estados Unidos, nos emplazan a nuevos ajustes, como si el décimo aniversario del 11-S sólo encajara en medio de una hecatombe mundial.

Tengo la sensación, en este viaje del ocaso al cénit, de estar en medio de una broma larga de cinco semanas de estancia en un estado de incredulidad. Cuando volé de Madrid a Lima, atrás quedaba, bajo una catalepsia económica, una España abocada a adelantar las elecciones, y al poco de aterrizar en el Jorge Chávez, se tambaleó la primera potencia del mundo y después Francia. Palabras mayores.  De ahí que esto sea estar en la otra cara de la luna, y me sorprendo admirando con envidia empalagosa el río de familias comprando, como digo, en la boca del lobo.

El peruano disfruta celebrando un pasado inca opulento, el mito de país rico que le otorgó el conquistador Pizarro, que confiaba encontrar un Perú bañado en oro. En su escudo nacional exhibe una cornucopia, símbolo de abundancia. El mito ahora es real, salvo para el hondo Perú inhóspito que nada en la nada. No es embeleco. Y apena pensar que este sueño reverso pueda tener los días contados, como tantos estados emergentes que acabaron en estado de emergencia.

La China de América

El huésped, que carga con la quiebra en el maletín inconsciente, ante un gatuperio consumista sin descanso, haya o no ‘cierra puertas’ (rebajas), se ve tentado a ir de uno en uno contándoles su caso –la morgue económica de Europa, las alegrías que su país pagó caro- para que moderen el gasto y, como dicen por aquí, “guarden pan para mayo”. Perú crece al 9%, esla Chinade América, y guarda en la caja de reservas internacionales el descaro de 47.000 millones de dólares. Un colchón de ricachón.

¿Es oro todo lo que reluce en este país donde el metal más cotizado (que invocan los chiringuitos amarillos de las calles de Santa Cruz) les sale debajo de las piedras, según la opinión popular? No es para tanto, pero la fiebre del oro en Perú, país que lo exporta (quinto productor del mundo), recuerda a las historias de nuestras galerías de agua narradas en ‘Guad’. Como en la novela de Alfonso García Ramos, la mera sospecha de una veta en medio de una explotación agraria, se convierte en un acto de fe. Unos se arruinan y otros se hacen de oro.

 

Pero Perú tiene el oro mal repartido. ‘El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro’, dice una famosa sentencia anónima. Un tercio de la población, disgregada en la sierra y la selva, es pobre de solemnidad, y en los inviernos polares de Puno mueren decenas de niños indefectiblemente. Humala promete llevar los dígitos de PIB que le salen por las orejas a Perú hasta la puerta de los pobres dela Amazonía. LaLima intelectual, la agraria Ica y la blanca Arequipa culta del novelista Jorge Eduardo Benavides, que de la isla saltó a Madrid, son un Perú pata negra, pero Huancavelica, Puno, Cuzco, buena parte de la selva sacudida ahora por el temblor, Ayacucho y la cordillera sur suman un Perú profundo que vive a dos velas. Las comunicaciones terrestres por tortuosas carreteras, a falta de más aeropuertos, estigmatizan a los cerros más apartados. Es el hambre andina. Que desmiente el milagro económico nacional.

En la selva central que sintió el ‘remezón’, de Lima aLa Merced,  tardamos nueve horas por paisajes de ensueño.La Mercedes Tenerife con río, el río Chanchamayo, que nace y se mece casi interminable, como si lo describiera Claudio Magris buscando su origen perdido en algún remoto  chorro entre rocas, hasta convertirse en río Perené, afluente del Amazonas. Es la selva en su apogeo. Los rostros de las mujeres ancianas son acartonados y oscuros, de una vejez inconfesable. Sentada en la estación, una de esas campesinas carga en su manta a la espalda coca para ‘chaccharla’ (masticarla en quechua) y comida para el camino. Su estampa es singular, lleva calado un sombrero blanco, duro y alto, de yeso, como calamina para paliar el sol. Son viejitas muy ágiles las de por aquí. Una sube al bus cargada de un saco de choclos y queso, y se mueve como una ardilla; da las gracias y bendice a los clientes y salta del autocar de dos pisos para subirse al siguiente como una chicuela. Son pequeñas de estatura, se las ve por el arcén acarreando toda clase de cargas a pie como si el cansancio no fuera con ellas. Llegados a Tarma, la ciudad de las flores, el ómnibus para frente a una empresa de ‘combis’ y autocares que lleva este nombre: ‘Los canarios’. Poco antes, Ticlio alcanza una altura de vértigo,4.818 metros(el punto más elevado de toda la cordillera central), con lo que el ‘soroche’ (mal de altura) merodea como un hechizo a los pasajeros, entre los cuales me encuentro, y más de uno lo suelta por la boca. Me ‘choca’, como dicen aquí, y paso el maltrago. ¡9 horas de carretera, una pesadilla! Hace dos semanas se derrumbó un cerro que sepultó la carretera central, paso obligado de las montañas a Lima. Cada uno cogió su equipaje para hacer kilómetros a pie, salvo Rosana Gaby, que se plantó en medio de una vía estrecha y obligó al primer ‘carro’ que pasó a evacuar a su familia por las buenas o por las malas.

En los tramos más secos (la región está en verano y Perú en invierno) sólo crece el ichu, alimento de las llamas en estas zonas recónditas. Pero no faltan recursos naturales. El secreto de Perú: exporta desde harina de pescado, espárragos o alcachofas hasta oro, plata, cobre, plomo y zinc, pasando por café, petróleo y  gas, sin olvidarnos del guano –excremento de las aves de los islotes- con el que pagó una vez su deuda externa. Humala, que con ayuda de Lula venció a Keiko y a la maldición de caer en la segunda vuelta tachado de secundar a Chávez, juró por sus hijos que con este bagaje combatirá la exclusión social que se hacina en la trastienda del país.

El seísmo de Pucallpa

Pobreza y delincuencia, un cóctel perfecto para cercenar el desarrollo. Los sambenitos difaman a un Perú boyante. Incluso, el de narcopaís, inmerso en campañas oficiales para erradicar el cultivo ilícito de la hoja de coca. Y, naturalmente, el de país sísmico, como ha vuelto a recordar ahora el terremoto de 7 grados en la escala de Richter que sembró el pánico en Pucallpa y la selva central, fiel a su cita con los países que atraviesan el cinturón de fuego del Pacífico. Pero ‘viveza’, como admiten los propios peruanos (mitad astucia, mitad talento) les sobra. Me llama la atención su cultura de reciclaje  (todo se aprovecha y reutiliza) y de compraventa que lleva en las venas (la misma cosa se vende y revende incluso en el seno de las familias). Pero debo decir que en uno de los numerosos kiosquitos de esquina, el vendedor me devolvió la moneda: le había dado por error cinco soles en lugar de uno por una bolsa de camotes (batata).

Pese a la desaceleración de EE.UU. y Europa, Perú seguirá siendo un país privilegiado: crecerá más de un 6%  (tres puntos menos por la bajada de los precios de los metales y de la demanda exterior). El semanario ‘The Economist’ lo conceptúa como sexto país con mayor crecimiento económico del mundo. ¿Ese vals económico peruano en un extenso territorio (el tercero de América del Sur y vigésimo más grande dela Tierra) habitado por 30 millones de personas, está a salvo de perder el compás? El ministro de Economía admite “cautela” en 2012. Pero enseguida saca pecho: si el mundo decae, el país se levanta: el dinero norteamericano, a cero de interés hasta 2013 en su país, buscaría refugio en Perú.

Me veo explicando el proceso ‘kafkiano’ de España del superávit al déficit como un sonámbulo haciendo proselitismo. Les dibujo el mismo monólogo a la sanguina,  ‘que viene el coco’, les digo goyescamente, sin mucho poder de convicción ante el escepticismo retratado en su rostros. Y, al tiempo, veo desfilar una bandada de jóvenes ofreciendo insistentemente en los centros comerciales tarjetas de crédito gratuitas. ¿A qué me recuerda? ¿Acertará Perú a recoger velas a tiempo? “El mar pliega las alas al atardecer”, escribió la poeta limeña Blanca Varela.

¿Emigrarán los españoles -en paro epidémico- a Perú, como hasta antesdeayer hicieran los peruanos a España, en tiempos de vacas gordas, movidos por el cambio ventajoso de las remesas en euros (casi a cuatro soles)? Cabe tal posibilidad, para sonrojo de la embajada española en Lima, que ha negado el visado abusivamente a todo peruano que pretendiera visitar España. Pero la fama de vellocino de oro de América desde que el inca Atahualpa le regaló inútilmente al conquistador un cuarto lleno del preciado metal como rescate a cambio de su libertad, sin conseguirla, atrae ya a canarios y españoles, inversores y profesionales. La paisana presentadora de televisión Verónica Homs, que suelo ver en ‘América TV’ en el programa ‘Lima limón’, es un buen ejemplo de ello. Siempre se dijo ‘vale un Perú’  a lo que tenía mucho valor. Las palabras vuelven ahora sobre sus pasos.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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