EL PERÚ DE OLLANTA HUMALA

 

Perú vive el debut del presidente Ollanta Humala (con el que se escora a la izquierda nacionalista como otros estados de la región) bajo un agitado debate sobre su Talón de Aquiles, la criminalidad callejera, que afea su imagen de país en alza. El gobierno declara la guerra a la delincuencia común con miles de policías en la calle. Humala se estrena hablando de seguridad, mientras el mundo habla de economía.

Dos niñas, Romina y Ariana, populares por haber sobrevivido a sendos atentados, ponen rostro a la catarsis nacional. “Que Dios te bendiga, cuídate”, le dice Romina en un mensaje desde el hospital donde sigue después de un año, a la última víctima, herida hace pocas semanas.

El caso de Ariana se ha erigido en una cuestión de Estado, alentada por el propio padre de la niña. El congresista Renzo Reggiardo, un locuaz exfujimorista, sabe que lidera una causa sensible: la lucha contra el bandidaje, auténtica lacra de Lima y Trujillo.

Mis crímenes favoritos

Al llegar pregunté cómo iban mis ‘crímenes favoritos’. Encabeza la lista el de la empresaria Myriam Fefer por presunto encargo de su propia hija, Eva Bracamonte, que ya purga prisión provisional. Hay una sustanciosa herencia de por medio y una familia endiablada: el hermano culpa a la hermana, y el padre llamó una noche a un programa de televisión para decirle al abogado de su hija, entrevistado en directo por la reputada periodista Rosa María Palacios, que le podía “mamar los huevos y chupar la pinga” (sic).  El periodista y escritor Beto Ortiz se ganó esta amenaza del padre de una azafata televisiva a la que involucró en la historia: “Te voy a enviar un francotirador”.  No se lo mandó decir con nadie.

Otro es el caso abierto ‘Tozzini-Bertelo’, que conmocionó en los90 ala alta sociedad de una Lima pendenciera digna capital de novela negra. Dos hermanos acusados de planear doce años atrás la muerte de sus padres, ante la pereza de la justicia, apuntan a una esperpéntica pareja de presuntos asesinos: Alicia Alvarado, una ruda asistente doméstica despedida antes de los hechos, y su siniestro hijo, Jorge Culquicóndor, ya con antecedentes violentos en su hoja de servicio. No te aburres delante de la irresistible telerrealidad peruana (que es de mejor calidad que la española). El programa matutino ‘América noticias’ dedica un noventa por ciento del tiempo a asaltos, raptos  y violaciones, y el homicida suele  brindar su testimonio a la cámara.

En mi lista negra constan dos episodios más, etiquetados con el género ‘crímenes pasionales’. La cantante ‘vernacular’ (folclórica) Alicia Delgado, murió a manos de un sicario contratado, al parecer, por su propia pareja lésbica, Avencia Mesa, también intérprete, apodada ‘La Pistolita’, por tener que hacerse respetar con su arma de fuego ante su público, frecuentemente ebrio. Y luego está el asesinato del carismático estilista Marco Antonio, asiduo de la televisión, fábrica de ángeles y demonios.

En este viaje, el culebrón de turno corresponde a una pareja de estudiantes limeños de ingeniería forestal, que se perdieron durante una excursión por el valle del Colca (Arequipa). Rosario Ponce, a la que le tiran piedras, pudo ser rescatada en estado de shock, pero el novio, Ciro Castillo, lleva desaparecido cerca de cinco meses, y todas las miradas la buscan, mientras la joven, sonriendo sin venir a cuento y no sabiendo responder a la lluvia de sospechas, le envía mensajes a la víctima en facebook como si estuviera vivo. La gente la insulta lapidariamente cuando asoma la cabeza. Al ser encontrada, la joven no preguntó por el chico, sino “quién ganó las elecciones”.

El factor Vargas Llosa

Pero este es un pueblo entrañable, con un corazón a prueba de terremoto. Lo vi con mis ojos aquel día de agosto de 2007, en que un temblor de 7.9 grados en la escala de Richter, que duró casi tres minutos, afectó a medio millón de personas y mató a medio millar. Vi hasta qué punto es un pueblo solidario, aferrado a su tierra. El peruano es muy peruano. Vuela con la imaginación a su país, su calle, su casa, allá donde esté en el mundo. Y sus vacaciones son las de la niñez. Julio Ramón Ribeyro –les remito a las aguas de sus cuentos- decía que, estando a solas en Múnich, bajo el frío, soñaba todo el tiempo que estaba pasando “unas clásicas vacaciones” en la sierra peruana, mientras, para sentar las madres de la nostalgia, escribía la novela ‘Crónica de San Gabriel’.

Otra cosa que sucede con el peruano es que le duele todo lo que le pasa a su país, esté dentro o fuera, como le ocurría a César Vallejo en París a solas. Ahora vela por su despegue turístico, al calor del centenario este año de su joya incaica, la ciudadela de Machu Picchu. Vive en una ola de peruanidad.  Eran fechas patrias, en el 190º aniversario de la independencia. Motivos de orgullo nacional para invertir una baja autoestima atávica no le faltan: la cocina de Gastón Acurio (les recomiendo su ensayo ‘Peruanicemos el mundo’), el chef peruano de mayor proyección, del que Ferran Adriá me dijo en Tenerife que era su prolongación en América; el cebiche, que luce Perú en la pechera; el pisco (del que se deriva el famoso trago ‘pisco sour’), cuya paternidad defiende frente a Chile con tanto fervor como el territorio fronterizo que ambos estados discuten enLa Haya; el tenor Juan Diego Flórez (amigo de Canarias y heredero de Kraus); el célebre fotógrafo de la ‘jet-set’ mundial de la moda Mario Testino; la campeona del mundo de ajedrez sub-20, Deysi Cori…, y su consagrada literatura. La cantante afroperuana Susana Baca, ministra de Cultura, está llamada a desempolvar las raíces de toda esa identidad.

En los restaurantes, donde la gaseosa nacional ‘Inca Kola’ ha desplazado ala Coca Cola, se ofrecen servilletas con el lema ‘Viva el Perú’. En la calle se leen pintadas y letreros con el rótulo ‘El orgullo de ser peruano’. Y una filosofía de vida casi hedonista inspira campañas y spots, como en la cerveza que promociona el cantante más conocido, Gianmarco, en televisión, o el eslogan de la cadena de supermercados ‘Plaza Vea’: ‘Llevamos más felicidad a más peruanos’. Perú comienza a creerse, máxime desde la concesión del Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa (el primer Nobel peruano), cuya talla contagia toda la nueva grandeza de un país grande de por sí que se achicaba fácilmente. Hasta los goles de Guerrero enla Copa América(Perú obtuvo el bronce) lavan su desprestigio futbolístico (y el naufragio económico de equipos históricos, como la ‘U’, que entrena Chemo del Solar) y convierten al seleccionador, el uruguayo Sergio Markarián, en un referente mediático. Pero esta terapia de grupo de todo un país, contra los estragos del terremoto de 2007, colisiona con las bandas de marcas, que asaltan y, a menudo, matan.

La bala rozó el corazón

El jueves 4 de agosto, en Lima, saltó la agenda política por los aires. El congresista Renzo Reggiardo, que se negó a apoyar en las últimas elecciones a Keiko Fujimori (hija del político de origen japonés, en prisión tras gobernar diez años en los noventa, en los que se dio un autogolpe) corrió hacia la calle al oír disparos cerca de su oficina y halló a su esposa tirada en el suelo y a su hija Ariana, de nueve años, bañada en sangre. Él mismo la evacuó a un hospital y pensó que se le moría en los brazos. La bala le atravesó el pecho y pasó rozando el corazón. La pequeña ya ha sido dada de alta convertida en heroína.

Un año antes, Romina Cornejo, que tenía cuatro añitos, fue tiroteada por un desalmado, José Astuhuamán, alias ‘Papita’, pendiente de condena. En ambos hechos, la policía cree acreditada la condición de ‘raqueteros’ (criminales que actúan al azar), auténtico cáncer del país. El Congreso creó una comisión especial de seguridad ciudadana y le cedió a Reggiardo la presidencia. El propio Humala preside personalmente un consejo nacional de seguridad ciudadana de nueva creación.

La polémica derivó en seguida, sin ir más allá, hacia el espantajo de la pena de muerte para estos casos, y el fiscal de la nación, José Peláez, propone reabrir la isla-penal ‘El Frontón’ para recluir a los presos peligrosos. La cárcel fue clausurada hace veinticinco años tras un motín de reos por terrorismo que resultaron en su mayoría muertos.

La violencia, grabada con fuego en el inconsciente  del país, tras el decenio negro de Sendero Luminoso en los 80 (su líder, Abimael Guzmán, fue detenido en 1992) y la lucha subversiva del MRTA, pervive en la sierra y la selva en focos de narcoterrorismo. Humala, un excomandante que se alzó contra Fujimori al término del régimen, cuando el maquiavélico asesor del presidente, Vladimiro Montesinos (el que grababa videos, los ‘vladivídeos’, con sus graves corruptelas), huía en un velero, asume con la presidencia la jefatura de las Fuerzas Armadas, y se pone  a prueba con el caso de su hermano Antauro. Este cumple 25 años de prisión por el ‘Andahuaylazo’, el asalto a una comisaría que costó la vida de cuatro agentes, y espera ser amnistiado o indultado, con la aquiescencia de su padre, el patriarca de los Humala, don Isaac. La misma sospecha recaía sobre Keiko, si ganaba, respecto a su padre, con idéntica condena por crímenes de lesa humanidad y corrupción. En un arenal junto ala Panamericana Nortede Lima, han aparecido los restos de nueve campesinos de Santa, los ‘nueve santeños’, asesinados hace 19 años por el ‘grupo Colina’, escuadrón de la muerte creado en tiempos de Fujimori. Perú está saliendo debajo de la tierra.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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