EL ADIÓS A LAS ARMAS DE ETA SIN BAJARSE DEL CABALLO Y ENTREGAR EL FUSIL

 


 

El comunicado de Eta, en el que declara el cese definitivo de la violencia tras casi medio siglo de existencia y más de 800 víctimas a sus espaldas, era una consecuencia previsible, en la hoja de ruta de la banda terrorista, dela Conferenciade Paz de San Sebastián, según la información embargada que manejaban varios medios de comunicación extranjeros.

 

En España se olía que la renuncia a las armas de ETA estaba próxima, pero los grandes partidos fueron fieles a su guión hasta el último momento. Los socialistas se mantuvieron en la ambigüedad de respaldar el foro de Kofi Annan y demás celebrities pacifistas y, al mismo tiempo, despotricar de los terroristas verbalmente. El PP abundó en esta última opción, que es la suya propia más característica, y no dio pruebas –salvo haberlas guardado muy bien- de estar al corriente del rumor más extendido en Europa. Hasta última hora, su vicesecretario de Comunicación, González Pons, sostuvo que la conferencia fue una pantomima bien pagada con padrinos de lujo de una paz embustera.

 

Y, sin embargo, este jueves, la sociedad española –y la vasca en particular- escuchó de boca de uno de los tres encapuchados (esa imagen retrógrada de la más anacrónica liturgia fetichista etarra que transmite por sí misma la obsolescencia del terrorismo vasco) que se ha abierto un nuevo tiempo político, la violencia ya no tiene lugar ni sentido y sólo resta negociar beneficios penitenciarios para sus presos, dicho sea en una lectura libre del comunicado de ocho párrafos. La negociación que solicita ETA con los gobiernos de España y Francia, por tanto, se refiere a los etarras que están en la cárcel. Del comunicado no se desprende que sus autores pretendan llegar a un acuerdo con ambos estados sobre la independencia política del País Vasco, su dinamo histórica. Se desprende, sí, en cambio, que los violentos se han ‘rendido’ ante la evidencia de que con métodos pacíficos, la izquierda abertzale ha logrado regresar a las instituciones, con una sustancial cuota del electorado en sus alforjas, y que por la vía armada sus militantes están condenados a purgar largas condenas entre rejas, quién sabe si bajo el nuevo formato de cadena ‘perpetua revisable’, como deslizara el PP en la conferencia de Málaga.

 

Tuve oportunidad, hace meses, de entrevistar a uno de los fundadores de ETA, Julen Madariaga, tras el fracaso de la tregua anterior, con el atentado mortal dela T-4de Barajas, en 2006, y no ignoro desde entonces que, incluso un etarra ‘arrepentido’ como este profesor de Economía, parecía comprensivo con el “desliz” de los terroristas, que, a su juicio, no pretendían matar y volver a las andadas, sino “dar un aviso al Gobierno de Zapatero de que el proceso de paz iba muy lento y había que activarlo”. ¡Una simple travesura que costó dos vidas humanas!

 

Lo que viene y toca tras este comunicado es, justamente, eso: hacer encajes de bolillo desde el Estado para desarmar a los terroristas –cogerles por la palabra, diríamos-, sin mayores concesiones en la política carcelaria, sino las justas ateniéndose a la fase del nuevo proceso en el que estamos. La generosidad del Estado llegará, pero será –debe ser- al final de un largo recorrido, en el que todavía faltan etapas que quemar: un procedimental perdón ineludible por parte de los asesinos a sus víctimas y familias. La entrega material de las armas, verificada por observadores internacionales. La inserción en la vida democrática mediante fuerzas políticas legales y, muy en último término, la remisión de penas, los indultos a que hubiere lugar y el acercamiento al País Vasco de los presos con mayores condenas por sus salvajadas (costará trabajo tragar los exabrutos y amenazas de Txapote, el asesino de Miguel Ángel Blanco durante el juicio). Que nadie, en su sano juicio, albergue la sospecha –o el deseo- de que sería factible un canje a lo israelo-palestino de mil por uno. Ni España es Israel, ni Euskadi la franja de Gaza.

 

ETA se jubila. Pero el resto de los españoles no padecen una repentina amnesia. El nuevo Gobierno que salga de las urnas el 20-N deberá gestionar el final de la banda armada con un sentido histórico de la paz sin rebajas que no desanime a los violentos ni –a su vez- irrite a las víctimas hasta el punto de indisponerlas con cualquier tipo de solución dialogada. Las víctimas no se presentan a las elecciones y sacan conclusiones en el terrerno meramente sentimental. Ayer fueron los únicos que no se felicitaron abiertamente por este adiós a las armas de ETA sin bajarse del caballo y entregar el fusil. O sea de boquilla. Aunque esta vez sí les creyéramos, porque, estando derrotados, buscan una salida airosa para Otegui y el mundanal vasco entre rejas.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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