EL DÍA DESPUÉS

No está la democracia europea como para tirar voladores, ni los Toste para bromitas recurrentes como ésta sin ánimo de recochineo para el sector de los fogueteros en crisis. Pero ese sentimiento repentino de éxtasis que embarga al voluble europeíto de turno ante la irrupción de un par de gobiernos tecnócratas sin el aval de las urnas –Italia y nada menos que la preterida Grecia, madre de este invento-, me produce ‘desasosiego’, como decía Pessoa, que era un poeta hipocondríaco alerta a las señales del mundo. Este ‘día después’ en España es, con estos antecedentes, un signo de salud democrática, por lo que se ve, a contracorriente: el nuevo gobierno sale –¡oh, albricias!- de un proceso electoral y no de la tutela golpista de la banca y los intereses espurios de los mercados contra la soberanía popular de estados  supuestamente democráticos. Los mercados ‘indignados’ nos han metido dos goles por la escuadra. En Europa –abocada al caos, como si ‘La tierra baldía’, de Elliot fuera un poema de hoy y el grial de la reconstrucción tras las ruinas tuviera que esperar unos cuantos países rotos más- están pasando cosas que abochornan a cualquier demócrata con principios: gobiernos y gobernantes borrados del mapa por la ‘magia-codicia’ de los especuladores, como se rebota Juan Tamariz. Un obsecuente funcionario del ‘Gran Hermano’  Goldman Sachs -Monti asesoró al poderoso banco USA– manda en Italia sin votos, entre aplausos. De ahí que hoy, en nuestra resaca electoral, cabría decir –parodiando en buena hora al amigo J. M. Pitti- que “ha ganado la democracia”. Noticia nada irrelevante, bajo los auspicios que recorren el continente. Que los corresponsales extranjeros sentenciaran que “gane quien gane, gobernará Merkel”, refleja esa deserción política que se instala peligrosamente en Europa, donde, con la ‘prima de riesgo’ por todo axioma, se quitan y ponen gobiernos a dedo, sin un mínimo reparo formal como el del golpe hondureño. Somos víctimas de los designios deliberados de los mercados, que tienen las perras y ladran a España con verdades o mentiras sobre su deuda soberana. Al nuevo gobierno de Rajoy, llamado a no defraudar a cinco millones de parados y más-menos quinientos puntos básicos de diferencial con el bono alemán, Europa le da la bienvenida, aunque dada su procedencia genuinamente democrática en estos tiempos pueda llamarle la atención. Un diputado italiano, fiel a la ocasional vis cómica de esa cámara irreverente, lucía un brazalete negro ante la llegada de Mario Monti, y a cuantos le daban el pésame, explicó: “Ha muerto la democracia”.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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