LAS MEDIDAS

 

Las medidas. Rajoy, encumbrado por los votos en España, ha de someterse todavía al tribunal inquisidor de los mercados de Europa, que ya han dado muestras de falta de respeto a las urnas. Con mayoría absoluta podrá gobernar a sus anchas el país que lo ha elegido, si bien falta saber qué harán los susodichos si las medidas extraordinarias que aplique no son de su agrado, o no todo lo draconianamente ortodoxas que quisieran. Estamos instalados, de facto, en una democracia tutelada, al estilo de los gobiernos electos en regímenes seudocastrenses, cuya sombra amenaza intervenir en cualquier momento y restablecer el orden y la seguridad. Egipto es un ejemplo, hoy mismo aún, de sistema militar que, apadrinando sobre el papel una salida democrática, se reservaba poderes que, en la práctica, iban a constituir obstáculos para una libertad efectiva. Y de ahí que hayan vuelto las movilizaciones ala Plazade Tahrir. Marruecos ha sido una democracia restringida y sin vergüenza, que en la práctica era el coto privado del rey. Las elecciones legislativas que ponen a prueba la nueva Constitución, menos condicionada por los poderes del monarca alauí, nos dirán en las próximas horas hasta qué punto reflejan la verdad política del país. La democracia se abre paso en el norte de África, con evidentes dificultades, mientras enla Europaque daba lecciones de libertad se va poniendo piedras en el camino. Los casos de Grecia e Italia, de Papandreu y Berlusconi, pueden parecen excepciones –en cualquier caso, dos excepciones fríamente programadas-. Pero el tercer gobernante elegido por el pueblo que sea apartado de las urnas bajo el chantaje de los mercados y sustituido por un tecnócrata profesor universitario o abuelo arrancado de los brazos de la nieta para prestar un último servicio al país, dará origen a una ‘primavera europea’. Si el euro termina cayendo tenemos que prepararnos para todo. Rajoy aterriza en un momento sumamente crítico, con Europa económicamente en estado de excepción. Si acierta lo hacen santo. Si fracasa, consumido por el síndrome de ‘obamización’ que persigue al dirigente recién llegado, será demonizado por los oráculos en la sombra que mueven los hilos del poder y enviado a las calderas del infierno. Arropar al presidente en España ahora mismo se convierte, singularmente, en una prioridad de Estado que conviene al sistema y a los partidos vigentes para su propia conservación. Acaso Rajoy sea nuestra última oportunidad, no ya de que no sea intervenida la economía del país, sino tampoco la democracia del país. Sus drásticas medidas presumibles –del gusto de nadie, del interés de todos- son esperadas como agua de mayo. Pero, en realidad, es lluvia negra de ceniza de volcán. Algunos cimientos saltarán por los aires. Pero nunca debemos permitir que, en un descuido, nos dinamiten por la espalda la democracia en lo más mínimo. Eso jamás. Que pase Rajoy.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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