LA VOLADURA O REFUNDACIÓN DE EUROPA

 


Europa a estas horas se desangra, en lo que Rajoy denominaba este jueves en Marsella, en el congreso del Partido Popular Europeo, la “hemorragia de la deuda soberana”. Pero es una sangría que afecta, más allá de los problemas carenciales sobre déficit y endeudamiento, a la existencia misma del club, del pacto de 27, de la unidad conceptual y monetaria en torno al euro de 17 de esos estados conjurados en torno a la idea –el sueño, se dijo tantas veces- de unos Estados Unidos de Europa. Muere el proyecto, está a punto de hacerlo, lo estamos perdiendo como a un enfermo en situación crítica, si no se alcanza un acuerdo –al parecer, milagroso- en esta jornada de viernes crucial y agónica.

La indudable gravedad de la situación es del conocimiento del mundo entero. Todos los países, las grandes potencias, los estados emergentes y las naciones más empobrecidas del planeta, miran hacia Bruselas dramáticamente expectantes, como quien asiste en vivo a una defunción voluntaria delante de las cámaras, sin entender las causas, ni la pasividad general. El egoísmo ciego elevado a categoría política y a prioridad absoluta está destruyendo Europa por dentro como un virus letal que devora las células de su cerebro. ¿Quién de los jefes de Estado y Gobierno reunidos en este Consejo Europeo –la mejor imitación de un suicidio colectivo institucional- está pensando, en serio, en Europa y no en el bolsillo de su país, en el mantra de Europa y no en la banca de su patria? En Europa, desde hace meses que entró en estado catatónico, no hay intereses exclusivos, sino excluyentes. Nadie piensa hoy en Europa, sino en sí mismo. Es el momento más cicatero y carroñero de la construcción europea, en el último medio siglo, donde ofenden las maquinaciones ventajistas de la todavía poderosa Alemania (tarde o temprano, le salpicarán los efectos de la voladura, controlada o descontrolada, de Europa) y las estrategias de terceros compinchados con las chapuceras agencias de calificación para obtener los tipos de interés más altos posibles en las subastas de deuda de los estados en dificultades. Visto de lejos –todo lo lejos que estamos los canarios de la gallera europea donde se arrancan los ojos con espuelas de carey- es un triste espectáculo que deshonra la memoria de los padres de Europa, por tirar de un lugar común que apele a la sensatez.

La viuda de Europa, Angela Merkel (de luto riguroso últimamente en cada foro y foto), de esta Europa que se nos muere si hoy no se le pone remedio, claudica lo justito ante Francia, ante un Sarkozy consumido por el miedo. Es el próximo en caer bajo la supervisión -¿o la superstición?- de los mercados, tras Italia y España, y la calificación de su deuda sería rebajada de no llegarse hoy a un acuerdo in extremis en Bruselas. Ni siquiera Merkel y Sarkozy han logrado ponerse de acuerdo sobre el papel del BCE (la canciller alemana no quiere oír hablar de una intervención masiva del instituto emisor en la compra de deuda soberana de los países en apuros; Sarkozy y Rajoy alientan esa idea, condenados al fracaso). Sólo han trazado unas líneas maestras sobre la reforma del Tratado de Lisboa, para asegurarse una mayor disciplina fiscal de los estados miembros, so pena de sufrir sanciones por parte del Tribunal de Luxemburgo.

Pero ningún asomo de consenso se apreció en la cena de anoche en que estos señores que gobiernan los estados miembros dela UEse suponía que debían estar lanzando mensajes de responsabilidad y preocupación colegiadas ante los peligros de asistir a los funerales del club. Nada trascendió en ese sentido; seguían prevaleciendo los objetivos mezquinos de cada cual para consumo doméstico de sus electorados o ciudadanos ultranacionalistas. Confío en que la sesión de hoy corrija el rumbo y mantenga a flote este barco común. O –lo dicho- nos hundimos.

La urgente reflexión desesperada que redacto en este trance es producto de un clima económico y político europeo de caos generalizado sin precedentes. Mi generación nació con el parto de esta UE y ve estupefacta cómo se autoaniquila en medio de una crisis económica dantesca que ha roto todos sus diques de contención, como un `Katrina´ descomunal inundando los pilares de un viejo y hermoso sueño. Hemos llegado a la orilla de ese abismo al que se refirió meses atrás Felipe González. Creo que si hoy nos vuelven a faltar al respeto al conjunto de los europeos esta panda de incapaces que dirigen Europa (si persisten en bloquear el margen de maniobra del Mecanismo Europeo de Estabilidad –MEDE-, del FMI y del BCE, maniatados por Alemania y por las divisiones internas entre ellos, y si se impone lo que les separa a los que les une, los privilegios británicos a la necesaria unidad fiscal de la eurozona), dejándonos abandonados a los pies de los caballos de los diabólicos mercados, antes de regresar cada uno a su ‘peseta’ particular, deberían tomar el poder de Europa, aunque fuera simbólicamente por asalto, aquellos que cuando tuvieron que dar respuestas las dieron con mayor celeridad y lucidez: los Jacques Delors, Helmut Kohl y Felipe González, entre otros.

Aquí se viene a salvar el euro y no los votos en las respectivas elecciones. Estamos, en efecto (aceptando el ultimátum del más sincero, al menos, y atormentado presidente dela RepúblicaFrancesa), ante el peligro de una “explosión” de Europa, jugándonos la “guerra y la paz”, un antagonismo conceptual que, no olvidemos, dio lugar a este invento –sueño, en efecto, habíamos dicho tantas veces- dela UniónEuropea, hoy cadavérica y a punto de palmarla. Alguien ya comentaba ayer –no era Ana Oramas- que a Europa hay que “refundarla”. Seamos precisos: a este muerto sólo se le puede, en todo caso, resucitar. Me abono a las más rendidas oraciones del pueblo mientras sus insolventes líderes se ponen a prueba y deciden –a estas horas- si salvar Europa o abandonarla a su suerte.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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