Por qué no me callo. TABURIENTE

 

Como en la última novela de Javier Marías, ‘Los enamoramientos’, se produjo tal cosa en los años setenta y ochenta con Taburiente. Y como le sucede a la protagonista, que se habitúa a ver cada mañana en la cafetería al aparentemente bien avenido matrimonio Desvern, sin saber resignarse a su repentina ausencia, a nosotros, los cariacontecidos acólitos que adorábamos al trío, se nos atragantó la marcha de Manolo Pérez, auténtica ‘clave de bóveda’ del grupo. Miguel y Luis conservaron el nombre y remontaron la crisis con la contribución temporal de músicos de inusual valía. Martín y yo hacíamos una doble página, ‘Música Popular’ –en ‘El Día’ y ‘Diario de Avisos’, sucesivamente-, sobre el fenómeno del folk, folklore y rock en las islas (de Taburiente y Caco Senante a Los Sabandeños, pasando por Pepe Paco y Suso Junco, Grupo Palo, Juvenal, Pluma y Voz…), a cuyo engranaje dimos en denominar ‘Movimiento de la Nueva Canción Popular Canaria’. Un batallón de voces con el que íbamos de plaza en plaza a promover libertades que estaban por venir. Taburiente hizo aquella travesía con dos discos (aquí se cuela lo de emblemáticos), ‘Nuevo Cauce’ y ‘Ach guañac’, cuyas letras bucólicamente combativas de Luis Morera, el de la voz prodigiosa, se las aprendían de memoria unos fans apremiados por la amenaza de que los fueran a detener. Pasaba lo mismo con ‘L’Estaca’ de Lluis Llach (a quien hace 35 años prohibieron cantar en el Guimerá y en la Universidad, lo que desencadenó la dimisión del rector Fernández Caldas), y con ‘Al vent’ de Raimon (“Al vent, /la cara al vent…/al vent del món”). Taburiente había seducido al sello ‘Ariola’; una noche hablamos de ellos en una discoteca de Madrid, y Chirino nos invitó a su casa a celebrar el ’enamoramiento’ artístico que ya todos sentíamos por Taburiente. Cuando se separaron seguían sonando, en parte huérfanas, canciones de ‘Nuevo Cauce’ (“Tengo tantas cosas que decirte…”) y ‘Ach-guañac’ (“Cuando amanece se despiertan/todas las aguas del Atlántico…”). La hazaña del periodista Miguel González fue sugerirles el reencuentro. Y la buena nueva musical de esta Navidad, mientras el año se afana, Rajoy ya tiene ministros en el portal y los yanquis se han ido de Irak a la chita callando, es que Taburiente –los tres fundadores y J.E. Martín- regresa con sus álbumes míticos remozados en busca del tiempo perdido.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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