RAJOY ROMPE LA AMBIGÜEDAD Y DESENTIERRA A ZAPATERO

 

El segundo Consejo de Ministros de Rajoy, en el último minuto del año, desentierra a Zapatero, como político fulminado por sus medidas anticrisis. La receta del nuevo presidente abunda en la misma dirección, anunciando recortes futuros progresivamente severos, y sorprende porque incluye, sin demora (pese a que las elecciones andaluzas están a la vuelta de la esquina) una subida de impuestos –sin tocar el IVA- que contradice una de las principales promesas electorales. Diríase que un Rajoy menos predecible que de costumbre ha entrado por la senda del realismo obligado por la crudeza de la situación y las desalentadoras expectativas.

Este Fin de Año será recordado por la dureza del ajuste con que se estrenó el Gobierno de Rajoy. Lejos de la inconcreción de sus últimos cuatro años, el líder del PP y nuevo jefe de Gobierno ha parido, por fin, sus primeras medidas anticrisis, de un calado más severo del que se preveía en este primer round de su combate contra el ogro económico, y ha dejado meridianamente claro que es “el inicio del inicio”, palabras textuales de la portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría. Los peores recortes están por llegar (previsiblemente, dentro de tres meses) y ya nadie duda de que 2012 será un año más de travesía en el desierto. Sólo la esperanza de que el Gobierno acierte en su plan de choque, evite el rescate, toree la recesión, detenga la hemorragia del paro y logre pacificar la calle, en un escenario de politraumatismo económico en la mayoría de los sectores, permite a este ejecutivo, a lo que se ve, arrostrar la situación con un mensaje de restricción generalizada sin prorrumpir en un llanto como la ministra italiana de Trabajo, Elsa Fornero.

El tijeretazo de Rajoy, en el penúltimo día del annus horribilis 2011, que pretende ahorrar en gasto público 8.900 millones de euros (el mayor hasta ahora que se aplica de una vez), afecta a funcionarios (les congela el sueldo y aumenta la jornada de 35 a 37,5 horas semanales, no se renuevan las vacantes, salvo un 10% de médicos, profesores, policías y militares) y ministerios (reduce sensiblemente los presupuestos de Fomento, Industria, Economía y Asuntos Exteriores) y, lo que más llama la atención, sube impuestos para recaudar 6.200 millones (entre otros, el IRPF, del 0,75% al 7% , de modo progresivo, durante dos años, dejando a salvo de momento el IVA).

La receta –obligada, según el Gobierno, por la notable desviación del déficit de 2011 al 8% del PIB, que excede el límite del 6% previsto para este año como norma sagrada de cara a Europa-, no deja de ser una dolorosa herejía para un partido que, como sucedió en Portugal, prometió en la campaña electoral no tocar los impuestos, y se ve obligado a desmentirse tras tomar las riendas del país. Pese a revalorizar las pensiones en un 1 por ciento, tira del mismo guión que el resto de Europa para hacer frente a un aparente empeoramiento de la crisis en España, que entra en 2012 en recesión y se apresta a cruzar un año infausto. Los dependientes moderados de nueva incorporación quedan descartados por ahora, como síntoma del ahogo de las cuentas públicas.

El segundo Consejo de Ministros no ha tenido contemplaciones –la ristra de medidas de adelgazamiento se asemeja a una terapia de shock-, ni paños calientes para las elecciones andaluzas, donde los populares aspiran a reeditar el éxito del 20N. Ha sido un volantazo en toda regla para cambiar el rumbo de una economía y un país, antes de sumergirnos en un año bélico en política de ajuste, donde el optimismo desaparece del vocabulario oficial y la palabra que lo sustituya será, con toda probabilidad, el realismo. Lo políticamente correcto pasa a ser lo políticamente realista. El primer año de Rajoy, obsesionado con alinearse pronto entre los países consecuentes y leales del nuevo código de rigor fiscal con que se refundó la UE en la última cumbre, será más drástico, inflexible y contundente, a buen seguro, que la segunda legislatura de Zapatero: mano de hierro en lo económico para una crisis que empieza a cronificarse peligrosamente.

A España no le queda otra que abrazar las tesis más pesimistas y recalcitrantes, con tal de salvarse de la quema –la temida intervención-, así fuera necesario ponerse la venda antes que la herida. Esa es la filosofía que se desprende de este intrépido Consejo de Ministros –donde el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha llevado la voz cantante-, que pone fin a un largo período de silencios y ambigüedades de Mariano Rajoy, como si hubiera un antes y un después en este veterano dirigente del centro-derecha con su llegar al poder.

El Gobierno sí cumple algunos de sus compromisos esenciales, amén de la citada compensación a los pensionistas, como el de rescatar la deducción por compra de vivienda, y Rajoy desinfla los reproches de Rubalcaba en el debate electoral al respetar las prestaciones por desempleo y prorrogar los 400 euros a quienes sufran de paro prolongado.

En Canarias, este primer chaparrón (“el inicio del inicio”, lo llamó la vicepresidenta y portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría, avisando de nuevos ajustes severos en lo sucesivo, ya que el incumplimiento del déficit que hereda obliga a Rajoy a recortes superiores a 36.000 millones y no 16.500 millones, como se venía diciendo) alerta de malas noticias (en efecto, “no gratas”), en vísperas del encuentro del lunes entre el presidente Paulino Rivero y el ministro José Manuel Soria: los Presupuestos Generales del Estado, que el gabinete Rajoy abordará el 31 de marzo (los actuales se congelan hasta entonces, y tras las medidas adoptadas este viernes, que suponen 16.500 millones de ajuste, cabe esperar para entonces otros 21.000 más, hasta cubrir la cifra total inexorable de 36.500 millones de recortes, o sea los peores presagios para las autonomías en 2012), no prometen congraciarse con las islas, sumidas, por lo que se ve, en una deriva nacional hacia el apagón inversor, el estrangulamiento fiscal, la pérdida de poder adquisitivo y la sombra del hundimiento del consumo y la falta de liquidez de las pymes.

Estas dos últimas amenazas, de no ser enmendadas milagreramente por el Gobierno con algo más que nigromancia presupuestaria, y por los ciudadanos con una fe ciega e indestructible en el nuevo partido en el poder, aplastarían todas las esperanzas a corto plazo, aplazando a 2013 cualquier nueva ensoñación en el más allá y condenando ya este desacreditado 2012 a la categoría de ‘año perdido’.

(El nombramiento de María del Carmen Hernández Bento, hasta ahora primera teniente de alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, como nueva delegada del Gobierno en Canarias cierra las quinielas que desataron una competencia interna y pública entre líderes y lideresas del partido por ocupar el único puesto relevante de la Administración central en la comunidad autónoma. Pero dudo que entierre las diferencias que tales expectativas alimentaron en el seno del PP canario.)

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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