EL PODER DE S&P

La tormenta político-económica por la rebaja de la nota de S&P a nueve estados de la eurozona abunda en la deriva del gobierno de los mercados sobre la legítima hegemonía de la democracia. En la misma línea que aquellos, tentados por su creciente poder, se decidieron a cambiar  -digitalmente, o sea a dedo- a los presidentes de Grecia e Italia salidos de las urnas, por sustitutos afines no electos, las agencias de calificación contribuyen, donde pueden y les dejan, a maniobrar sobre gobiernos y economías al objeto de mantenerlos a raya sometidos a sus reglas de juego. No todas las agencias avanzan en paralelo, unas –como S&P- van más allá, y otras prefieren dar pasos más cortos, sin alarmar ni tensionar más de la cuenta el rumbo de esta crisis. En EE.UU, en agosto, una acometida de la poderosa medidora de riesgo, que devaluó la solvencia del país, fue desoída y desacreditada por Obama, abriendo un debate de credibilidad, que alejó a las otras dos agencias –de un evidente oligopolio en el gremio- Moody’s y Fitch. En Europa, antes de esta degradación en bloque, ya se había cuestionado la inocencia de las temidas agencias ‘aguafiestas’. Y una vez más, coincidiendo con el cambio de gobierno en España –tras una estimulante subasta de deuda y reducción de la prima de riesgo- y el período preelectoral en Francia, S&P hace efectiva sus amenazas e interfiere en procesos políticos de grandes economías dela UE.Nopuede ser ajena esta brusca traca de suspensos –que sólo indulta por ahora a Alemania, Holanda y Luxemburgo- al delicado momento político del continente, al margen de la indiscutible inestabilidad económica –déficit más elevado en España y recesión a la vuelta de la esquina en estos países afectados-, si hacemos historia y recordamos que la misma Standard & Poor’s, que ahora facilita pingües beneficios a los mercados inversores gracias a la previsible subida de intereses de la deuda que provocará este recorte, había mantenido en su día la máxima calificación de la hipotecas basuras que originaron la actual crisis y no se enteró de la debacle de Islandia cuando también merecía matrícula de honor. La frenética evolución de los acontecimientos –tanto para los países que caen en picado como para los fondos de inversión que se aferran a la escalada de los intereses de la deuda gracias a los partes demoledores de estas agencias- durante la actual crisis está dejando, en efecto, cadáveres políticos por el camino. Pero la suma de todos ellos constituye el gran cadáver de una democracia, que ha perdido el control de la situación: cada vez mandan menos los políticos y más los mercados. S&P –un señor en un despacho en la sombra- tiene un poder sobrenatural sobre el que se sienta en el despacho oval de la CasaBlanca.Y ya no digamos sobre los que despachan en el Palacio del Elíseo o la misma Moncloa.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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