Por qué no me callo. EL MENCEY


Los hoteles carismáticos –como el Mencey- se hacen querer y morfológicamente son entidades que designan la fisonomía de la ciudad. ‘El Guerrero de Goslar’, el Auditorio Adán Martín, el Mencey…, se complementan. Santa Cruz lo echaba de menos entre sus señas inherentes.  Durante una década, J. J. Rolo y yo ‘desayunamos’ en la misma mesa del fondo, junto a la puerta acristalada que baña el sol mañanero de la terraza que ilumina el comedor. Emitíamos en Radio club con un fondo inconfundible de huéspedes y el tintineo de las tazas de café. El espacio que, por ósmosis radiofónica, heredamos de RNE me afilió sentimentalmente al Mencey: el roce hace el cariño. Los lunes hacíamos tertulias con Toni Bello, Manolo Iglesias y J. M. González -el equipo titular-, que se relevaban con economistas y periodistas, y el resto de la semana compartíamos mesa y micrófono con Vázquez Montalbán, Ana María Matute, Vargas Llosa o Ferran Adriá. Traíamos invitados de abajo a arriba, del ‘albergue’ al poder. Retorné al Mencey la semana pasada para moderar el foro de debate de DA sobre tecnologías de la comunicación, y Daniel Cañibano –el director- me dijo: “Bienvenido a tu casa”. Fue, en efecto, como volver a los pasillos familiares de una casa en la que uno ha vivido, en cuyas paredes (blancas, por fuera y por dentro, como quiso el arquitecto Rumeu de Armas en 1950) estaban colgando cuadros, porque lleva año y medio en obras, y entras en ella y te mimetizas con su mobiliario. De adolescente, en este bar, me enfadé con Alberti, di media vuelta y no lo entrevisté. Aquella estúpida chiquillada. Tengo folios y versos escritos en el Mencey y más de mil entrevistas en diez años. Desde hoy, Óscar Herrera, Leopoldo Fernández, José Antonio Pardellas y “quien les habla” (dicho en el argot de las ondas), como refleja una foto ex profeso de Roberto de Armas,  damos vida a ‘Las mañanas del Mencey’ en Teide Radio Onda Cero (FM 94.0). A José Ramón Sanz le asaltó la nostalgia del oyente amigo, propuso la idea al director de Diario de Avisos, Juan Manuel Pardellas, y al director de Iberostar para Canarias y Cabo Verde, Javier Muñoz, y exhumaron el concepto del hotel de la radio. Aquí se cuecen noticias del mundo, negocios y veladas secretas. La última cena de Maxwell. Donde el maestro Lecuona vivió como Xavier Cugat en el Ritz de Barcelona. Historias de amor de cuentos de hadas. Y operaciones políticas funambulistas. Tras seguir 24 horas a Pelé, terminamos en el Mencey. El poeta Ángel González prescindió una noche de irse a dormir para pasarla en vela junto al césped.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión 1 comentario

Respuesta a Por qué no me callo. EL MENCEY

  1. Andrés Brito

    Querido Carmelo:

    En varias ocasiones tuve la suerte de “desayunar” contigo en el Mencey gracias a tu magnífico programa en Radio Club. Particularmente recuerdo una, poco antes de morir Juan Pablo II, en el que nos explayamos a gusto comentando la vida, obra y milagros del Papa Magno. Todavía hay quien me para por la calle y me recuerda esa entrevista en la que los tres, entrevistado, entrevistador y protagonista de nuestra charla, estuvimos finos. Acabo de visitar el nuevo Mencey de la mano de Isaac Rojas, flamante director de servicios del formidable Club Mencey Spa & Wellness de bienestar y estética, un área espectacular del hotel, y confieso que me he quedado gratísimamente sorprendido por lo que he visto. Creo que nuestra ciudad va a recuperar un espacio único de elegancia y glamour, y que al Mencey le esperan inolvidables días de cultura y huéspedes bajo su remozado aspecto. Invito a los santacruceros a pasarse por allí y echar un vistazo. Quedarán, como yo, encantados.

     

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