Por qué no me callo. ALMOGÁVARES


Centenares de periodistas están en paro en Canarias. Como –ya sé- centenares y miles de albañiles, encofradores, arquitectos o psicoterapeutas. Ana Oramas, en la última de El Mundo, decía el sábado, en una entrevista ingeniosa, que la explosión demográfica en el caso particular de las islas (quinientas mil almas sobrevenidas en un puñado de años), propician que seamos, con los andaluces, el farolillo rojo del paro nacional vigente: ese 29,9%, que se parece a los dígitos de un precio engañoso en el escaparate. El paro, en efecto, es el drama. El drama personal. Esta profesión de escribanos y parloteadores está sufriendo una sangría que amenaza con eclipsar las aulas de Periodismo, si bien ya arrolló sin paliativos aquello, ¿recuerdan?, de que alardeábamos, como bravos cancerberos: la libertad de expresión (del periodista). En las actuales circunstancias, salvo la especie silvestre del furtivo ‘free-lance’, un autónomo sableado por Hacienda, y la ‘buena noticia’ del Consejo de Redacción constituido contra toda corriente por DIARIO DE AVISOS, nadie seriamente puede pedirle a ningún superviviente del gremio que defienda su independencia, con armas y bagajes, como el último almogávar –el valiente y descamisado “portador de noticias” de las tropas de Aragón-, frente a su empresa. En este país, la crisis –redimiendo al lejano Fraga de la manca ‘ley de prensa’- está recortando, entre otros recortes lesivos, la libertad de expresión, que, como la de elegir gobiernos, de imponerse la ‘doctrina Monti’, pasaría a ser un cuento de hadas y nosotros unos imbéciles. El drama. Digo que a este oficio lo ha arrasado un huracán. El XXI, el siglo de la sociedad de la información, consagra semejante paradoja (no me opongan el auge del género ciudadano en la red, que es ‘otra cosa’, ni a ese denigrante Kim Schmitz, el gánster panzurrón fetichista de Cadillacs aprehendido en Nueva Zelanda por ser el chorizo del portal de descargas Megaupload). La crisis está matando al mensajero y barre a veteranos de las redacciones de Occidente. Es una epidemia mundial. Los periodistas de mi quinta en Canarias van como zombies por la calle, como si dieran paseos en el corredor de la muerte con vestidos naranja. A la espada de Damocles de que te echen, demediados y con hijos, se les suma el miedo a no saber hacer otra cosa. El verdugo no es la empresa, que padece su ‘paro’ de facturación. Un apagón publicitario, un mundo que no se anuncia…, eso que nos está pasando como un mal viento que nos levanta la tienda, prescinde de plumas y voces que uno aprecia y admira.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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