Por qué no me callo. LA MALA HORA


Es otro mundo, otro país, son otras islas. En Lanzarote, donde la movilización contra el petróleo ha sido paradigma de multitud, se coaligan (sin que sirva de precedente) colectivos ciudadanos de la ecología refractaria al boom turístico con las instituciones que vienen de purgar los pecados del ladrillo. Es la primera vez que van juntos a la manifestación, quizá porque el conejero lleva la sostenibilidad en las venas desde tiempos de César Manrique, que manejaba el discurso al uso mucho antes de que fuera acuñado en la cumbre de Río hace veinte años. O sea que el ‘no’ a las prospecciones (desigual, pero indiscutible según qué isla) merece una inmediata reflexión política en las altas instancias, donde Rajoy (me dicen) quiso fijar la mediana con Marruecos de facto, vía decreto ley el pasado 16, antes de que lo cogiera el toro. De ahí la previsible reacción del ministro marroquí objetando el acto unilateral. Si la entrevista de los presidentes no tarda y las aguas vuelven a su cauce, en cuanto a diálogo se refiere (otra cosa sean las batallas en los tribunales), se haría un favor a la higiene mental de la gente. Me conozco estos litigios y sé a dónde conducen, de parte y parte. Así que salve sea la susodicha. De estas andaluzas y aquellos barros son estos lodos postelectorales. España es un Estado de las autonomías que no se habla. Cada territorio tiene su 2 de mayo. Canarias, su guerra del petróleo. Andalucía, sus EREs (“como la alpispa”). Asturias,  un problema de ‘cascos’. Y qué decir de Aguirre en Madrid (o la cólera de Dios), o del País Vasco y Cataluña, contando los días para la mítica independencia cuando la crisis arramble con Grecia, Italia, Portugal y España, como esa balsa de piedra que se separa del resto, que novelera Saramago, y Europa, lo que quede de su soberbia, trace una raya con una vara de negrillo bajo una bandada de estorninos y nos dé una patada en salve sea la parte, reitero. Es otro mundo y otro país, son otras islas. Un país bajo vigilancia estos días porque los mercados ya (tan pronto) no se fían de Rajoy. ¡Ah, marzo con el mazo dando! La ‘primavera canaria’ desde las islas orientales contra la marea negra, Administración y  ONG’S haciendo piña (“el prodigio requiere esos pormenores”, decía Borges); las andaluzas, la marea azul y los chascos; los presupuestos tiritando por fin salen del congelador ‘en procesión’ a complacer al Gran Hermano de la UE. España, crucificada: es la penitencia del ajuste duro, bajo el eviterno desempleo. ¡Ah, marzo no se acaba, antes acaba con nosotros! La huelga general contra la reforma laboral le da la puntilla al mes. Y aunque cambiemos la hora, es la misma. La mala hora.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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