Por qué no me callo. LA JUGADA


La semana en que un Gobierno de España cruzó las líneas rojas y profanó los pilares sagrados del estado de bienestar (Sanidad y Educación), Barça y Madrid se jugaban la Champions y la Liga, con más telespectadores que parados tiene el país. En ese frenesí futbolístico (‘panem et circenses’ inventaron los emperadores romanos para distraer al vulgo de sus tejemanejes) cobraba todo su significado la verdad de Huizinga en ‘Homo ludens’ sobre el niño primitivo que llevamos dentro desde el origen de la cultura, más visceral que lúdica con un balón en los pies. ¡Cómo no iba a atreverse el futbolero Rajoy a endosarnos el copago sanitario y los recortes del ministro Wert si cada noche ‘Punto Pelota’ nos revelaba una sociedad desquiciada por la animadversión grotesca e infantiloide de los entornos de ambos equipos: las dos Españas descendiendo en pantalón corto a los infiernos! Con esta razón histórica de la pelota nacional, ni la escopeta del rey cazando elefantes consigue estimular un debate riguroso sobre el porvenir de la Monarquía para cuando España regrese de la crisis (según la ‘bola’ del FMI, allá por 2018). El affaire de la ‘Caza’ Real en Botsuana se disipó en un país hechizado por otros héroes, que colige mejor a sus dos ‘cazagoles’ favoritos, Messi y Ronaldo (‘Messinaldo’  en la era de ‘Merkozy’ si no la remedia Hollande en las urnas galas). Sí, agachó la cabeza por primera vez aquel ante el que todos se inclinan (“Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”), pero el hincha vivía su semana diez. Ni caso. Disculpas aceptadas con desidia. Las derrotas ante el Chelsea y el Bayern, y el clásico blanco en el Camp Nou habrían secuestrado la atención del mismísimo Albert Camus, que dijo: “Todo lo que sé de la vida lo he aprendido gracias al fútbol”. Rajoy eligió la fecha y el sitio, la discreta Bogotá (De Guindos habría elegido Berlín) para pedir a los jubilados “unos pocos euros al mes” por la receta (“cuatro cafés” chismorreó cierto dirigente popular), y, ya de paso, el Gobierno canario nos coló por la escuadra su reforma fiscal cuando el sábado éramos carne de Camp Nou. Esa pasividad social, que contrasta con la pasión futbolística, no cedió ni ante el ‘cristinazo’ contra Repsol del joven viceministro keynesiano de ojos azules (por sus ‘ojitos’ ve la presidenta), Axel Kicillof (Kisslove), con el aplauso de Marcelo Bielsa, intocable en Bilbao. El cambio de modelo, demoledor, no encuentra resistencia, porque ya dijo Nicanor Parra (premio Cervantes ausente hoy en Alcalá de Henares) que el mundo se reduce “al tamaño de una pelota de fútbol/y patearla es nuestro delirio/nuestra razón de ser adolescentes”.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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