HOLLANDE SIENTA EN EL BANQUILLO A MERKEL


Bastó la llegada de Hollande, esta noche de mayo –otra vez el mayo francés-, para darle la vuelta al calcetín y dejar al descubierto las sórdidas componendas de Berlín para sojuzgar a la Europa del Sur aprovechando la crisis, detener el reloj de los países periféricos y alumbrar un nuevo poder frente a Estados Unidos en las manos omnímodas de Alemania. El viejo sueño del dueño de Europa camino de hacerse realidad. ¿Era tan insoslayable la asfixia económica de la Europa que se aprieta el cinturón? ¿O había alternativas acordadas y ocultas que ahora salen a la luz, esta noche, ayer, hace tan solo unas horas? ¿Quiénes son los responsables máximos de este dislate supranacional al estilo de presuntos torturadores económicos en serie, si una cosa así (que da miedo de tan solo mencionarla) hubiera realmente sucedido desde 2008 hasta hoy?

Si la descripción de los hechos imputables a una determinada X (no solo hablaríamos de Angela Merkel, sino, a su vez, de colaboradores necesarios) resultara literalmente cierta (quizá ya nunca lo sabremos tras el pinchazo de Sarkozy y el revuelo que ha ocasionado en Bruselas, ahora entregada a la causa del crecimiento para apagar el fuego de los parias de la Europa meridional colgados de los hombros de París), históricamente habremos asistido a un ‘pucherazo’ sin precedentes dentro de la UE (el miércoles 9 es el Día de Europa, vaya fechita y en qué momento), con algunas connivencias interesadas y otras –ahí figuraría España- más complacientes que cómplices respecto a la canciller.

Si Hollande no es ahora ‘derrotado’ por los mercados y aguanta el embate que le aguarda a buen seguro en el parqué al doblar la esquina, Europa, en efecto, cambiará su rumbo y saldrá a flote con más sentido común que hasta ahora. De lo contrario, con el centenario del Titanic, se hundirá Europa misma, recitando los versos, a propósito del barco y el continente, del poeta alemán Hans Magnus Enzensberger.

EL DISCURSO DE OLLI REHN

La conferencia que este sábado pronunció el vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn, resulta paradigmática del cambio de rumbo oficial que experimentará Europa ante el efecto Hollande. El discurso –toda una proclamación del nuevo ideario que inspira un Pacto por la Austeridad y el Crecimiento,  olvidado en lo que atañe a lo segundo en alguna gaveta- se celebró en la víspera de la segunda vuelta de la V República. Rehn, el mismo que gruñía a España hasta el otro día por pretender relajar el objetivo de déficit, se presentó ante el influyente auditorio de la Universidad Libre de Bruselas como un nuevo teórico de la flexibilidad fiscal convencido de la imperiosa necesidad de aplicar grandes medidas de estímulo de la economía europea para combatir la crisis con mejores armas que la ineficiente austeridad a ultranza.

CINISMO HISTÓRICO

Causa bochorno asistir en vivo a este espectáculo colosal de cinismo de Estado. Las recetas fundamentalistas de Angela Merkel (secundadas y bendecidas hasta este domingo por un Sarkozy a la deriva) han conseguido justo lo contrario de lo que pretendían: hasta 2009 parecían acertar, cuando tuvimos la engañosa impresión de que el otoño económico terminaba y empezaban los brotes verdes, y en ese momento se fijó el draconiano propósito del 3% de déficit para 2013. Pero no tardó en venirse abajo el espejismo. Los recortes entraron en una fase psicótica que ha abocado tanto a los países rescatados (Grecia, Irlanda, Portugal) como a grandes economías más sólidas (España, Italia) y, de manera contagiosa tarde o temprano a la mayor parte de la eurozona, a una profunda y peligrosa recesión que promete prolongarse en el tiempo. El ajuste fiscal en estado puro fracasó, y debemos esperar al año que viene para saber si le cuesta el cargo a la señora Merkel (ya a la baja en los primeros comicios territoriales) y las dos potencias de Europa (Alemania y Francia) pasan a estar gobernadas simultáneamente por la izquierda.

AHORA SÍ

Ahora sí. Ha sido cuestión de días, de horas. En tan corto margen de tiempo, estadistas, economistas, líderes y analistas de Europa, que argüían a coro la infalibilidad de la sagrada austeridad a rajatabla, han dado un giro de 180 grados para entrar en una flagrante contradicción y enfundarse el uniforme de adalides del crecimiento y el despegue económico. Ahora sí. Todo es una cascada de declaraciones progrmáticas del nuevo orden económico basado en el crecimiento y la inversión pública. Y hay dinero escondido en los laberintos del BCE y del BEI, del FMI y de los inextricables fondos de rescate. Cifras millonarias dispuestas a llover en tromba sobre los cielos de Madrid, de Roma, de Atenas, de Lisboa y Dublín. Ahora sí. Es necesario (convergen todas las voces alineadas bajo la nueva consigna universal ante el nuevo equilibrio político en el eje Berlín-París de hace tan solo unas horas) proveer grandes sumas de dinero para tres grandes planes de inversión europea: infraestructuras-transportes-telecomunicaciones, energías verdes e I+D. ¡Con qué embustera unanimidad!

“¡LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO!”

Decía un asesor de Clinton (al que todos hemos hecho famoso sin mencionar su nombre, y su nombre es James Carville): “¡La economía, estúpido!”. Y luego se ha repetido hasta la saciedad, “¡es la economía, estúpido!”, para centrar la atención en lo importante desde el punto de vista cotidiano: el bolsillo de la gente. Pues, qué casualidad, en su monólogo de reconsideración de postulados, el señor Rehn afirma como lema: “El Pacto de Estabilidad y Crecimiento no es una estupidez”. Y confiesa como solo hace un arrepentido para salvar su culo una vez cazado en flagrante error, que la culpa de que ese pacto alcanzado en su día por los grandes magnates (y esta palabra se parece tanto a otra) de la Cosa (la mermada Europa), es de “los dogmatismos ideológicos”, “las presiones alemanas” y “la incomparecencia de Francia”.

Esto que acabo de escribir no me lo he inventado. Es literal. Y, a mi juicio, contiene suficiente dinamita como para volarles la cabeza políticamente a los mangantes (ahora dicho con todas las letras) que han estado dirigiendo el rumbo de Europa en los años de la crisis con tamaña torpeza y mala voluntad. Torpes por necios y, en efecto, estúpidos en la batería de medidas de austeridad que fijaron sin calcular que conducía a este suicidio. Y, lo que es peor, culpables de mala fe, al pactar primero y esconder a continuación los estímulos que necesitaba el enfermo terminal antes de caer clínicamente en coma, que no otra cosa es la recesión.

¿SE IRÁN POR VERGÜENZA?

Si no dimiten avergonzados en cadena, una vez destapado este fraude político que ha conducido a Europa al borde de su desaparición, es evidente que serán expulsados en las urnas, como acaba de sucederle a Sarkozy (y a la penosa clase política tradicional en Grecia). Pero la pregunta es qué hará Rajoy, una vez que las cartas ya están boca arriba sobre la mesa. ¿Cegarse obsecuentemente en la ‘vieja’ receta de la austeridad alemana sin más, ahora desacreditada, o dar el salto que la nueva situación le exige, para sumarse con Francia y los otros aliados potenciales a un frente que incline a Merkel a políticas de desarrollo y crecimiento complementarias, haciendo posible en el nuevo escenario el saneamiento financiero necesario para que fluya el crédito y la economía comience de nuevo a respirar por sí sola. O estamos definitivamente muertos.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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