JORNADAS DE TURISMO CONTRA EL MIEDO

 

 

 

La búsqueda de respuestas, al alud de preguntas que nos venimos formulando (aquí abajo, en el pozo de esta crisis), sobre el futuro del turismo canario, no conduce a la melancolía, como demuestra esta segunda edición de las jornadas introspectivas sobre el sector que organiza DIARIO DE AVISOS. Los mil millones de turistas que hay actualmente en el mundo, con tendencia a duplicarse antes de dos décadas, son la mejor garantía para una industria que en Canarias (estamos en plena tregua de juicios de valor) siempre fue contestada y cuestionada alegremente y ahora nos ayuda a vencer el miedo.  El debate entre defensores del turismo y de la diversificación (palabra que ha pasado a mejor vida) monopolizó durante años en la opinión pública toda posible visión de futuro sobre el porvenir de esta tierra. ¿Qué queríamos y qué no queríamos vender de puertas afuera para darnos de comer de puertas adentro? Nunca hubo un consenso tácito. Ahora quizá sí, y en estas jornadas se ha hablado, incluso, de lo que debemos servir en la mesa del turista: una gastronomía local que ahora, por suerte, cuenta con menos detractores que en los años 80 y 90, cuando nos negábamos toda posible marca culinaria más allá del mojo picón. Se urdieron muchas polémicas baladíes a propósito del turismo de masas de playa y sol y el turismo de calidad que decíamos antes de que fueran construidos el Bahía del Duque y el Abama. Pero era un juego de luces entre el ecologismo bienintencionado y la hipocresía más burda. Porque se pecó de desarrollismo, como todo el mundo –incluso los actuales gobernantes- admiten a estas alturas, pero ello no justificaba la aberración de pretender demonizar el turismo como causante de todos los males del archipiélago (eran los tiempos en que había islas que tenían a gala no incurrir en el turismo como fuente de prosperidad: el turista estaba mal visto). El botánico Wolfredo Wildpret me contó que en los 90 pronunció una conferencia en Alemania sobre Canarias, y al decir que las islas habían promulgado en el Parlamento una ley que protegía el 42 por ciento del suelo, el auditorio lo interrumpió con un fuerte aplauso. Siempre fuimos unos masoquistas majaderos: rebatíamos los desmanes urbanísticos declarándole la guerra al sector que nos procuraba un estado de bienestar que ahora añoramos. Las jornadas de DIARIO DE AVISOS nacen de la convicción del periodista que dirige este medio de que estamos en un callejón ‘con’ salida. Juan Manuel Pardellas y quien suscribe conversamos una vez al alimón con el mítico comandante Cousteau, el patriarca de los mares que transformó un antiguo dragaminas en un buque oceanográfico legendario: el Calypso. Nos habló del ‘Broadway’ de las ramblas de Santa Cruz y de las bondades de nuestra biodiversidad. Carlos Silva me subraya que en esto último somos uno de los pocos templos sagrados de Europa que se cuentan con los dedos de una mano. Pero tuvo que llegar la crisis para que abordáramos sin complejos, sin fatalismos y sin prejuicios las posibilidades del único sector económico en el que podemos sentirnos cómodos compitiendo con el resto del mundo, sin menoscabo de cuantas alternativas seamos capaces de poner en marcha una vez salgamos del socavón. Turismo, sí, y medio ambiente, también. Se trata de la industria que nos da de comer y de las únicas materias primas de que gozamos: sol, viento y mar. Ah, y petróleo, el último anatema de la saga de rifirrafes en la tierra de los gallos de pelea, que, como tal, figuró como una de las estrellas de las mesas de estas jornadas. Seguiremos discutiendo acerca del Turismo. Ya se ha convertido en una disputa familiar.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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