LA OCDE AFEA LA RECETA DE EUROPA

 

La receta de Europa recibe, un día sí y otro también, los reparos de quienes la ven desde fuera desangrarse como un enfermo terminal. ¿Tiene solución Europa? La pregunta es otra: ¿El problema es Europa o Alemania?

Ya no se trata de una diarrea mental de ese Krugman aguafiestas, que tendrá el Nobel, pero de vidente no tiene la más mínima facultad, como lo han juzgado los patriotas españoles nada más conocer sus pronósticos –tildados de ‘apocalípticos’, con la misma ligereza profana con que opinamos de fútbol- sobre el euro y España: la amenaza de un corralito y los días contados de la moneda única si no se remedian las terapias ultraliberales de la señora Merkel en la eurozona en llamas.

PAUL KRUGMAN

Acabo de iniciar la lectura del último libro del profesor de Princeton, ‘¡Acabad ya con esta crisis!’ Habla del caso español, de la hercúlea hazaña de pretender derrotar a la crisis con un rigor fiscal llevado al límite, como establece la doctrina Merkel que se extiende por la eurozona como un dogma cuasi sectario, y sin las ventajas de contar con una moneda propia que pudiera ser devaluada a conveniencia para reducir los costes salariales del país, imprescindibles si se quiere salir del pozo, como lo llama Rajoy. El libro de Paul Krugman se extiende en las falacias sobre la deuda, la inflación y el crecimiento, y es una buena lección, en líneas generales, sobre las tonterías en que incurren nuestros políticos europeos, que se reivindican (el español no es ninguna excepción, sino todo lo contrario, un admirado fan de los merkados con k de la canciller alemana) como alumnos ejemplares del teorema teutón en materia de recortes y despidos masivos, y desconocen –o mienten al fingir ignorancia- que sólo de ese modo provocan en sus países prolongadas recesiones, que les alejan de sus objetivos sagrados de déficit más de la cuenta, a la vez que condenan a sus pueblos a tasas de paro inhumanas impropias de democracias consolidadas.

BRASIL SE ALARMA

A estas alturas del estado de la cuestión, lo del crecimiento complementario respecto a la austeridad –que hoy aborda a regañadientes la cumbre informal de Bruselas- ya no cabe atribuirlo en solitario al majadero de Hollande. He escuchado voces en España que desacreditan alegremente esa opción impulsada, en efecto, por Francia tras la llegada a El Elíseo del socialista, y desde Estados Unidos por Obama, como si se tratara de una cancaburrada de ingenuos izquierdistas de todo punto inadmisible en esta Europa que se las sabe todas. Esas voces se desgañitan consagrando su verdad irrebatible: primero ajuste fiscal, después ajuste fiscal y, finalmente, ajuste fiscal. Hasta que aguante el cuerpo. Al final de nuestros días tendrá sentido el crecimiento. Esta monstruosa teoría económica, que adelanta por la derecha la vieja dicotomía entre ultraliberales y keynesianos, se ha instalado en el continente a machamartillo, alentada por el terror físico que siente Alemania a cualquier asomo de inflación desde los años 20, con su particular historia de horrores domésticos. Pero esta psicosis de diván de Angela Merkel está destruyendo moralmente Europa. Y materialmente. Y humanamente. ¡Estos se han vuelto locos!, parecen pensar de nosotros al otro lado del Atlántico. La presidenta brasileña, Dilma Rousself, criticó severamente el manual europeo contra la crisis basado en la austeridad irreflexiva que no se inmuta ante la sangría de paro de sus poblaciones. “Algunos países europeos –dijo- tienen índices de desempleo que nosotros no conseguimos ni imaginar. Es un absurdo, una desesperación”.  Y opuso a la austeridad suicidante de Europa, la fórmula de su gobierno, consistente en fomentar el consumo interno, la creación de empleo y el desarrollo económico.  “Vamos a resistir a la crisis creando empleo, invirtiendo en infraestructuras y en actividades sociales”, aseguró para desconsuelo de cualquier español y europeo incauto que lea sus declaraciones bajo la profunda depresión económica y psicológica que sufren colectivamente nuestros pueblos sin dar crédito a su situación.

EL CASO ESPAÑOL

El caso español, camino de seis millones de personas arrojadas al paro como por un desagüe –una hemorragia que ahora avanza con demencial euforia entre la masa de empleados públicos disfrazada de reforma de la Administración y de su organigrama empresarial- es paradigmático de la soberbia y el dislate que presiden la receta alemana bajo la que se hunde Europa como un ‘titanic’.

EL INFORME

Digo que ya no es exclusiva de Hollande la invocación al crecimiento. Ilustro esta opinión nada menos que con el último informe semestral de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), difundido ayer. Según este, España incumplirá sus compromisos de déficit, y su economía se enfrenta a largos años de recesión. La causa del descalabro económico español reside, precisamente, en la medicina con que pretende combatir su enfermedad: el impacto sobre la demanda doméstica de “las medidas de consolidación fiscal y del proceso de desapalancamiento del sector privado”. Estas previsiones pueden empeorar si la prima de riesgo queda fuera de control. La OCDE no titubea al posicionarse a favor de un ‘pacto de crecimiento para Europa’ y no disimula su disconformidad con la exagerada consolidación presupuestaria que rige la supuesta recuperación de España y resto de países damnificados por esta epidemia económica desbocada. Aplaude la idea francesa de una emisión de eurobonos del conjunto de los socios europeos y avisa –es un recado para Alemania- de la peligrosa tesitura actual de Europa, con un elevado endeudamiento, un precario sistema bancario, una –como ya se dijo- obsesiva consolidación fiscal y problemas de crecimiento.

Lo que está en juego no es el futuro de España, ni el de Europa. La crisis del euro –para el economista jefe de la OCDE, Pier Carlo Padoan- “es la fuente más importante de riesgo para la economía mundial”.

Dicho queda, a la espera de que regrese el sentido común de su exilio voluntario.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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