Por qué no me callo. Juanma Pardellas


Juanma Pardellas es un periodista desprejuiciado que se ha forjado un nombre cubriendo etapas sin darse tregua. Cuando asumió la dirección de este diario, que ahora ultima de modo exitoso y fulminante, se disponía a viajar a Barbados para reconstruir la historia rocambolesca y macabra de once inmigrantes africanos cuyos cadáveres aparecieron momificados en un yate a la deriva que había hecho un largo viaje a la muerte. Enseguida se afilió con enorme madurez al periodismo emergente sobre la inmigración de principios de siglo que se rebelaba contra el drama de los ahogados en estas aguas, y en esa  faceta que plasmó en el libro ‘Héroes de ébano’ –traducido al wolof- alcanzó un rápido prestigio en el periódico El País, a cuya corresponsalía lo abocamos Martín y yo con todas las garantías. Hemos sido unos colegas coetáneos seducidos por las mismas aventuras periodísticas: El País, La Gaceta, DIARIO DE AVISOS. Juanma es un cronopio con la noticia entintada en la sangre de prensa de la vena periodística familiar que hereda de un padre que es Premio Canarias.  El venerable testimonio humano le ha llevado, como a muchos, a orillas del maestro Gay Talese, y en este periódico se convirtió, finalmente, al periodismo digital con la fe del corredor que conoce la meta. Estoy seguro de que ahora que se sabe liberado del manillar de estas páginas, las lee despreocupado de las erratas, esas desobedientes que causan la desdicha de un director meticuloso. Cuando hicimos juntos La Gaceta de Canarias, nos daban la lata con el gazapo agazapado en un titular maldito. A Juanma Pardellas le debo el reencuentro con este periódico, al que llegamos en los años 70, a instancias del difunto Gilberto Alemán y a las órdenes, de inmediato, del director Leopoldo Fernández. Nunca he dicho que Leopoldo nos dio una lección en el aquelarre de un periodismo politizado en exceso durante la Transición. Nos enunció una por una nuestras crónicas ‘ideológicas’ y, aunque entonces nos resistíamos a dar el brazo a torcer, salimos de este diario, dando bandazos, pero mejores periodistas sin duda. A Juanma Pardellas le debo eso. Una extraña reconciliación con el diario que refundamos en Tenerife junto a tanta gente solvente como el añorado Manolo Iglesias. En cierta forma, envidio la ingeniosa ingenuidad incorregible de Juanma, su modo inalterado de sonreírle a la vida cuando se desprenden las paredes de este oficio que no resiste muchos embates y a menudo queda reducido a escombros. Lo que la isla –la isla interior de cada uno- no me perdonaría es que olvidara dar las gracias a quien me brindó el micrófono y las páginas de esta casa, seguramente ignorando que me estaba proponiendo un regreso en el túnel del tiempo, el mismo mito de Ulises que ahora empieza a rondarle a él.

 

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

Añadir comentario