48 HORAS DE LA VERDAD: CUMBRE EUROPEA, LA ESPERA DE LOS DESESPERADOS

 

Estamos a las puertas de la final de la Eurocopa y casi simultáneamente, metidos de cabeza en la Copa del Euro. Si esta Cumbre del Crecimiento que celebra desde hace escasas horas el Consejo Europeo en Bruselas acaba con un ganador (o ganadora), mala cosa. Porque la Copa del Euro (el ser o ser de la moneda única) no se rige por las mismas reglas que la Eurocopa.

 

Si, para colmo, el domingo España tiene que medirse con Alemania (de vencer a Italia esta tarde), se daría la paradoja de que Berlín se mediría a un país en recesión rendido a sus pies y solo Dios sabe si para entonces ambos se dirigen la palabra tras el desenlace de este cónclave europeo a cara de perro.

 

Que España asiste a esta cita decisiva en sus horas más bajas, con la prima de riesgo fuera de control y el interés por las nubes, es una obviedad. España acude con la banca intervenida y muy pocas esperanzas de que sus socios le echen una mano para relajar de modo inmediato el asedio de los mercados. Lo dijo gráficamente Miguel Martín (el presidente de la AEB, la cúpula bancaria), en el Palacio de la Magdalena, bajo la bruma de Santander, en su celebrada conferencia (‘Detrás de la niebla’, es su título, precisamente): España debe vivir como si “nadie la fuera a ayudar”. Las palabras de este portavoz poco dado a hablar, cuya respetable figura de Leonard Cohen de la gran banca inspira un singular grado de confianza, fueron, horas antes de esta cumbre europea, un vómito que deja chiquito al propio Krugman: “La ruptura de la zona euro no sólo es posible, sino probable”.

 

¿Serán capaces estos señores acostumbrados a gobernar Europa a sobresaltos de no defraudarnos una vez más y adoptar decisiones, entre hoy y mañana, a la altura de la gravedad de los acontecimientos? ¿Fijarán un pacto de inversiones concretas para impulsar la economía de la eurozona, generar crecimiento y empleo (el cuento de hadas hecho realidad) y poner fin a este círculo vicioso de la pescadilla que se muerde la cola a base de recortes insufribles? ¿Rediseñarán este completo desastre que llamábamos inocentemente Unión Europea cuando nos creíamos aquella película que nos contaban ocultándonos la verdad? ¿Habrá unión fiscal, unión bancaria, un Banco Central como Dios manda y toda esa lluvia fina de panes y peces que nos han ido prometiendo en los últimos meses, o dejarán las cuestiones capitales sobre la mesa, una vez más, sin límite de vergüenza, y saldrán con el comunicado de turno de buenas intenciones, y el lunes no habrá Europa que se sostenga, salvo un barco a la deriva como el que hace cien años hizo historia por su idiotez de náufrago pretencioso? Lo sabremos mañana viernes, tan pronto, para suerte o desgracia.

 

De otra parte, vienen en fila india la subida del IVA, la retirada de la deducción por compra de vivienda, el céntimo verde (sobre los carburantes) y algunas otras malas noticias para el bolsillo. Son los ‘recados’ de Merkel, la ‘Margaret Thatcher’ de Alemania, que asiste a la cumbre europea con el colmillo retorcido.

 

No le queda más remedio que aceptar la nueva terapia de estímulo y crecimiento de Hollande (130.000 millones de euros, en principio, tras la cumbre de Roma de las cuatro mayores economías de Europa), porque Obama le apretó las clavijas, pero es vox populi que se enrocará en su no fundamentalista a los eurobonos, como una perreta infantil.

 

Merkel ha hecho el negocio del siglo a costa del sufrimiento de millones de trabajadores en Grecia, Portugal, Irlanda, España e Italia. Y ahora Chipre. Algunos de los cuales se han quitado la vida, y no hago demagogia, es la cruda realidad. La canciller ha engordado a la banca alemana y ha financiado gratis su deuda soberana. Ha exprimido la miseria de países enfermos a causa de sus propios males históricos (el despilfarro, la picaresca y las burbujas), pero cuyo agravamiento, que no mejoría, se debe a las equivocadas recetas numantinas de austeridad extrema a que les ha obligado la canciller indomable sin ceder a sus reiteradas súplicas. Ahora, una vez rebasados todos los límites razonables,  no queda otra que agregarle carne al hueso.

 

Estas 48 horas son decisivas para que del Consejo Europeo salga un tratamiento (pastillas para la austeridad, pero asimismo inyecciones de euros en vena) más acorde con la recesión gigantesca que amenaza tirar por tierra todo el sueño europeo.

 

Imaginarse a la canciller haciendo senderismo sobre las ruinas calcinadas de la Unión Europea no es descabellado si los socios, lejos de dar un puñetazo sobre la mesa, no se atreven a alzarle la voz a la dama ama de este castillo de naipes llamado Europa. Un proyecto que en España –y en Canarias, de un modo singularmente polémico-  siempre vimos como la gran solución y ahora vemos como el gran problema.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión Comentarios desactivados

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