EL ‘CONSEJO’ DE MONTORO: ‘NEIN’ A LAS AUTONOMÍAS

 

 

El consejero de Hacienda, Cristóbal Montoro, aplica un estilo ‘merkeliano’ para dar malas noticias. Dice ‘nein’ a todo el que le pide algo –esta vez las autonomías pedían flexibilidad en el cumplimiento del déficit-. Él está para ordenar, los acuerdos no se consensúan, se imponen. ¿O no es eso lo que significa tener mayoría absoluta? ¿Lo habíamos olvidado? He ahí el problema de

El divorcio entre el gobierno del Estado y las autonomías, incluso entre algunas de éstas con aquél pese a militar en las mismas filas, obedece al talante del ministro Montoro, que aún ejerce en el poder como si estuviera en la oposición: con el cuchillo en la boca.

 

Seis comunidades –entre ellas, Canarias, Cataluña, Andalucía y Asturias, que votaron en bloque en contra de los planes de Hacienda, y dos autonomías populares ‘rebeldes’, Extremadura y Castilla y León, que se abstuvieron, he ahí lo sorprendente, en contra de la disciplina de voto anterior- confirmaron que el rodillo del PP, fruto de su indudable mayoría absoluta, está excluyendo de la vida política la búsqueda de consenso. La palabra por la que todo gobierno en tales circunstancias suele hacerse acreedor al carbón de los premios de la legislatura.

 

El Gobierno se mantiene inflexible con las autonomías, a las que quisiera meter mano pero no sabe cómo ni cuándo, porque descree de su utilidad y rigor presupuestario. De hecho, en esta reunión borrascosa, el ministro apercibió formalmente a ocho de ellas, por negligentes en el ajuste, y activó el consiguiente procedimiento de alerta que conduce posteriormente al de intervención si no corrige el rumbo cada territorio al que muestra ahora tarjeta amarilla.

 

¿Cuál es el problema del cisma? No es un problema de fe, sino de razón. El Gobierno cree tenerla (de nuevo la mayoría absoluta se la otorga) y no quiere compartir este año con las autonomías el margen de maniobra (un año más de prórroga y un punto más de desviación en 2012) que acaba de concederle Bruselas (lunes y martes, a cargo del Eurogrupo y el Ecofin) para cumplir con el objetivo de déficit.

 

De manera que las autonomías deberán acatar a pies juntillas el techo del 1,5% para este ejercicio, y conformarse con dos décimas extras (que no son tales, según se mire) para 2013. Montoro quiere para sí todo el pastel de dinero que pueda ahorrarse este año, gracias a la comprensiva moratoria de Europa, para con ello –dice- pagar las pensiones y los intereses astronómicos de la deuda.

 

Las autonomías no tragan. Concretamente, el presidente canario, Paulino Rivero –uno de los dirigentes de la insumisión autonómica puesta de manifiesto este jueves en Madrid- denuncia el trato desigual que reciben las comunidades en el sistema de financiación: seis de ellas salen mal paradas en el reparto, y una es Canarias (un 30% de paro la adorna de negro). Tampoco olvida Canarias que, pese a ser la que más se acercó al ideal de disciplina fiscal impuesto por el Gobierno en el último ejercicio, no mereció mejor trato de Madrid a la hora de las exigencias para 2012.

 

Con estos antecedentes, el cónclave de Hacienda con los consejeros homónimos de las autonomías carece de sentido: dado que no se rige por un sistema de negociación, sino de imposición, cabe ahorrarse la reunión y sustituirla por una orden vía email, sms o –aunque suene anacrónico- vía fax. Eso se llama a la vez austeridad y autoridad. O sea: donde manda capitán no manda marinero.

Publicado el por Carmelo Rivero en Opinión ¿Qué opinas?

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